Félix Crespo: «Eso de tener que sonreír todo el tiempo es un rollo»

Félix Crespo, en su domicilio de Murcia.
Félix Crespo, en su domicilio de Murcia. / Vicente Vicéns / AGM
Estío a la murciana

Félix Crespo. Psiquiatra

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Dice Félix Crespo (Salamanca, 1974), psiquiatra del Programa de Salud Mental de Adultos del Mar Menor: «Me salva la capacidad de amar, de vincularme a otros, de aceptar lo que me dan los demás, de poder admitir las carencias que tengo. Eso hace que no todo esté perdido». Hace unos días, en París, fue en busca de los lugares que guardan la huella de Gertrude Stein, mecenas y amiga de la Generación Perdida Norteamericana, para disfrutar imaginándose que ésta se le aparecería y así podría invitarla a un tomar un café. Y conversar.

-¿Siempre tuvo claro que sería psiquiatra?

-¿Claro? Empecé la especialidad de Medicina de Familia en Asturias, conocí a una chica de Murcia, volví a repetir el MIR y comencé otra vez la residencia de Medicina de Familia en Murcia, luego estuve trabajando en Urgencias, después de médico de pueblo, a continuación estuve unos meses con una interinidad en Fuente Álamo y, seguidamente, me volví a presentar al MIR para hacer Psiquiatría; hice la residencia aquí en Murcia, en el Hospital Reina Sofía.

«Soy muy sensible y tierno. No ejerzo de macho tradicional, que excluye el poder expresar ternura»

«Hay que huir de las recetas de los libros de autoayuda, que en general son una lacra»

-¿Y qué se dijo cuando terminó Psiquiatría?

-Pues, de broma, solía decir que ahora iba a hacer Neurocirugía para así tocar todos los palos.

-¿De qué no se olvida?

-Yo trato con personas, y no hay dos personas iguales.

-¿Tiene alguna idea de qué hacemos en este mundo?

-No, ninguna [risas]. Pero mientras encontramos una respuesta, lo que hacemos es un montón de cosas diferentes, y eso es fantástico. Como lo es el hecho de que los demás no dejen de sorprendernos.

-¿Qué somos?

-Gente limitada, que hacemos lo que podemos y que tenemos la posibilidad de poder disfrutar de experiencias estupendas. También tenemos problemas, que intentamos resolver como podemos. Y metemos la pata, nos equivocamos...; pero, si tenemos suerte, también es posible mantener una ficción de que, incluso, vamos hacia alguna parte... aunque sea todo mentira.

-¿Qué sería horrible?

-No tener sueños. La realidad sería muy aburrida sin poder fantasear, imaginar. La imaginación construye realidad y la enriquece.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-El Sitico. En Murcia.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-Leonard Cohen. Croacia.
3 -Libro para el verano
-'El leopardo de las nieves', de P. Matthiessen.
4 -¿Qué consejo daría?
-No des ni aceptes consejos.
5 -¿Su copa preferida?
-Un buen gin-tónic.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-A ratos no estaría mal.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Mezcla entre Lisbeth Salander y Walter Mitty.
8 -Un epitafio
-'Sigo aquí aunque no lo parezca'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-¿Músico? [Risas]
10 -¿Tiene enemigos?
-Seguro que alguno.
11 -¿Lo que más detesta?
-El cinismo.
12 -¿Un baño ideal?
-En Calblanque.

-¿Cómo era de pequeño?

-Muy serio, era ministrable. Tenía una gabardina que era más grande que yo y mis hermanas mayores siempre decían que podía ser ministro de Fomento. Desde muy pequeño comentaba las noticias, era un niño muy adulto, ¡un horror! [Risas] Dócil y con muchos y muy variados intereses.

-¿Qué le interesaba?

-Me recuerdo de muy pequeño pensando, por ejemplo, en la Guerra Fría.

-¿Qué ha ido ganando con los años?

-Capacidad de juego y de disfrute, afortunadamente. Ahora me puedo permitir jugar mucho más de lo que lo hacía de pequeño.

-¿Qué no tuvo?

-Una infancia y una adolescencia duras. Siempre digo que cuando regreso a casa de mi madre vuelvo a ser como un pequeño marqués. Tuve una infancia muy protegida.

-¿Y cuándo descubrió que esto de vivir no es nada fácil?

-Sobre todo, cuando perdí a mi abuela, a mi padre y una hermana en poco tiempo.

-¿Qué llegó y fue una sorpresa?

-Los primeros fracasos académicos. Durante mucho tiempo fui un estudiante brillante, pero llegó un momento en el que ya no.

-¿Por qué?

-Creo que tuve una especie de crisis de identidad o de vocación, no sé. Un momento en el que no sabía muy bien por dónde tirar y en el que me dedicaba a todo menos a lo que me tenía que dedicar. Mis intereses eran múltiples y no incluían las asignaturas de la carrera de Medicina.

-¿Qué sí incluían?

-Un montón de cosas. Me gustaba mucho el cine e iba a clases de cine, y también asistía a unas clases muy interesantes de Macroeconomía; el problema era que para hacerlo me perdía las clases de Hematología, porque no podía ser todo al mismo tiempo, claro. Afortunadamente, eso pasó y todas las dudas que pude tener han quedado muy atrás: la Psiquiatría colma hoy con creces mis expectativas.

-¿Qué no le gusta de usted?

-Esta inconstancia y esta dispersión que a veces no puedo controlar. La fantasía está bien, pero en exceso te hacer ir un poco sin rumbo.

