«La vida me ha regalado una prórroga»

José Luis Cegarra, en La Azohía./Vicente Vicéns / AGM
José Luis Cegarra, en La Azohía. / Vicente Vicéns / AGM

José Luis Cegarra, codirector del festival La Mar de Músicas de Cartagena

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Si el brasileño Jorge Amado necesitaba poco para considerar que estaba en su casa -una mesa para comer, una cama para dormir y una máquina para escribir-, José Luis Cegarra (Cartagena, 1956) tan solo necesita tener cerca a un ser querido. Amante del mar, el codirector del festival La Mar de Músicas de Cartagena sabe que es bastante improbable encontrar rosas entre sus aguas, pero tampoco lo descarta del todo porque, aunque parecía imposible que pudiese seguir vivo, lo está. Y no se olvida de, agradecido, disfrutar al máximo.

-¿Qué desea?

-Continuar vivo. La vida me ha regalado una prórroga, en la que estoy jugando, y no quiero desaprovechar ni un solo momento. Esta prórroga me permite seguir disfrutando de mi familia y de mis amigos. Para mí es un regalo cada nuevo día en el que vuelvo a abrir los ojos, y procuro disfrutarlo como si me lo hubiesen traído los Reyes Magos.

«Fue una batalla campal: tuve que aprender a volver a hablar y a respirar, y sigo aprendiendo a comer de una manera normal»

-¿No vive un poco asustado?

-No, no. Pasé por unos momentos muy críticos, tremendos, hace ya 13 años, pero ni siquiera en los días más duros de todo ese proceso de la enfermedad, que se convirtió en una lucha a muerte para vencerla, tuve sensación de miedo. Quizá porque toda mi energía, toda mi atención y todo mi deseo los enfocaba en no dejar de luchar, en no permitirme bajar la guardia o caer en la tentación de darme por vencido.

-¿Quién le ayudó?

-Un equipo médico buenísimo, perteneciente al Hospital Virgen de la Arrixaca, al que tengo muchísimo que agradecerle, y mi pareja, mi familia y mis amigos, que sé muy bien que han sufrido tanto o más que yo. Estaban todos tan entregados que yo no quería defraudarles, no quería que siguieran sufriendo, y peleaba y peleaba todo el tiempo, porque era una batalla minuto a minuto. Ahora sigo peleando, pero ya pudiendo llevar una vida bastante normalizada.

-¿Qué le pasó?

-Tuve un cáncer de boca y garganta. Llegó de una manera sorpresiva y muy agresiva. Me invadió de la noche a la mañana. Ya le digo, fue una batalla campal: tuve que enfrentarme a él con cirugía, con quimioterapia y con radioterapia. Llevo titanio en el cuerpo para montar un satélite. Mi apariencia física cambió, perdí parte de la lengua y de la garganta. Tuve que aprender a volver a hablar, tuve que aprender a volver a respirar, y todavía sigo aprendiendo a comer de una manera normal.

-¿Se ha rebelado mucho?

-Yo no me preguntaba que por qué me había tocado a mí. Y hoy, cuando analizo un poco todo lo que llevo pasado, me quedo con el hecho de que he tenido mucha suerte. He visto a compañeros quedarse en el camino de la lucha contra la enfermedad. Creo que hoy soy mejor persona de lo que era, y tengo muy claro lo que quiero, lo que merece la pena, lo privilegiado que soy, lo mucho que me ha dado la vida. He salido reforzado de la enfermedad, y, aunque me llegó en un momento de mi vida en el que todo me iba muy bien y en el que lo último que yo me esperaba era pasar por todo este calvario, no tengo la sensación de haber perdido; al contrario, tengo la sensación de haber ganado. Cada mañana, al levantarme, me miro en el espejo y veo las cicatrices que me ha dejado el cáncer. Están ahí, pero he aprendido a convivir con ellas y, afortunadamente, la gente que vive a mi alrededor también.

«Yo no puedo imaginar mi vida sin que mi pareja, Javier [Marco] esté en ella. Llevamos muchos años compartiéndolo todo»

-¿Qué ha recuperado?

-He vuelto a hacer deporte. Lo echaba de menos. Me viene muy bien para el cuerpo y para la mente. La curiosidad y el interés por todo lo que me rodea no lo perdí nunca. Siempre he creído que uno empieza a dejar de estar vivo cuando pierde la curiosidad.

-¿Qué le sigue pasando?

-Que me encanta mi trabajo [técnico de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena]. Tuve claro hace ya muchos años que yo no había nacido para ser músico, ni cantante, ni bailarín, ni escritor...; por eso lo que procuré es tener un trabajo que me permitiese relacionarme con ellos, aprender de ellos, y así he sido. He tenido la suerte, sobre todo gracias a La Mar de Músicas, de conocer a muchos grandes artistas. Mis expectativas se han cumplido con creces, soy afortunado.

-¿Vive al día?

