Mónica Galdana Pérez: «Me buscaron porque me quejaba»

Mónica Galdana, en la Glorieta de Murcia, donde le gusta pasear./Vicente Vicéns / AGM
Mónica Galdana, en la Glorieta de Murcia, donde le gusta pasear. / Vicente Vicéns / AGM
ESTÍO A LA MURCIANA

Mónica Galdana Pérez. Vicerrectora de Comunicación y Cultura de la UMU

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

En Cuba se dio cuenta, afirma Mónica Galdana Pérez (1972), de que «nos quejamos» demasiado: «¡Allí -dice- son felices con enchufar el radiocasete y lograr que funcione!». Lo comprobó hace años, en uno de los muchos viajes que ha realizado empujada por una inquietud que todavía le acompaña: conocer otras formas de vida y, con ellas, ir acumulando todo tipo de experiencias. Nació en Menorca, aunque en Murcia tuvo su casa desde pequeña. La isla, dice, es su lugar en el mundo. Y a él vuelve cada vez que tiene ocasión, pero nunca para siempre. Aquel trozo de tierra, en el que «parece que se ha parado el tiempo», hace años que se le quedó pequeño.

-¿Qué recuerda de su infancia?

-Vivir a otro ritmo. En Menorca la vida transcurría de un modo más pausado, las cosas se sucedían como en otro planeta. Quizá es por la perspectiva, cuando eres pequeño, todo te parece diferente; pero es cierto que después he vuelto y la sensación ha sido parecida, como si se hubiese parado el tiempo. Estuve allí hasta los 11 años.

«Me encanta pasar tiempo conmigo misma, pero es una soledad elegida, no impuesta»

«El miedo es gratis, puedes coger todo el que quieras»

-¿Por qué se instaló en Murcia?

-Mi famila es de aquí. En los 70, cuando empezaron a abrir los primeros hoteles en la isla nadie de allí quería trabajar para los turistas; mi padre había estado empleado muchos años en hostelería y le llamaron para dirigir el hotel Cala Galdana. Recuerdo que, como él, llegaron gallegos, malagueños, catalanes...; formábamos una pequeña comunidad, y era curioso porque, nosotros, los niños, habíamos nacido allí, pero nos tenían un poco marginados.

-¿Guarda amistades de aquella época?

-Sí. Nunca perdí el contacto. No había móviles ni internet pero nos escribíamos por carta. Después he vuelto en varias ocasiones, incluso me casé en la isla.

-¿Por qué?

-Cuando vivía allí, todas las iglesias daban misa en menorquín, todas salvo una que está situada en el monte más alto que hay [el santuario de la Virgen del Toro], y siempre me pareció un lugar muy bonito porque desde él se puede ver toda la costa. Desde pequeña ya decía que quería casarme allí, y muchos años después, buscando iglesia para la boda, mi novio me preguntó: '¿A ver, a ti dónde te hace ilusión casarte?'. Le dije que Menorca y me contestó: 'A mí, con que estés tú...'. ¡Al final vinieron cien invitados!

-¿Cómo se siente cada vez que regresa?

-Al principio quería quedarme. Ahora ya no. En invierno, a las cinco de la tarde es completamente de noche y suele hacer unos vientos impresionates. Nadie se relaciona con nadie, salvo con la familia, y una vez que has visitado a los tuyos, no tienes nada que hacer. Cuando voy, me quedo en la casa de un amigo; la heredó y la ha arreglado para invitar a los suyos. A veces me la deja y paso allí unos días.

-¿Por qué estudió Derecho?

-De pequeña me decían que parecía la abogada de las causas imposibles porque daba igual qué situación se presentara: si era injusta, yo intervenía. Fue algo automático. De hecho, creo que debería haber hecho Literatura, que era lo que realmente me gustaba. Pero nunca me paré a pensarlo.

-¿Ahora también interviene?

-Sí, a veces ese comportamiento me mete en problemas, porque siempre juego en el equipo que pierde. El mundo no es justo.

-¿Ante qué es incapaz de mostrarse impasible?

