HOMO OPULENTUS

Los nuevos ricos con barco

Los nuevos ricos con barco
M. Saura

El espécimen más buscado del verano vive a bordo de su yate y jamás pisa la arena

ROSA PALO

La flora y la fauna de nuestras playas da para mucho: para que Darwin reescriba 'El origen de las especies', para que Linneo reestructure su nomenclatura binominal y para que ustedes y yo nos sintamos, en uno u otro momento, identificados con alguno de los especímenes que pululan por nuestro entorno natural durante el verano.

Empezamos este estudio científico de la flora y fauna marmenorensis con un ejemplar que prolifera en esta época del año: el Homo Opulentus. Perteneciente al género Cresus, es sumamente huidizo y difícil de observar en su hábitat natural, ya que durante la estación estival permanece a bordo de su barco o encerrado en un chalet. Pero, cuando se deja ver, despliega toda su opulencia a discreción ante otros Homos Opulentus o ante los Homos Dominguerus, aquellos que poseen como único medio de navegación una colchoneta hinchable y que están por debajo del Opulentus en la cadena trófica.

Descripción

En el , mientras que en los machos jóvenes se aprecia un atisbo de musculatura debido al cultivo de actividades físicas como el pádel o el golf. Pero los machos jóvenes, aparte de heredar un yate, un chalet en la playa y un negocio boyante, también heredarán los mismos rasgos fisiológicos que sus progenitores, por lo que al cumplir los cincuenta comenzarán a aparecerles los rasgos propios de la especie, y toda la huerta les brotará en la cara de golpe. Las hembras adultas, por su parte, sufren un extraño cambio en la coloración del pelaje: puede que nazcan morenas pero, con los años, acaban siendo rubias. Esta mutación genética sigue asombrando a biólogos y naturalistas de todo el mundo.

Los machos se reconocen entre sí dándose sonoras palmadas en las espalda, e identifican al otro como de su especie mirando la marca de su reloj. En verano y adornan sus muñecas con una profusión de pulseras de cuero, siguiendo la tendencia marcada por el 'itboy' J. M. Aznar. Salvo que sea necesario para su supervivencia, no se relacionan con otras especies: solo entablarán conversaciones mínimas con el matrimonio que cuida del chalet o con la nanny de los niños (que se tiene que venir con nosotros, Luis Mari, que yo no voy a estar todo el verano cuidando nietos, que luego se van sus padres diez días a Formentera con los amigos y me toca a mí quedarme con los críos).

Hábitat

Lo habitual es encontrarlos a . Dotados de una gracilidad innata, no pisan nunca la arena, ya que van del barco al pantalán y del pantalán al barco. Cuando atracan en el puerto, se recluyen tras los muros de enormes chalets. Solo salen de su entorno natural para acudir a comer marisco a un restaurante cercano, para jugar al julepe en el Club Náutico o para asistir a una fiesta nocturna en casa de otros especímenes similares. En cualquiera de estos casos, siempre acaban compitiendo con otros machos para ver a quién le mide más la eslora del barco. . Viviendo al límite, ellas mismas se recogen el pelo en un moño informal, que la peluquería de la playa es un horror y que cómo van a ir a que las peinen a un sitio que se llama Encarni's (ni yo tampoco), cuando el que cuida de su cabello de toda la vida es Tony, que sí, que será muy amanerado el chico, pero que tiene unas manos maravillosas, y además es muy amigo de mi cuñado Alfonso, que fíjate tú mi cuñado qué mala suerte que ha tenido con las mujeres, que con la edad que tiene no se ha casado ni nada.

Reproducción

Los ricos son endogámicos, y sus crías solo se cruzan con los de su misma especie. Los machos adultos no admiten que una de sus hembras copule con otra especie inferior: cuando eso ocurre, se lamentan ante sus congéneres más cercanos diciendo «que la mediana se fue a Londres a estudiar un máster y luego resulta que se lo había dejado y ha venido con un novio de Podemos que hace malabares y que se pasa la comida diciendo que se caga en el puto capitalismo, pero bien que se hincha a quisquillas y a jamón del bueno el jodío». En cambio, en los eventos familiares, y ante la cara de espanto de la tita Maruchi, los piercings, los tatuajes y el novio de la hembra joven se justifican con un mohín en los labios y un lacónico «La niña, que nos ha salido artista». Curiosamente, , como la Cajera Mercadonum o la Depredator Nocturnis. Siempre que, al final, acaben apareándose y formando su propia manada con la descendiente de otro Homo Opulentus.

Dieta

Depredadores carnívoros, devoran cualquier cosa que puedan llevarle al barco desde un chiringuito cercano, atrayéndoles especialmente crustáceos y moluscos. En la nevera del barco siempre tienen cervecitas frescas, latas de , que acompañan de almendras recolectadas en su finca y fritas al instante.

Subespecies

Homo Pijus de Toda La Vida

También perteneciente al género Cresus, muestra características similares al Homo Opulentus, pero se diferencian en que los Pijus de Toda La Vida llevan a sus espaldas varias generaciones de navegación a vela, bargueños heredados, internados británicos, Mencías y Jacobos. En invierno se refugian en fincas de caza, y en verano en Sotogrande o en Palma. En la cadena trófica están por encima del Homo Opulentus, así que el Opulentus hará todo lo posible por parecerse a ellos, adoptando las hembras la manga francesa y el beige como color base, y los machos intentando convertir su ordinariez natural en simpática campechanía. La máxima aspiración del Homo Opulentus es cruzar a sus cachorros con razas puras de Pijus de Toda La Vida como Marichalares, Albas o Sajonia Coburgos, cruces que permiten abrir las puertas de un círculo endogámico superior a una fortuna con origen en el desguace, la charcutería o la construcción.

Véase también

La frase que dijo Dorothy Parker sobre los ricos: «Si uno quiere saber lo que piensa Dios del dinero, solo hay que ver a qué gente se lo dio».

Bibliografía consultada

Páginas de sociedad de 'La Verdad' y revista ¡HOLA!

Temas

Verano

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