La razón de ser del certamen

El cantaor Vicente Muñoz, el miércoles en La Unión./J. M. Rodríguez / AGM
El cantaor Vicente Muñoz, el miércoles en La Unión. / J. M. Rodríguez / AGM

Once artistas abren la fase de concurso de la cita, responsable de mantener vivos los cantes mineros

PATRICIO PEÑALVER

Con los ecos de las galas arrancó el pasado miércoles la primera semifinal del concurso en sus diversas modalidades. Curiosamente el germen del festival surgió en una gala en la que actuaba el cantaor Juanito Valderrama, a quien el público pedía sus canciones más conocidas. Y no todos entendieron que quisiera cantar por cantes de la tierra. De aquella queja, un grupo encabezado por el pintor y escritor Asensio Sáez acudió al Ayuntamiento y le planteó al entonces alcalde, Esteban Bernal, la posibilidad de hacer un festival. Algo tendrá que ver en esta historia y en el festival, que comenzó en 1961, Bernal, que aún vive felizmente para contarlo.

Precisamente hace unos días se presentó el busto de barro que realizó de Esteban Bernal el artista unionense Galo Conesa. En esta edición se homenajea al pintor Asensio Sáez y sobre un cartel que él realizó en 1968 para el festival el artista Esteban Bernal adaptó la imagen de esta edición, así como ese estupendo montaje en tres dimensiones que preside el escenario. Conviene recordar que las galas son importantes, pero mucho más lo es el concurso que mantiene vivo los cantes mineros y que es la verdadera razón de ser del festival.

Y bien, llegamos a la primera semifinal, que arrancó de la mano del instrumentista Juan Antonio Sánchez de la Torre, de Córdoba, que interpretó al piano tarantas y tanguillos. En el mismo apartado de instrumentistas continuó Pedro Martínez Troya, 'Pedrito Martínez', de Gerona, que con bajo eléctrico interpretó una taranta y tangos. En la modalidad de cante participaron, en una primera tanda, Vicente Muñoz Gelo, de Sevilla, que concursó con una malagueña y una toná, acompañado a la guitarra por Juan Martínez; y Montserrat Pérez Rodríguez, de Almería, que cantó mineras, cartagenera, seguiriya y caracoles, con la guitarra de Juan de Dios Santiago.

La primera concursante al premio Desplante fue María Macarena Ramírez Cepero, de Cádiz, que bailó un taranto y una caña. Por su parte, la tercera semifinalista de cante que subió al escenario fue Esther Merino Pilo, de Badajoz, que interpretó mineras, taranta, malagueña y tangos, acompañada por la guitarra de Rosendo Fernández. El primer aspirante al premio Bordón, que quedó desierto en las dos últimas ediciones del festival, fue Alejandro Hurtado García, de Alicante, con una taranta y seguidilla. Prosiguió la velada con la segunda semifinalista al premio Desplante, la bailaora María José Pérez, 'Maysé Márquez', de Murcia, con un taranto y cantiñas. Los últimos participantes fueron el cantaor José Antonio Romero Pérez, 'El Perrito', de Cádiz, que interpretó una cartagenera, malagueña y alegrías, con la guitarra de Antonio Muñoz; el guitarrista Didier Macho Chacón, de Cádiz, que tocó una taranta y bulerías; y la cantaora Araceli Campillos Muñoz, de Huelva, que interpretó mineras, taranta y tangos.

Esta edición homenajea a dos personajes insignes de La Unión: Asensio Sáez y Pencho Cros. Con los dos tuve una gran amistad, Pencho me cantó muchas veces al oído y siempre tenía la primera cerveza pagada en sus bares. Con Asensio Sáez mantuve siempre intensas conversaciones. A principios de los 90 los entrevisté para 'Diario 16', y viene a colación estos extractos al rememorar la historia del festival. A Cros le hice después una semblanza, y unas preguntas, también con respuestas sucintas: ¿Usted cuando canta, piensa? «Si no pensara, no le metería el sentido que le pongo al cante». ¿El cante es un arte para todo el mundo? «Pienso que está relacionado con las personas de sensibilidad». ¿La Unión le da pena? «He nacido con la pena de La Unión». ¿Las minas tienen poesía? «Las minas, cuando están paradas, son muy melancólicas».

¿Cómo hay que cantar los cantes de Levante? «Teniendo una gran voz y poniéndole mucho sentimiento». ¿Ha llorado alguna vez cantando? «No, pero he tenido que parar de cantar por no llorar». ¿Le han gustado las juergas? «He sentido doble vida más de noche que de día». ¿Entonces la vida hay que vivirla? «No sé qué viaje se trae si no se vive».

El artista Asensio Sáez, que decía: «Soy un escritor que pinta, no un pintor que escribe», ya daba alguna clave más de esa historia: «Lo que provoca el festival es la archiconocida anécdota de Juanito Valderrama. Pero la génesis arranca en el año 1960, cuando el Ayuntamiento de La Unión edita una revista, en la que aludo a la salvación de esos cantes que se han olvidado. Aunque alguien quedaba, como nuestro minero Eleuterio Andreu, que cantaba unas tarantas espléndidas. Cuando organizamos la primera edición del festival temíamos que pudiera ser una fiesta familiar, pero inmediatamente nos dimos cuenta de la trascendencia, la herencia y belleza de estos cantes. Después de 34 años, que el festival se mantenga es el mayor premio que podemos tener los padres».

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