Fuente Caputa, nacimiento de agua permanente

Fuente Caputa, nacimiento de agua permanente
Guillermo Carrión/ AGM
RINCONES CON ALMA

Pepa García
PEPA GARCÍA

Caputa es un nacimiento de agua permanente -salvo cuando se produjo el terremoto de 4,9 grados de Mula en 1999, nadie recuerda que haya dejado de manar- protegido por sus hábitats, sus aves y su alto valor geológico.

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Características
Está declarado Lugar de Interés Comunitario por los valiosos hábitats que alberga. Fuente Caputa es también Lugar de Interés Geológico (LIG) por sus formaciones pétreas: no en vano, el curso de agua se encajona entre paredes calizas, areniscas y margas marinas, y discurre de charca en charca dando lugar a un humedal que lo ha convertido en Zona de Especial Protección para las Aves. Si mantienen silencio podrán ver todo tipo de animales.
Cómo llegar
Cojan la Autovía del Noroeste (RM-15) y tomen la primera salida de Mula para seguir hacia Yéchar. Se atraviesa el pueblo y, siguiendo las indicaciones, se llega sin problema hasta Fuente Caputa.

Pasado Yéchar, pedanía de Mula, los carteles conducen hasta la fuente cantarina y los contenedores advierten de que se debe dejar el espacio mejor de lo que se encontró. Estamos en el curso alto de la rambla Perea, un espacio natural que ha atraído al hombre desde sus orígenes: yacimientos de la Edad del Bronce, pinturas rupestres, restos de villas romanas, leyendas de época musulmana, intersección de vías pecuarias... Este fantástico rincón es un claro ejemplo de cómo un espacio natural puede sobrevivir si su uso es sostenible.

La música suena en el Abrevadero de la Fuente del Capitán: ranas y sapos croan a coro. El agua burbujea desde el fondo de la charca cristalina, bajo el puente de tres ojos que la miran al pasar. Desagüe de las llanuras del Paraje de Veto, el Llano de Mata, El Prado y El Ardel, el agua de Caputa se abre paso entre la Loma del Herrero y el Cejo del Cortado. El itinerario, señalizado, conduce por la margen derecha, de charca en charca, y las pozas pétreas se vacían, a pequeños saltos, en la gran poza, a la sombra del acueducto del Taibilla, donde el agua se entuba después de que los bañistas se refresquen en ella.

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