José Luis Montero: «Soy muy cabezón y muy resistente»

José Luis Montero, en la bahía de Portmán.
José Luis Montero, en la bahía de Portmán. / Jose María Rodríguez / AGM
ESTÍO A LA MURCIANA

José Luis Montero. Diseñador y fotógrafo

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Dice José Luis Montero (Cartagena, 1959), prestigioso diseñador, fotógrafo, «vicioso del esquí», montañero por vocación y destino, resistente al dolor y coleccionista de noches dormidas al raso, bajo las estrellas.

-Si usted pudiera, ¿qué?

-¿Qué? Ahora mismo estoy en un momento en el que cerraría el kiosco, cogería mi autocaravana y saldría sin rumbo fijo. Eso es lo que me encantaría, pero pienso: «Y dentro de dos años, cuando vuelvas, ¿entonces qué?». Creo que sería una buena manera de abordar estos años que quedan. Acojona mirar hacia atrás y darte cuenta de que ya has consumido la mayor parte de tu vida.

«Salvé una vida a 4.000 metros en los Alpes suizos»

«No me gusta que los cartageneros piensen que su pequeño reducto debe ser la bandera por la que alzarse en armas»

-¿Cómo ha vivido?

-Reconozco que como he querido. Con 21 años me independicé y me fui buscando mis mañas para sobrevivir. Tengo algo a mi favor: siempre he intentado ser feliz en cada momento, no pensar en que lo sería pasado mañana, sino en el momento presente, adaptándome a las circunstancias. Eso lo he tenido claro y lo he practicado, y más desde que murió mi padre. Un día recibí una llamada: mi padre había muerto de un infarto. Esa sensación de no haberte podido despedir de él, y el saber que en un momento te vas a la mierda, me marcó.

-¿No hay un Más Allá?

-No.

-¿Qué nota mucho?

-Hombre, el inevitable deterioro físico. Hace tres semanas estuve haciendo una travesía de montaña en Sierra Nevada con mi amigo Pepe, que tiene veinte años menos que yo, y claro que lo noto. Pero no queda otra que asumir que ese deterioro te va a ir minando determinadas parcelas de tu vida, que no otras, y que toca adaptarte y no empeñarte en hacer cosas que ya no puedes. Por cierto, un zorro nos robó la comida a las dos de la mañana, porque mi amigo se dejó la bolsa de comida fuera de la mochila.

-Vaya por Dios. ¿Qué ve?

-A gente de mi edad con el síndrome de Peter Pan, y eso es muy peligroso. Y bastante ridículo.

-¿Qué le desespera?

-Desde luego, la impuntualidad. Pero todavía mucho más, que cada vez más gente piense en clave particular y no en clave global. Por ejemplo, y yo lo soy, no me gusta que los cartageneros piensen que su pequeño reducto debe ser la bandera por la que alzarse en armas; ni que los catalanes estén montando la que están montando.

-¿De menos qué echa?

-Esa felicidad que ya desde muy niño me proporcionaba el ser tan curioso. Ya no tengo esa capacidad para sorprenderme, para entusiasmarme. Cada vez me sorprenden menos cosas, y eso es una putada muy gorda. Recuerdo la primera vez que vi unas esculturas de Jorge Oteiza, fue una experiencia brutal; ahora me siguen emocionando, pero ya no hay sorpresa.

-¿Qué fue un acierto?

-Empezar a hacer montaña con doce años. Yo digo que lo que de verdad soy, más que diseñador y fotógrafo, es montañero. Tengo la necesidad de perderme en los espacios abiertos, de dormir en las alturas al raso, sin tienda, con mi saco de dormir, y de empaparme del silencio de la montaña.

-¿Sus montañas preferidas?

-Mi primer 'tres mil' fue en el Monte Perdido, en Pirineos. Vuelvo allí sistemáticamente. Me puse hace muchos años como objetivo hacer todos los 'tres mil' de Pirineos, pero no sé por dónde llevo la lista porque no soy muy sistemático. Es un monte muy especial en el que quiero que esparzan mis cenizas.

-¿Ha salvado alguna vida?

-Sí, a 4.000 metros en los Alpes suizos. Estaba con mi antigua compañera y empezamos a escuchar unas voces. Pensé: «Con lo bien que estamos en mitad de este silencio, ¿quién será el capullo que está por ahí pegando gritos?». Las voces eran muy insistentes, y de pronto veo, por la ladera de la derecha, en mitad de un glaciar, a un tipo gritando y haciendo aspavientos. Y dije: «¡Chungo!». Abandonamos la cumbre, nos dirigimos al lugar y nos encontramos con una situación bastante dantesca. Había dos tipos con muy poca experiencia en montaña; uno de pie, pegando voces, y el otro sentado en el suelo, abierto de piernas y sosteniendo una cuerda de la que había colgando otro tipo, de una grieta, como a diez o quince metros en el vacío. Yo llevaba aparataje adecuado, sabía lo que tenía que hacer y lo pudimos subir. En vez de la Virgen, quienes se les aparecieron fuimos nosotros.

-¿Qué le horroriza?

-Las estaciones de esquí. Sin embargo, esquiar me parece fascinante. Soy un vicioso del esquí. Y también me horrorizan las zonas para barbacoas en los espacios naturales. ¿Quiere usted hacer una barbacoa? ¡Pues hágala en su casa!

-¿Qué habla?

-Inglés 'chapurrero' es lo mío.

-¿Echado para adelante?

-Sí. En situaciones complicadas, además, me vengo arriba. Tengo comprobado que las defensas se activan. No me asusto con facilidad, mantengo la calma.

-¿Qué prefiere?

-Me importa bastante que la gente que me rodea sea feliz.

-¿Y qué ha aprendido?