-¿A veces qué llega a ser?

-Un juez muy duro. Soy excesivamente crítico conmigo y con los demás, y muy poco diplomático. Todo lo contrario: a veces soy demasiado directo.

-¿Por vencido para qué se ha dado?

-Para aprender a tocar un instrumento, algo que ha sido una lucha a lo largo de mi vida. Lo intenté con la viola y con el clarinete, pero he tenido que admitir que no tengo oído. Me pasaba con el clarinete horas y horas practicando para nada. Eso también está bien, porque estoy a favor de hacer cosas que no sirvan para nada, pero llegó un momento en el que tampoco disfrutaba.

-¿De qué ha tenido la suerte?

-Me he sentido y me siento querido, y yo también he querido y quiero mucho. Soy un entusiasta del amor, una persona con capacidad de amar; estoy bastante sano en ese sentido.

Regalo

-¿Qué sucede si no te quieren?

-La carencia de amor en todas las etapas de la vida es un desastre. La vida se transforma en algo muy duro, más todavía.

-¿Qué es lo peor?

-Hacer daño a conciencia.

-¿Y lo mejor?

-Sentir que la vida es un regalo.

-Dígame la verdad.

-No soy mala gente, pero sí un pequeño desastre, aunque a ratos consigo organizarme. No está mal vivir conmigo.

-¿Miedo a qué?

-A perder el control, a no llevar yo las riendas. Ahí entra todo, incluida la enfermedad y cualquier otro tipo de desastre

-¿Para qué es útil la cultura?

-Entre otras muchas cosas beneficiosas, la cultura es un consuelo. Me recuerdo en momento duros, de soledad o de sufrimiento, metiéndome en el cine, viendo una serie o leyendo un libro, y permitiendo que en ese rato algo se fuese reparando dentro de mí; en ocasiones, gracias a lo que veía, escuchaba o leía, y otras veces con independencia de ello: creo que hay un efecto balsámico en la cultura.

-¿Cómo se relaja?

-A veces, no haciendo nada.

-¿Qué hace cada vez menos?

-Comer carne.

-¿De qué tentación debemos huir?

-De la de culpar siempre a los demás de nuestros males.

-¿Qué le gusta pensar?

-Que estoy en el grupo de los ciudadanos libres, tolerantes y que no funcionan por prejuicios. Pero no lo sé.

-¿Sensible?

-Mucho.

-¿Tierno?

-También. No ejerzo de macho tradicional, que excluye el poder expresar ternura. Y si no la expresas te pierdes la respuesta en los demás ante esas emociones. Es una gran carencia el no poder manifestar emociones que estén vedadas. En general, es bueno que las personas puedan mantenerse en una posición de manejo abierto de las emociones, positivas y negativas.

-¿Desconfiado?

-No. Confío en la gente, y eso no implica pensar que el otro sea perfecto y no vaya a cometer errores. No siento que la gente me falle habitualmente. Me es difícil encontrar a alguien en quien no vea algún aspecto positivo. Y tiendo a justificar errores, aunque también los encuentro.

-¿De qué tiene conciencia?

-De que me equivoco bastante, así es que procuro corregirme y también dejo que me corrijan. Es un buen ejercicio de humildad.

-¿Piensa a menudo que lleva la razón?

-Muchas veces, sí.

-¿Sirven para algo los libros de autoayuda?

-Por lo visto, a algunos de sus autores les va muy bien económicamente. Una cosa está más o menos clara: no hay reglas ni para vivir, ni para resolver ningún problema humano. Todos son muy complejos. Ninguna receta prefabricada nos va a dar ninguna solución. Hay que huir de las recetas de los libros de autoayuda y hacer las cosas como mejor nos parezca y escuchando a quien nos apetezca escuchar; desde luego, mejor a personas cercanas, de carne y hueso, que nos quieran. Para mí, en general, los libros de autoayuda son una lacra. No hay un mapa y una brújula infalibles para manejarse por la vida.

-¿Por qué estamos hoy tan poco preparados para enfrentar la adversidad?

-La seguridad económica y afectiva da mucha fortaleza y permite tolerar mejor la angustia. Llegan los golpes de la vida, pero se manejan de otra manera. Ahora estamos muy expuestos, con vínculos muy laxos, con relaciones que empiezan y acaban rápidamente, inestables en el trabajo, con pocas seguridades. Eso nos deja más desnudos ante el dolor, ante la angustia. Por eso, los movimientos que van en la dirección contraria, que dan enorme importancia al cuidado del otro y que priorizan los vínculos afectivos frente a los económicos, son de gran ayuda. Quienes son capaces de generar vínculos sólidos con los otros pueden, en general, soportar mejor las dificultades. También debemos tener claro que mientras haya deseo, habrá insatisfacción.

-¿Es partidario de ir siempre con una sonrisa por delante?

-Eso de tener que sonreír todo el tiempo es un rollo.

-¿Hay un Más Allá?

-No morimos y se acaba todo, qué va, nuestras partículas siguen por ahí y esto continúa. Somos energía.

-¿Usted va al psiquiatra?

-Voy a un psicólogo, que es psicoanalista, desde hace años, sí, sí.

-¿Qué viaje tiene pendiente?

-Ir a Islandia con mi mujer.

-¿Qué prefiere?

-Dormir siempre en mi casa.

-¿Y qué no quiere?

-Volverme insensible.

-¿Qué nos pedimos?

-¡Otra cerveza!

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