Miguel Ángel Centenero: «Somos muy capullos en este país»

Miguel Ángel Centenero, director del Conservatorio Manuel Massotti Littel.
Miguel Ángel Centenero, director del Conservatorio Manuel Massotti Littel. / Enrique Martínez Bueso
Estío a la murciana

Miguel Ángel Centenero. Catedrático de Pedagogía Musical

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Dos creaciones artísticas ocupan un lugar destacado en la lista de debilidades de Miguel Ángel Centenero (San Ginés, Murcia, 1957): 'La Pasión según San Mateo', de J. S. Bach, y 'El jardín de las delicias', de El Bosco. Licenciado en Biología, durante años profesor titular de piano, catedrático de Pedagogía Musical y actual director del Conservatorio Superior de Música Manuel Massotti Littel, fue también un respetado y eficaz director general de Cultura durante dos legislaturas del PP: con los consejeros Cristina Gutiérrez-Cortines y Fernando de la Cierva.

-¿De qué está usted a punto?

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-La Plaza de las Flores.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-Uno de la Filarmónica de Leningrado en Granada. En 1982.
3 -Un libro para el verano.
-'Vida y destino', de Vasili Grossman.
4 -¿Qué consejo daría?
-Respete.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Gin-tonic.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-No tengo.
8 -Un epitafio.
-[Ninguno]
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Un buen bailarín.
10 -¿Tiene enemigos?
-Que yo sepa no.
11 -¿Lo que más detesta?
-La mala leche.
12 -¿Un baño ideal?
-En una piscina.

-De cumplir 60 años el 28 de agosto.

«Me niego a decir 'compañeros y compañeras' y 'los españoles y las españolas'. No me da la gana»

«¿Qué se debe hacer con los corruptos? Meterlos en la cárcel, sin duda»

-¿Eso le inquieta?

-No. Cuando cumplí los 40 años, yo no pasé por ninguna crisis ni nada parecido, y cuando cumplí los 50 años, tampoco. No vivo el paso del tiempo como si fuese un drama; al contrario, el paso del tiempo me ha traído cosas muy buenas a mi vida.

-¿Ahora cómo está?

-Tan tranquilo. ¡Hombre, no le voy a decir que tengo el mismo flequillo que cuando tenía 20 años!

-Puede decirlo, si quiere.

-[Risas] No estaría siendo muy objetivo. Me quedé calvo con 28 años, pero eso tiene una clara ventaja: cuando eres calvo se nota menos que vas dejando de ser joven. En cambio, lo que sí voy notando cada vez más es que ya no tengo el aguante físico de los 30 años. Pero espiritualmente estoy mejor.

-¿A qué no presta atención?

-Las batallitas políticas me aburren, me desesperan; los dimes y diretes, el 'y tú más', las tonterías que dicen unos y otros. Me interesa la política con mayúsculas, pero me aburren los políticos.

-¿Cómo se llama, por ejemplo, el consejero de la ahora llamada Consejería de Salud?

-No tengo ni la menor idea.

-¿Qué despierta su interés?

-La Historia. Y tiene la culpa mi hija mayor, Raquel, que es la que más se parece a mí porque aguanta lo que le echen, y que aprendió a leer, con los papeles de los caramelos, siendo una mengaja. Como su madre es alemana, ella es bilingüe alemán-español, también sabe inglés perfectamente y es una apasionada de la Historia. Y esa pasión me la ha contagiado. Ahora estoy leyendo un tocho de cojones sobre Winston Churchill y el período que va de 1911 a 1918. Te das cuenta de hasta qué punto las personas somos contumaces tropezando siete veces en la misma piedra.

-¿Y los españoles?

-Madre mía, la Historia te enseña también hasta qué punto somos capullos en este país.

-¿Hasta qué punto?

-Somos muy capullos en este país.

-¿Por qué lo dice?

-No tenemos perspectiva, somos muy del día a día, de mirar a muy corto plazo. No hay un puto político en este país que mire ni siquiera a diez años vista, miran a pasado mañana. Y ni siquiera la Educación nos la tomamos en serio. Los alemanes, por ejemplo, siguen teniendo el mismo sistema educativo desde hace 50 años, porque tienen muy claro que con las cosas de comer no se juega, y la educación lo es.

-¿De qué no quiere usted que hablemos?

-De cine. Se lo explico: soy consumidor de cine en el sentido más pordiosero y miserable del término. Lo consumo y me olvido. No me acuerdo de los títulos de las películas, ni de los nombres de los directores, ni del de los actores. Y mezclo las historias de unas películas con las de otras.

-¿A qué no dedica tiempo?

-A ver las cadenas generalistas de televisión. No soporto los programas de corazón y colorines, que me parecen nauseabundos. Mi cuerpo no me pide cotilleos.

-¿Quién es usted?

-Soy una persona bastante vulgar, un tipo normal y corriente. No tengo ni grandes fobias ni grandes filias, salvando a mi familia. Nos queremos como locos y siempre estamos ahí unos para otros. Hablo de mis hijas y de mis hermanos y también, aunque estemos separados, de mi mujer. Seguimos casados, no estamos divorciados porque no nos apetecía a ninguno de los dos. Nos llevamos de puta madre, no solo somos gente civilizada sino que nos queremos mucho. El abogado que nos llevó la separación fue el mismo para los dos. No estoy para nada desentendido de ella y nuestra relación es muy buena. Nos conocimos en Inglaterra, vivimos muchos años juntos, tenemos a nuestras hijas, Raquel y Patricia, y a nuestro nieto Deniz [«significa mar en turco»], que tiene un año.