-Que lo mejor es ser humilde, porque creerte importante, en lo personal y en lo profesional, es una estupidez. Pero, vamos a ver, si yo soy una 'mierdecica'. Yo y todos. Intento ser razonable.

-¿Qué tiene comprobado?

-Que cuando empiezo a ponerme nervioso, histérico o estresado, el monte me espera. Vuelvo nuevo.

-¿Qué hace cuando está a punto de perder los papeles?

-Me escapo. En una discusión, cuando me doy cuenta de que me estoy poniendo cada vez más de mala hostia, doy un paso atrás. No merece la pena perderlos.

-¿Qué no tiene?

-Llevo toda la vida haciendo montaña y nunca he tenido un todoterreno, ¿para qué? Donde no llega el coche, voy andando.

-¿Qué es ridículo?

-Qué la gente se empeñe en subir al Everest sea como sea, porque es la montaña más alta del mundo y tienen que decir que han estado allí. Y para eso, miles de sherpas, botellas de oxígeno, helicópteros...; pero si es todo mucho más sencillo, hombre: no puedes subir el Everest porque no tienes la preparación adecuada, pues no vayas.

Tener tiempo

-¿Qué se prometió?

-Cuando estuve en el monte Cervino [en la frontera entre Suiza e Italia], me prometí no volver a ir más a una montaña famosa. Aquello parecía una romería. Mejor te vas a la montaña de enfrente y estás tú solo.

-¿Qué valora más?

-Tener tiempo. De joven, cuando no tenía un puto duro, intentaba conseguir un estatus para poder tenerlo y hacer cosas; cuando lo conseguí, me di cuenta de que no podía disponer de mi tiempo. Ahora me interesa mucho más el tiempo que el dinero. Puede ser que influya en eso el hecho de no tener descendencia y poder sentirme más libre.

-¿A quiénes no aguanta?

-A quienes solo tienen ojos para mirarse el ombligo; o, en el caso de los políticos, para no perder de vista el sillón.

-¿De qué tiene la suerte?

-De poder elegir a mis amigos.

-¿Hoy qué ha estado bien?

-He visto amanecer en Cabo de Palos.

-¿De qué viaje no se olvida?

-He estado en el Himalaya, en los Andes, atravesando el Sahara..., pero no me olvido de una travesía de quince días por Groenlandia que hice con [el periodista de viajes] Paco Nadal, que es como mi hermano. Nos habíamos marcado como objetivo unas montañas, en mitad del casquete polar, a las que estábamos seguros de que nadie había subido. Arrastrábamos cada uno un trineo con 60 kilos. A los diez días de recorrido aparecieron en el horizonte las siluetas de las montañas. Se me saltaron las lágrimas. Fue indescriptible.

-¿Sobre todo qué es usted?

-Cabezón, soy muy cabezón. Lo que he conseguido hacer en la vida, se lo debo fundamentalmente a lo cabezón que soy. También soy resistente. No me considero un atleta de élite, pero tengo una dosis de sufrimiento bastante grande. Hay gente que dice que soy insensible al dolor. Yo me he dislocado el brazo, cuando hacía espeleología y me encontraba en mitad de una sima, y me lo he puesto yo en el sitio. Salí de allí con unos dolores del quince pero aguantando bien el tirón. Soy bastante duro.

-¿Qué no ha hecho?

-No me he casado nunca, aunque mis relaciones siempre han sido largas y siempre he pensado que la última era la mejor.

-¿Ahora cómo está?

-¿En pareja? Mejor que nunca. Rosario [Martínez], mi compañera, que tampoco ha estado casada nunca, es tan independiente como yo. Nos va muy bien. Ella es lo mejor de mi vida.

-¿Qué procura?

-Me entrego a los proyectos de trabajo como si fuesen a perduran siempre; no me gusta nada la ligereza con la que se hacen muchas cosas hoy, en todos los trabajos, ni hacer las cosas por rutina pensando que lo que impera es «lo que hoy es la leche, mañana no vale para nada»

-¿Cómo recuerda el cierre de su empresa de diseño, la agencia Tropa?

-Para mí fue un duelo. Cuando empezó la crisis, primero fui aguantando con lo que había de riñón hasta que en 2012 ya era imposible mantenerla abierta. Había gente trabajando conmigo desde hacía mucho tiempo, y eran como de mi familia. Me acuerdo perfectamente de cómo se lo fui anunciando a cada uno de ellos: «Creo que os habéis dado cuenta de que he intentado campear el temporal de todos los modos posibles. Ya es imposible. Tenemos que cerrar, no hay trabajo y el poco que hay está en el aire». Pasé un año jodido.

-¿Políticamente dónde está?

-Estoy muy desencantado de la política. Me estoy convirtiendo en una especie de ácrata, aunque por el momento sigo siendo de izquierdas con vocación de escéptico. Ahora, por ejemplo, a los políticos la cultura no les interesa nada, pero nada, solo les interesa el espectáculo, la fanfarria. Pero no los artistas, ni que la sociedad madure y progrese con la cultura.

-Si se pierde, ¿dónde le buscamos?

-En Nepal. La gente es tan amable, se está tan bien allí.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-En el antiguo puerto de Portmán.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-Uno de Paco de Lucía.
3 -Un libro para el verano
-'El elogio de la sombra', de Tanizaki.
4 -¿Qué consejo daría?
-¡Sal, sal, muévete!
5 -¿Su copa preferida?
-Vermú casero.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Indiana Jones.
8 -Un epitafio
-[Ninguno]
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Joven
10 -¿Tiene enemigos?
-Supongo que sí.
11 -¿Lo que más detesta?
-La apatía, la dejadez.
12 -¿Un baño ideal?
-En un lago de Pirineos.

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