-Ahora ya hago planes más a largo plazo, pero durante mucho tiempo me ponía plazos muy cortos: llegar al santo de mi sobrino, llegar al siguiente cumpleaños de mi madre... y así. Tengo una familia muy grande, ya que mis hermanos, con los que jamás he dejado de formar una piña, han ido incrementándola. Ahora mismo somos 38, y ya hay un nuevo miembro en camino. He disfrutado mucho de la vida, y eso me permite poder decir que el billete de este viaje ya lo tengo amortizado. Lo tengo amortizado pero que quede claro que yo quiero seguir viajando, evidentemente.

-¿Cuál es su filosofía de vida?

-Se parece también mucho a la de antes de la enfermedad: hacer bien mi trabajo, no hacerle daño a nadie, intentar ser justo, ir evolucionando como persona y disfrutar de todo lo bueno de la vida: bañarme desnudo en el mar, ver amanecer, que para mí es uno de los grandes placeres; tomarme un vino con los amigos... Y, a ser posible, que cuando llegue la hora de irme pueda hacerlo ligero de equipaje y con la sensación de que, cuando ya no esté, alguien me va a echar de menos.

Crucero por el Nilo

-¿Hay un Más Allá?

-Pienso que sí. Y que volveré a ver a los que se han ido antes que yo.

-¿Se imagina viviendo solo?

-No, no, yo no puedo imaginar mi vida sin que mi pareja, Javier [Marco] esté en ella. Llevamos muchos años compartiéndolo todo, lo bueno y también lo malo, y creo que el balance de nuestra relación está siendo muy positivo. Recuerdo que, cuando empezó nuestra relación y yo veía que él iba en serio, no daba crédito [risas]. '¿Cómo me ha tocado a mí esta bendición?', me preguntaba. Todos mis amigos me decían que era guapísimo, y hoy lo sigue siendo; que era encantador, y hoy lo sigue siendo; y que era una bellísima persona, que también lo sigue siendo. Así es que yo me he quedado con el papel del feo y el 'malafollá' de la pareja [risas].

-¿A veces qué?

-A veces me gusta ser un poco niño, despreocuparme de todo y dejar que se me llene la cabeza de pájaros, pero ahí está de nuevo Javier para recordarme que ya soy mayor.

«Recordaré siempre cómo se desprendían las paredes del Perito Moreno mientras me tomaba un güisqui con hielo del glaciar»

-¿A favor qué tiene?

-Ser querido. Hay gente que sé que daría la vida por mí, que es lo mismo que yo haría por ellos.

-¿De qué viaje no se olvida?

-De los que hice a Egipto, donde me sentí un faraón, y a Argentina. Recordaré siempre el crucero por el Nilo y cómo se desprendían las paredes del Perito Moreno, en mitad de un ruido atronador, mientras me tomaba un güisqui con hielo del glaciar.

-¿Qué no hace ya?

-Procuro no juzgar. Yo no estoy ya para que me juzguen a mí.

-¿Qué reconoce?

-Sigo siendo cabezón.

-¿Temible cuando se enfada?

-¿Yo temible?

-¿Arde Troya o no?

-¡No asuste usted a la gente [risas]! No, ya no, qué va. Huyo de los enfrentamientos y de los malos rollos. Además, los años van calmando a las fieras.

«Con esta voz que tengo ahora [tras la operación] , unas veces me llamo a mí mismo El Padrino, y otras Paco Martínez Soria»

-¿Se dijo «tierra, trágame» en alguno de sus viajes?

-Varias veces, sí.

-¿Por ejemplo?

-En un viaje de trabajo a Brasil, con Paco [Francisco Martín, director de La Mar de Músicas], llegamos al hotel y, como teníamos una hora libre, decidimos darnos un baño en la piscina. No teníamos bañadores, no los prestaron en recepción y nos fuimos a bañarnos. Nos tiramos al agua tan contentos, el agua nos llegaba por las rodillas, empezamos a nadar como podíamos y, al rato, caímos en la cuenta de que allí pasaba algo raro: además de que el agua nos llegaba por las rodillas, no había depuradora y a cambio lo que sí había eran tortugas. La gente se nos quedaba mirando con cara de alucine, pero nadie nos decía nada. Al final nos dimos cuenta de qué pasaba: nos estábamos bañando en la fuente del hall del hotel, no en la piscina.

-¿Qué viene muy bien?

-El sentido del humor ayuda mucho. Yo, por ejemplo, con esta voz que tengo ahora, unas veces me llamo a mí mismo El Padrino, y otras Paco Martínez Soria.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-El Pani, en Cartagena.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-Cesaria Evora en La Mar de Músicas.
3 -Libro para el verano
-'Limones amargos', de Lawrence Durrell.
4 -¿Qué consejo daría?
-No doy consejos.
5 -¿Su copa preferida?
-Gin-tónic.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-¡Qué va!
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-No tengo.
8 -Un epitafio
-'Nadie es perfecto'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Buena persona.
10 -¿Tiene enemigos?
-A veces tengo la sensación de que algunos actúan como tales.
11-¿Lo que más detesta?
-La intolerancia
12 -¿Un baño ideal?
-Desnudo en Cala Morena.

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