Los derroteros del viento

Javier García, colgado de una pared del Monte Watkins, en California, donde hizo noche. A la derecha, en El Capitán, también en California. /LV
Javier García, colgado de una pared del Monte Watkins, en California, donde hizo noche. A la derecha, en El Capitán, también en California. / LV
Propios y extraños

Javier García Gallego, escalador, buceador y navegante, fue 'El Piloto' en la película 'La carta esférica' de Imanol Uribe, y tiene una certeza: «Nunca fui tan feliz como en las cumbres»

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

No hay sombra más ajetreada que la de Javier García Gallego. No da muestras de fatiga tras seguir fiel a su espalda hasta picos imposibles o bajar a las profundidades submarinas, después de surcar la piel de las aguas y deslizarse en el vacío con parapente. No le pide descanso ni horas extra porque se ha quedado muda, a su lado, ante visiones que pocos podrán contar a no ser que vistas plumas de águila imperial o escamas de pez raya.

Para asomarte a las oquedades y acantilados de Javier, tienes que secuestrarlo en tránsito y hurgar en el disco duro de su memoria donde almacena las cumbres y las simas. Allí permanece callado 'El Capitán', la mítica pared considerada la más vertiginosa de la Tierra, en el Parque Nacional de Yosemite (California) donde Javier, junto a sus hermanos, abrió cuatro nuevas rutas. La tercera, junto a su hermano José Luis, fue su tocata y fuga, realizada en pleno invierno de 1988, que ha quedado como una de las escaladas más largas de la historia, con 57 días consecutivos en la pared. Javier la llamó 'Murcia Costa Cálida', igual que Armstrong clavó en la luna las barras y estrellas. «Exige mucho de ti», afirma Javier, quien se dejó llevar por el corazón para abrir caminos en vertical por aquella pared de granito: «Fue por la camaradería entre hermanos». Los cuatro García Gallego abrieron la ruta 'Mediterráneo' con solo 25 buriles -anclajes-. «El resto de la ascensión fue aprovechando los orificios naturales», recompone la proeza, que le permitió dormir suspendido a más de mil metros de altura. «Se duerme fantásticamente bien», jura el aventurero, cuyo secreto desvela sin peajes: «Somos muy seguros. Nunca me he caído. No hay más que anticiparte a todo. Si dejas algún cabo suelto, Murphy estará ahí», aconseja tanto en cima como en valle.

Quién
Francisco Javier García Gallego.
Qué
Escalador, buceador y navegante.
Dónde
Cabo de Palos.
Gustos
Las alturas y los abismos.
ADN
Aventurero y metódico.
Pensamiento
«El ser humano es superfrágil».

El montañero luce ya la piel curtida en las alturas y menos pelo, que ha ido perdiendo por riscos y cuevas. «Luego se te olvida lo malo, que has pasado hambre, mucho frío, o que has tenido que sufrir a 40 grados. Una noche pasé tanta sed que soñé con un grifo abierto», escarba Javier en lo vivido. Por ahí anda también la adrenalina disparada en aquella bajada en plena tormenta cuando se le giró el mosquetón. «Me vi frágil. Si no estás concentrado la lías. En realidad el ser humano es superfrágil», cae en la cuenta de que ha salido indemne de los 2.519 metros del Naranjo de Bulnes, de la pared virgen del West Temple (Utah) o el Monte Watkins (California), cuya ruta -lograda en 53 días- llamó 'Mar Menor'.

«Una noche pasé tanta sed que soñé con un grifo abierto»

Si le das a elegir a Javier entre techos y abismos, que también conoce, no duda: «Nunca fui tan feliz como en las cumbres», asegura quien se midió las fuerzas con el mar. Fue campeón de Europa de Vela en clase Vaurien, la modalidad que más exprime el viento, y cuarto del Mundo. Experimentado en campeonatos internacionales, Javier navega desde los 9 años y escala desde los siete «a escondidas», confiesa. Así lo hizo en la Cresta del Gallo mientras sus padres lo creían en tierra plana. No es raro imaginarlo «a 45 metros bajo el mar buceando en barcos hundidos» o lanzándose al infinito como instructor de parapente.

Por algo Imanol Uribe se lo quedó para su reparto en 'La carta esférica', la película que rodó en aguas cartageneras sobre la novela de Arturo Pérez-Reverte. «Les llevé a buscar exteriores y enseñé a Carmelo Gómez a bucear, pero un día me dicen que me aprenda el guión y me deje barba. Pasé toda la noche fastidiado porque tenía muchas intervenciones y a eso no estaba acostumbrado. Carmelo y yo repetimos mil veces la escena 55 para que la prueba saliera bien. Me quedé de piedra cuando me vi tercero en los créditos».

De esos mundos nunca vistos ha aprendido Javier «a ser más tolerante. A no enfadarte en los semáforos» y a disfrutar de lo cercano, «de salir a hacer windsurf al atardecer o estar solo en un bote». Hay dos virus sin embargo que no le ha curado la aventura. Una es la asignatura pendiente de tirarse en paracaídas, aunque la otra no tiene vacuna conocida: «Soy un soñador».

Fotos

Vídeos