-¿Qué le pasa con su nieto?

-Me pasa que me tiene embelesado, eso me pasa.

-¿Qué es una ventaja?

-Ya no me hierve tanto la sangre con la frecuencia de antes. No me enciendo ya por casi nada.

-¿Para qué se ha dado ya por vencido?

-Para terminar mi tesis doctoral sobre el compositor Roberto Gerard, que me sigue pareciendo un tío muy interesante. Ya sé que no la terminaré nunca. Me he dado por vencido pero no me preocupa.

-¿Qué podría decirme?

-Que aquí donde me ve, estas manos que saben tocar el piano me han servido también para cambiar muchos pañales, porque yo he quitado muchos pañales, he fregado muchos platos, he puesto muchas lavadores, he limpiado muchos cristales y he planchado mucho.

-¿De qué no le da la gana?

-Me niego a decir «compañeros y compañeras» y «los españoles y las españolas». No me da la gana de masacrar la lengua castellana, que es bellísima, con toda esta estupidez rampante que se ha instalado. También digo «profesores» y no «el profesorado». Tonterías, las justas e incluso menos.

-¿Se arrepiente de algo?

-¿Ahora para qué? Los años que dediqué a la política, durante los que creo sinceramente que hice una buena labor, dejé de estar en mi casa muchísimo tiempo. Es lógico que me pregunte si mereció la pena. De lo que estoy muy orgulloso es de haber estado en los equipos de Cristina Gutiérrez-Cortines, que hizo cosas por la Región que merecen quitarse el sombrero, y de Fernando de la Cierva, dos consejeros fantásticos.

-¿Qué tiene clarísimo?

-Yo no voy a salvar el mundo.

«Sigo siendo del PP»

-¿Sigue siendo del PP?

-Sí, sigo siendo del PP. Aunque hay cosas que no termino de entender de este partido, el PP me sigue pareciendo la opción política más razonable. Ahora, si me va a preguntar por la corrupción, que es algo que no solo afecta al PP, se lo diré claramente: ¿Qué se debe hacer con los corruptos? Meterlos en la cárcel, sin duda. Si mañana a Rajoy lo pillasen en un renuncio, tendría que asumir también las consecuencias. Y me da igual que sean de mi partido. Si un tío la hace, que la pague. En mi cabeza no cabe el aprovecharte en beneficio propio de un cargo político. Recuerdo que, en una ocasión, cuando era director general, mi mujer se vino conmigo a Salzburgo en un viaje de trabajo. Por supuesto que todos sus gastos, todos, los pagamos aparte. Incluso pedí que nos hicieran dos facturas de la habitación de hotel que compartimos, y la mitad de lo que costaba la pagamos también de nuestro bolsillo. Alguien puede pensar que soy tonto, o estúpido, pero es como soy y me parece la mejor forma de actuar. Y otra cosa que le digo: no tengo problema en reconocer lo que otros Gobiernos de otros partidos han hecho bien. Por ejemplo, en el caso de Rodríguez Zapatero, creo que acertó con la ley del matrimonio homosexual.

-¿Qué es más necesario que el pan nuestro de cada día?

-El respeto. Hoy día se respeta poco.

-¿Qué abunda?

-La estupidez.

-¿Qué placer de dioses se permite usted?

-Escuchar música: Chopin, Bach, Brahms, Mozart, Beethoven...

-¿Qué no es y le gustaría ser?

-¡Un buen bailarín! Veo a una pareja bailar un tango, o un vals, y realmente se me van los ojos detrás de puñetera envidia; me gusta muchísimo el baile.

-¿Suele bailar?

-Bailo poco y a lo loco. Pero tengo el ritmo metido en el cuerpo, sí. Recuerdo que, en una boda y con alguna copilla de más, me solté, perdí la vergüenza y me puse a bailar rumbas, con gran éxito de crítica [risas] con [la catedrática de danza española y coreógrafa] Carmen Rubio.

-¿Qué tiene muy claro?

-Que el buen ciudadano no es el que se para en el semáforo en rojo cuando está el guardia, sino el que no tira un papel al suelo cuando nadie lo ve. Creo que uno debe hacer lo que cree que es justo o correcto aunque nadie te lo pida o aunque nadie te lo vaya a agradecer.

-¿Su ciudad?

-Sevilla, sin lugar a dudas.

-¿Se tiene algo prohibido?

-Sí, me tengo prohibido ser un borde, un hijo de puta, mala gente. Creo que no me podría perdonar hacer daño a conciencia. Recuerdo que mi padre me decía: «Te falta mala leche». No me veo haciendo una putada a alguien, me dan mucho por el culo las putadas, las injusticias y los bordes.

-¿Qué piensa a veces?

-Que me gustaría estar enamorado de alguien.

-¿Cómo se relaja?

-Pues... cuando llego muy cansado a mi casa, me tumbo en el sofá y me dedico a dormitar. Podría decirle que me dedico a leer poesía turca, pero no es verdad.

-¿Qué tiene comprobado?

-Que el aire acondicionado, por la noche, me provoca lumbago y me deja hecho un pan. En mi casa he prescindido de tenerlo.

-¿Playa?

-Nada. Voy muy de vez en cuando y, por supuesto, no me baño. Me pongo debajo de la sombrilla y ahí se acabó el plan. Soy muy aburrido, chico, qué quiere que le diga.

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