Cachondeo de aúpa

Los intérpretes de 'La comedia de las mentiras', el jueves en San Javier tras acabar la representación.
Los intérpretes de 'La comedia de las mentiras', el jueves en San Javier tras acabar la representación. / Pepe H.

'La comedia de las mentiras' clausuró el certamen con un lleno rotundo y una ovación cerrada de un público que no paró de reír durante dos horas

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Recordemos de nuevo para que nadie lo olvide, todavía con la alegría y el cachondeo saludable metidos en el cuerpo, tras la ovación de lujo que el público que 'reventó' el Auditorio Parque Almansa dedicó a los intérpretes de 'La comedia de las mentiras' con la que se clausuró el 48 Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier, lo que decía, y con más razón que un santo de los que se han ganado a pulso serlo, Jérôme Savary, amante de la comedia, el circo, el carnaval, el cabaret, el jolgorio y los escenarios inundados de magia: «Un espectáculo aburrido es un crimen». ¡Y bien gordo! Lo digo, sobre todo, porque si algo no es este espectáculo, escrito por Sergi Pompermayer y Pep Anton Gómez, y dirigido por éste último, es aburrido. Ah, eso sí que de ninguna manera: he aquí de nuevo el cachondeo puro, el cachondeo con salero, el cachondeo bien trabajado, el cachondeo que no provoca ni el menor mareo de cabeza, el cachondeo que te distancia de la dura realidad durante un par de horas muy bienvenidas, y que te deja el cuerpo -que ya va estando para no muchos trotes, y menos todavía para correr en los Sanfermines- hecho una fiesta teatral montada con enorme éxito; fiesta a la que contribuyó, en la medianoche del jueves, el castillo de fuegos artificiales con el que este años dijo adiós el festival que dirige con entusiasmo David Martínez, también concejal de Cultura.

Miren: era ya tal la juerga montada, el trotar de las risas y la disparatada diversión a un ritmo que no decaía, que habría dado igual que los actores se hubiesen puesto, todos a la vez, a cantar y a bailar 'Despacito', a echarle las cartas del tarot a Carmen Borrego o a lavarse la cabeza los unos a los otros.

'La comedia de las mentiras', que bebe a lo loco de las muchas aportaciones de Plauto, y que finalmente ofrece un perfecto texto tonto de remate, funciona a las mil maravillas porque hay dos cosas resueltas de maravilla: la dirección y las interpretaciones. ¡Gracias, chicos!: Pepón Nieto -¡Pepón, que estás que te sales, que parece que te han colonizado a la vez los espíritus de Paco Martínez Soria y de Enrique Jardiel Poncela!-, María Barranco -salero a raudales, ¡bravo!-, Paco Tous -¡ole ahí los buenos cómicos!-, y unos jóvenes, y aquí brillantes, Angy Fernández, Raúl Jiménez, Canco Rodríguez y Marta Guerras.

Piratas inexistentes

Qué bien funciona este vodevil pop, este 'show' antimuermo, esta comedia de enredos, amoríos, muchas mentiras, bobos de manual, ardor sexual sufrido en silencio, ardor sexual disfrutado a gritos, golfos de campeonato, juventud divino tesoro, esclavos con corazón y pico de oro, piratas inexistentes y alusiones disparatadas a la mitología y a las grandes tragedias clásicas. Qué gran canto, ligero de cascos de principio a fin, al teatro como terapia contra la crispación y la cerrazón mental, tan de actualidad desgraciadamente. La chispa cómica salta por todos lados, aunque es cierto que, de nuevo en manos del mejor Pepón Nieto de los últimos años -ya estuvo glorioso en 'El eunuco'-, esa chispa se transforma en fuego: está el tío que arde, qué divertido.

Anda que no va a tener muchísimos llenos por toda España esta tontería que irradia buen rollo y que cuenta, o lo que sea, una historia en la que se mezclan dos hermanos enamorados, un joven con menos cerebro que un pistacho, una joven abonada al disfrute carnal, una solterona temible a la que su amor de juventud abandonó cuarenta años atrás, tras irse a comprar higos y darse el piro, y el propio sinvergüenza de los higos que aparece, por casualidad, tras las cuatro décadas de ausencia y, ahora ya, él mismo hecho un higo. Y junto a ellos, un esclavo de esos que te llevarías a tu casa -un punto Chanquete, otro Florinda Chico, otro Sancho Panza, otro Mary Poppins, otro Terenci Moix, y así podríamos seguir hasta mañana-, llamado Calidoro y empeñado en ayudar a toda costa a los hermanos enamorados. Y se sale con la suya.

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