Troyanas: Sí pero no

Festival de San Javier

Aitana Sánchez-Gijón brilla en un montaje al que le falta dirección y ambición artística

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Hay algunas versiones de la historia de 'Troyanas', como por ejemplo la firmada por Jorge Semprún a partir del texto de Séneca, que son impresionantes de morirse del todo. No está nada mal tampoco, al contrario -es clara, directa y poética a parte iguales-, la versión firmada por Alberto Conejero que, de 'Las troyanas' de Eurípides, ha servido a Carmen Portacelli para poner en pie su montaje, estrenado en Mérida y visto el domingo en San Javier, que solo le ha salido regular, no imponente. El texto es lo mejor del espectáculo, que adolece de mayor impacto, belleza y eficacia artística. Por ejemplo, la iluminación es plana. Y la escenografía peca de gélida en exceso y nada cautivadora; no se entiende nada de nada qué pintan esos cadáveres, envueltos en sudarios blancos e impolutos, esparcidos por un suelo igualmente pulcro; ni tampoco tiene el mejor encanto esa T -de Troya, ¡pues claro!- que preside la escena y sobre la que se proyectan, en un ejercicio de Perogrullo, imágenes de conflictos actuales. La música y el espacio sonoro tampoco aportan nada, y en cuanto al movimiento escénico y coreográfico, que firma Ferrán Carvajal, no solo no aporta nada, sino que a veces llega, incluso, a provocar cierto sonrojo: esos movimientos espasmódicos de las actrices tan poco integrados, tan llevados a cabo porque sí, porque yo lo valgo.

El texto es deslumbrante, ha quedado dicho, siempre que aceptemos como válida la apuesta de Conejero por la presencia en él de unos personajes y no de otros -ay, ¿cómo no acordarse de Agamenón, el vencedor al que cercan las dudas, diciendo una y otra vez, «paz, piedad, perdón»?-. La actualidad de la historia conmueve e interroga, dentro de la frialdad ante la desesperación ajena que parece haberse instalado, en nuestras vidas acomodadas, como un peligroso virus.

'Troyanas' está plagado de inteligencia y reflexión, y penetra en la conciencia y en la memoria. Advierte, pone en alerta, describe con precisión y belleza el dolor infinito que conlleva la guerra, el absurdo, la violencia. Debería ser obligatorio para todos conocer 'Troyanas', que transcurre sobre los restos de la ciudad de Troya, aniquilada por la barbarie humana -la misma que hoy florece, en el año 2017: la misma barbarie, los mismos criminales, Siria arrasada, ríos de refugiados, la locura desafiante del Estado Islámico, la perturbadora tortura a la que someten a la civilización los terroristas suicidas...-, y ante los vencidos.

'Troyanas'

Texto original:
Eurípides.
Versión:
Alberto Conejero.
Intérpretes:
Aitana Sánchez-Gijón, Ernesto Alterio, Alba Flores, Maggie Civantos, Pepa López, Miriam Iscla, Gabriela Flores.
Iluminación:
Pedro Yagüe.
Escenografía:
Paco Azorín.
Coreografía y movimiento escénico:
Ferrán Carvajal.
Dirección:
Carmen Portaccelli.
Representación:
Domingo, 6 de agosto de 20017.
Calificación:
Interesante.

En 'Troyanas', los vencidos son mujeres agotadas por el dolor, convertidas en mercancía para los triunfadores. Pasa igual hoy. Entre estas mujeres está Hécuba, la reina de Troya, a la que da vida Aitana Sánchez-Gijón, para la que no se reserva ningún momento verdaderamente estelar en el montaje de Portacelli, uno de esos momentos como el que brindó José Carlos Plaza a Concha Velasco al final de su 'Hécuba', cuando llega el impactante final en el que esta, rodeada de los cadáveres de sus hijos, sus lamentos de pólvora y acero se confunden con el aullido espeluznante de la perra en la que, según la mitología, la convirtieron los dioses.

Mujeres míticas

Portacelli es mejor explicando su montaje que dirigiéndolo; es un acierto invitar «a todas esas mujeres míticas que los ganadores se repartieron después de la guerra de Troya como un botín, decidiendo impunemente sobre su vida y su futuro. Les pedimos que se expliquen, porque además de todo ese trato violento e injusto, también está la forma de hacerlas pasar a la Historia como si ellas hubieran elegido su destino con gusto y placer, o con maldad cuando a ellos no les ha convenido lo que ellas elegían...». Y, en efecto, ahí están también Casandra, Helena, Andrómaca, Políxena, Clitemnestra, Ifigenia, Hermione..., todas ellas laceradas por el terror, teniendo que escuchar a Taltibio -qué flojo está en este espectáculo Ernesto Alterio, con ese deje en los movimientos que llega a recordar un poco, incluso, a Groucho Marx-, el mensajero que anuncia los nuevos horrores que están por llegar.

En cuanto a Aitana Sánchez-Gijón, que tras la representación recibió, ovacionada por el público que llenó por completo el Auditorio Parque Almansa, y que asistió a la representación en mitad de un silencio ceremonial, el premio del festival, está claro que se enfrentaba a un reto tremendo con esta Hécuba. A ver: ¿cómo superar la altura de la interpretación conseguida con su anterior Medea, que estuvo representando hasta hace bien poco? Su Medea nos permitió ver a una Aitana Sánchez-Gijón poderosa, rotunda, incendiaria en su madura belleza, y entregada a saco a un arriesgado desgaste físico y emocional que la condujo casi a rozar la perfección. Qué grandeza a la hora de mostrar el desamparo, cuánto deseo de amarla y, por el contrario, qué espanto sin mesura te consumía cuando veías cómo cometía el mayor de sus crímenes: el asesinato de sus propios ojos. En 'Troyanas', nuevamente está realmente bien, rodeada de un reparto de actrices que también derrochan esfuerzo y pasión, pero no las arropan lo suficiente ni la dirección, ni las aportaciones artísticas.

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