El Mediterráneo, a fondo

Descubrir la posidonia. Una joven hace esnórquel sobre las praderas de 'Posidonia oceánica' de Cabo de Palos. / Guillermo Carrrión / AGM

Pepa García
PEPA GARCÍA

Explorar los ondulantes campos de posidonia, los blancos arenales y las rocas alfombradas de algas con la rica fauna que albergan es el objetivo de esta jornada que se desarrolla en el mar Mediterráneo, en aguas abiertas de San Javier, primero, y en las someras de Cabo de Palos (Cartagena), después.

La jornada empieza a las once de la mañana, hora a la que parte el barco panorámico del Puerto de Tomás Maestre con destino a la Isla Grosa (a 2,5 km. de La Manga) y El Farallón para descubrir sus tesoros. Bajo las aguas de su entorno se extiende la que está considerada la pradera de 'Posidonia oceanica' más extensa del litoral regional, en torno a la que habitan numerosas especies de peces (morenas, gallinetas y abadejos) y moluscos (diferentes nudibranquios y nacras, el mayor molusco bivalbo mediterráneo y en peligro de extinción para el que una de las mayores amenazas son los fondeos incontrolados.

También la superficie de la isla merece la atención del viajero que se acerque a disfrutar de los tesoros de estos islotes protegidos (ZEPA, ZEPIM, LIC y Espacio Natural Islas e Islotes del Mediterráneo), de origen volcánico, al igual que las cinco islas marmenorenses. Así que deberán repartir la atención entre los fondos y la superficie, ya que sobre la Grosa anida la tercera colonia más grande del mundo de gaviota de Audouin (especie globalmente amenazada y de interés prioritario para Europa), además de otras interesantes comunidades de aves como la gaviota patiamarilla, el paíño europeo, el cormorán moñudo y el halcón peregrino. Motivos, todos ellos, por los que está restringido el acceso a esta joya natural.

Junto a esta isla con interesantes formaciones volcánicas está El Farrallón, la isla murciana más oriental, separada de la Grosa por un estrecho canal de 600 metros y cuyo puente natural llamará poderosamente su atención.

Antes de que esta travesía ecoturística llegue a su fin, sepa que la Grosa fue refugio de piratas berberiscos hasta el s. XVIII, que en ella crece el oroval, el cambrón, la sosa y el hinojo de mar; y que, en el cercano Bajo de la Campana, naufragaron innumerables barcos, entre ellos muchos fenicios y romanos, cuya carga enriquece hoy los fondos arqueológicos del Arqua (Cartagena).

Después de un sabroso aperitivo, llega la hora de explorar en vivo la posidonia, armados de tubo, máscara y aletas, en la costa cartagenera de Cabo de Palos. Una experiencia mágica diseñada por Posidonia Turismo, una empresa que ha optado por hacer del turismo activo de naturaleza su razón de ser y del respeto al medio ambiente su bandera.

Así que, lo primero es lo primero, conocer el terreno, una pequeña área marina de aguas someras en la que están presentes los tres principales ecosistemas mediterráneos: bancos de arena, praderas de posidonia y fondos rocosos, un paseo apto para aficionados y sin apenas riesgo. Las mantas prefieren los fondos de arena para camuflarse, como los lenguados, explican con ayuda de unas fichas a todo color y van repasando mamíferos, vertebrados, crustáceos, esponjas, algas, anémonas..., que podremos ver sin alejarnos mucho de tierra y gracias a las bien conservadas praderas de la zona: cole y universidad de los 'pezqueñines'; barrera que impide que el mar erosione la tierra y favorece que la arena gane terreno; y pulmones principales del planeta.

Llega el momento de lanzarse al agua, con chaleco salvavidas, máscara, tubo y aletas. Pero, antes, las manos siempre pegadas al cuerpo, bajo la tripa o cogidas por delante, para no causar daños ni al entorno ni a nosotros mismos. Por el mismo motivo, el aleteo debe hacerse en horizontal, sin remover los fondos.

La actividad dura unas tres horas, casi una bajo el agua. Con las gafas puestas, el tubo en la boca y habiendo aprendido las señales para comunicarnos bajo el agua, comienza la aventura. Bebés lenguado se camuflan pegados al fondo arenoso; el bamboleo de las hojas de posidonia cautiva y relaja; centenares de peces nadan sin temor junto a los exploradores; sobre las rocas, numerosas variedades de esponjas y enormes nacras estratégicamente ocultas; en una grieta, un espinoso pez de roca; y, delatado por las conchas que fueron su alimento, un enorme pulpo se contorsiona en un hueco; estrellas de mar... Entre sorpresa y sorpresa, se consume el tiempo bajo el agua.

Ya solo queda retirarse la sal y recuperar fuerzas con un poco de fruta, agua y algún dulce, antes de recibir el certificado del buen 'Posidonia explorer'.

Fotos

Vídeos