Y la joven Laura voló en autogiro

Laura de la Cierva, segunda por la derecha, junto a sus hermanos y el resto de primos en Punta Umbría./LV
Laura de la Cierva, segunda por la derecha, junto a sus hermanos y el resto de primos en Punta Umbría. / LV

DE LA CIERVA La bisnieta del célebre inventor murciano repartió sus veranos entre Huelva y la finca familiar en Madrid

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Cierto día, quién sabe por qué impulso, Laura de la Cierva, bisnieta del célebre inventor del autogiro, decidió que debía aprender a volar en aquel extraño artefacto precursor del helicóptero. Y a su familia apenas le sorprendió. Porque Laura, desde que se reconocía, era una amante de los deportes de riesgo y de la aventura. Fue, por tanto, pensarlo y hacerlo. Igual se le ocurrió en sus bucólicos veraneos en Punta Umbría (Huelva), donde compartía brisas yodadas e interminables juegos con los primos sevillanos. Laura es hija de Carlos de la Cierva, nieto del inventor y cuyo padre comparte con este sepultura. La vida le encaminó hacia otras latitudes, como a tantos De la Cierva que hoy están establecidos, aparte de en Murcia, en Santander, por ejemplo. Casi todos son, a excepción de la rama que extendiera en la capital de España Pilar de la Cierva, ilustre camarera de la Fuensanta, un linaje que no conoció Murcia. Pero eso lo acaba de resolver Laura, quien preside la asociación que vela por la memoria, tan denostada, del inventor. Y, además, pues nunca es tarde, anda estos días descubriendo la tierra que lo vio nacer.

Emocionada recuerda aquellos veranos, que se llaman onubenses pero se leen 'huelvanos', cuando andaba pescando cangrejos y dando cuenta de dulces bocadillos de Nocilla. O las fiestas de disfraces que llenaban las tardes de algarabía en la imponente casa familiar. O los collares con conchas y los casi remotos paseos en bicicleta en busca de helados. «Allí di mi primer beso», recuerda mientras se le ilumina la mirada. Luz que contrastaba con aquella oscuridad deseada cuando, sin pensarlo tampoco, se descolgaba desde el segundo piso para escaparse un rato, ya entrada la madrugada.

La familia tenía posibles, claro. De lo contrario no se explica que, tras un mes de diversión en Punta Umbría, tocara visitar a la familia Racionero. Y era una familia muy dada a viajar. «Siempre a lugares exóticos», continúa la joven. Cuando no era a Disney World era a Punta Cana, pero cuando Punta Cana era un paraíso sin tanto turista de pulserita en la muñeca. Hace de eso dos décadas largas. O Cuba, México, Londres... Recuerda Laura que «éramos una piña en torno a la abuela Maruchi, una mujer espectacular, una auténtica dama de hierro...». A esas escapadas se sumaban los recreos en la finca madrileña de Buenavista, donde a ella le gustaba dormir junto a la piscina, donde estaba el abuelo, que «nos compraba de todo».

«Quise ver los 12 aparatos que se conservan. Y ya solo me falta uno»

Aquellos días de ensueño pasaron a la historia hace seis años porque Laura, que se licenció en Comunicación Audiovisual y Arte, casi sin venir a cuento, redescubrió la apasionante historia del bisabuelo Juan. Y lo primero que hizo fue viajar por todo el mundo para contemplar los autogiros auténticos que se conservan en los museos. Son doce, aunque aún le falta el último, que está en Estocolmo, a donde irá dentro de unos días. Entretanto, su padre, de quien asegura que «es el hombre de mi vida», disfrutó con ella de su primer vuelo. Con un par. Y la bella Laura se hizo piloto. Así descubrió tantos paisajes de su infancia a los que, no hace demasiado tiempo, se sumó esa Murcia que desconocía y de la que se ha enamorado. Y eso que apenas acaba de conocerla. Esperen y verán.

Temas

Verano

Fotos

Vídeos