Entre dos voces

El violinista Paco Montalvo, en su actuación del sábado en La Unión.
El violinista Paco Montalvo, en su actuación del sábado en La Unión. / Pablo Sánchez / AGM

Juan Pinilla y Paco Montalvo regalan una noche de buen flamenco en la que se entregó a Bélgica el premio Catedral del Cante

PATRICIO PEÑALVER

En la segunda gala de la 57 edición del festival, el pasado sábado, se presentaba un cartel experimental con dos voces bien distintas: la del cante de Juan Pinilla, que bebe en los manantiales de los grandes; y la del violín de Paco Montalvo, que también canta con las cuerdas y que mezcla composiciones tradicionales con otras más modernas. Un cartel que resultó ser un éxito artístico y de público, que llenó el recinto.

El cantaor granaíno Juan Pinilla, Lámpara Minera en 2007, subió a las tablas diez años después de su triunfo, quiso comenzar recordando aquellas mismas palabras que les dedicó a los mineros y a los trabajadores al recoger aquel galardón. Arrancó, en semicírculo con sus músicos, entonando cantes de trabajo: pregones, martinetes, jabegotes, temporeras o javeras. A continuación, por siguiriya rematada con el macho de Manuel Molina, quiso homenajear a Francisco Umbral con unas letras de su libro 'Mortal y Rosa', adaptadas por él. El cantaor muy emocionado dijo estar viviendo «una noche muy especial», ya que desde que se subió a ese tren de la Lámpara había tenido que dejar el periodismo para dedicarse por completo al flamenco. Y en cuerpo y alma, con el corazón tendido a la luna, se entregó Pinilla cantando una serie de soleares de Tomás Pavón y la Niña de los Peines. Para el cantaor fue un día de evocaciones. Aquí, concursando, conoció siendo un niño al guitarrista David Caro, que desde entonces le acompaña.

Y llegó un momento álgido cuando Pinilla cantó por siguiriyas de Triana y Los Puertos, pellizcando con el vuelo de su voz, matizando el buen cante. Otro momento muy especial llegó con los cantes mineros. Antes de empezar, recordó que en La Unión conoció a Pencho Cros, Niño Alfonso, Encarnación Fernández y a Antonio Fernández, y descubrió la realidad musical, artística y social de estas tierras, de esta ciudad alucinante, como la llamaba el gran Asensio Sáez. Y tuvo un recuerdo para su gran maestro, Manuel de Ávila, de Montefrío. Y espléndidamente, matizando los medios tonos, se arrancó en ese recorrido por la minera, la levantica, la murciana de Manuel de Ávila o la taranta de Manolo Romero, que fueron muy aplaudidas.

Ni qué decir tiene que Juan Pinilla es una enciclopedia del cante y quiso tomar un nuevo recorrido para reivindicar los cantes abandolaos, desde Almería a Granada, Córdoba y Málaga, con rondeña con letra de García Lorca, fandango de Cayetano Muriel y recordando a Cancanilla de Málaga y Francisco Yerbabuena. No se quiso despedir sin recordar que hacía 78 años que mataron a las '13 Rosas'. El cantaor estuvo bien acompañado por la guitarra de David Caro, la percusión de Javier Rabadán y las palmas de Richard Gutiérrez, y remató su gran actuación con unas bulerías para Enrique Morente, con el público en pie.

Violín flamenco

Durante el acto, recibió el embajador de Bélgica en España, Marc Calcoen, el premio Catedral del Cante, que le entregó el alcalde y presidente ejecutivo de la Fundación Cante de las Minas, Pedro López Milán. «La Unión reconoce con este premio el gran esfuerzo que ha realizado el país por difundir el flamenco en su territorio», afirmó López, a lo que Calcoen respondió: «Es un honor recibir este premio, sobre todo para los belgas que en mi país trabajan por el flamenco. En Bélgica nació la Peña Al Ándalus de Amberes, que en el año 2012 recibió el Premio Nacional de Flamenco a la Promoción Exterior por parte de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera». Mientras tanto, el consejero de Cultura, Javier Celdrán, le hizo entrega a la primera autoridad municipal, Pedro López, de la Cruz de Caravaca, coincidiendo con la celebración del Año Jubilar, y afirmó que el Gobierno regional seguirá apoyando el festival.

Y llegó el gran momento del joven violinista Paco Montalvo, quien llevó su modelo 'amatti', que utiliza en ocasiones excepcionales. A este instrumento le da una nueva dimensión, con unas vibrantes cuerdas que se trasforman en una voz flamenca que canta como los ángeles, y que transmite pasión y emociones que hacen que, de pronto, hasta Paganini sea flamenco. El artista cordobés realizó un repaso por los temas de su último disco, 'Alma del violín flamenco'. Comenzó con la composición 'Oriental', y prosiguió con 'Malagueña', 'Río Ancho' y 'Granada', hasta llegar a la canción 'Se me olvidó que te olvidé', que interpretó con su grupo: Miguel Santiago, a la percusión; Jesús Ginés, a la guitarra; Paco López, al bajo eléctrico; Richard Gutiérrez y Daniel Morales, a las palmas; y al baile, Marta Guillén.

Precisamente, con la estupenda bailaora interpretó el famoso 'Vito cordobés', que el violinista confesó que le cantaba su abuela cuando era pequeño. Le siguieron 'La Barrosa', por alegrías; 'Romance Anónimo' y la famosa Tarara, hasta llegar al tema 'Sevilla', en el que se volvió a lucir la bailaora, con matón. Acabó su vibrante actuación con el popular 'My Way', mientras presentaba a sus músicos con los sonidos del tema 'Lágrimas negras'. Al concluir, el público se levantó de sus asientos como si tuviera un resorte, entre fuertes aplausos, y pidió más. Y ahí quedó la rumba más famosa del flamenco: 'Entre dos aguas'. Otra buena noche, entre dos aguas, entre dos voces.

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