El festival es el señuelo

ANTONIO PARRA

La 57 edición del Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión va llegando a su fin. Mañana sábado, con la gran final, se cerrará una edición realmente buena (a la espera de ver qué y quiénes surgen del concurso, que realmente es la esencia y lo que da sentido a este certamen), aunque, claro, todo es mejorable.

De momento, lo que podemos decir, una vez concluidas las galas con los artistas profesionales, y vista la excelente asistencia de público, es que de nuevo se demuestra que no es necesario contar exclusivamente con las figuras más mediáticas y conocidas para llenar el Antiguo Mercado Público.

Siempre he dicho que el festival es uno de los pocos certámenes flamencos que tiene el deber de arriesgar en ese sentido, porque, digámoslo así, la marca está por encima del producto. Es decir, el señuelo, lo que atrae al público, es el prestigio del festival mismo, por delante de los nombres de los artistas, aunque estos, lógicamente, cuenten, y mucho.

Podríamos establecer un paralelismo con aquello de McLuhan referido a la comunicación: el medio es el mensaje. En este caso el medio (el festival) es el atractivo mismo. Si alguien pone su confianza en un determinado medio de comunicación tenderá a pensar que quienes en él escriben o participan son buenos; de la misma manera, si un certamen adquiere con los años el crédito del público, este se inclinará a pensar que todo lo que programe será bueno, sea más o menos famoso.

Bueno, pues ese teorema parece que sirve para aplicarlo al festival de La Unión. No es que quienes han pasado por aquí estos días sean unos cualquiera en el mundo del flamenco, más bien todo lo contrario. Pero es cierto que muchos de ellos están situados en un segundo escalón en la clasificación de la popularidad.

No se han anunciado en los carteles, por ejemplo, a Sara Baras ni a Estrella Morente ni a Miguel Poveda, ni tampoco a Mercé o a El Cigala, por poner algunos ejemplos. Y, sin embargo, no se puede decir que haya faltado calidad. Ha habido incluso apuestas relativamente novedosas que han funcionado.

En fin, el festival es el mensaje, el señuelo, el que tiene prestigio. Queda claro.

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