-Ante la discriminación. Cuando se arrincona a una persona, la defiendo, empatizo con ella y me hago de su bando. Hay quienes me dicen que no me meta, pero no hago caso.

-¿Qué le sorprende?

-Por ejemplo, que tus propios compañeros, que han estudiado una carrera, que son doctores y catedráticos, digan que somos iguales, mujeres y hombres. Ellos defienden: 'Somos iguales, ganamos lo mismo' pero, ¿cuánto vale un kilo de tomates? Les preguntas a qué curso va su hija o cómo se llama su profesora... ¡y no lo saben! Todos estos asuntos siguen siendo cosas de mujeres. En este sentido, seguimos teniendo mucho trabajo por hacer; hay quienes dicen que qué manía con el lenguaje sexista porque el todos incluye lingüísticamente tanto a hombres como a mujeres, pero, a veces, tienes que cambiar la forma de denominar las cosas para que se perciba el matiz. Hay que pensar que las normas las crearon los hombres.

-¿Alguna vez ha sentido que ha tenido que demostrar más por ser mujer?

-En el ámbito de los estudios no, pero a la hora de liderar un equipo o dar un paso más en términos de gestión o dirección, sí. Cuando le planteé a uno de mis profesores que me habían ofrecido quedarme en la universidad como profesora, me comentó: 'Sería lo mejor, porque para las mujeres, cuando tenéis hijos, es una vida muy cómoda'.

-¿Y qué le dijo?

-Me quedé en blanco. Me pareció una respuesta tan machista... Se me cayó del pedestal, y aluciné. Entiendo que si fuera hombre sería mucho más cómodo llegar a casa, que esté todo hecho y decir: 'Yo es que me voy a trabajar y resuelvo fuera...'. Tuve un novio que decía que los hombres no sabían planchar, ¡que eso era algo genético...!

-¿Por qué entró a formar parte del equipo de José Orihuela en las elecciones al Rectorado?

-Vinieron expresamente a buscarme porque era de las que me quejaba mucho.

-¿De qué?

-Por ejemplo, de que los discípulos del maestro tuvieran que seguir su orden para seguir formándose. Cuando entras en un departamento tienes una persona que te guía y no entendía que eso implicara una imposición de cómo hacer tu trabajo. A veces tenía la sensación de que era la rara, porque solo me quejaba yo. Cuando conocí a este grupo de personas [al actual equipo de Rectorado] sentí, no solo que se me escuchaba, sino que había a quien le interesaba lo que tenía que decir.

-¿Le costó dar el paso?

-Lo primero que pregunté fue por qué habían pensado en mí, porque yo no conocía a ninguno de ellos. Luego pedí un par de días para pensarlo porque implicaba un cambio importante, pero no tardé en aceptar. Me ofrecieron la secretaría general, un cargo que también me propuso otro de los equipos, el que lideraba Juan María Vázquez, pero lo rechacé porque era continuidad. Recuerdo que cuando se lo comuniqué al catedrático de mi área me dijo: '¿Te lo han ofrecido los dos y has elegido al equipo perdedor?'. A mí me daba igual perder, yo aposté por quienes creía que tenía que hacerlo. Después no ocupé la secretaría por motivos personales que no me iban a permitir dedicarle el tiempo que merecía el cargo, así que me quedé en una segunda línea hasta que me llamaron para el vicerrectorado [sustituyó al anterior vicerrector, José Antonio Gómez].

-¿Sigue con la misma ilusión?

-Tengo más. Los dos primeros meses te da un poco el bajón, porque llegas pensando que solo por estar ahí puedes cambiar mil cosas y luego te das cuenta de que la realidad es más compleja, pero si puedes cambiar aunque sea un 10% merece la pena. Sé que son cinco años, porque vamos a volver a ganar [ríe], y luego volveré a lo mío, así que es ahora o nunca.

Cuba

-¿Qué ha sido para usted una revelación?

-Cuba. Mis padres siempre han sido muy viajeros: Rusia, China, Islandia... Era raro en los 70 ir a estos lugares, pero ellos lo hacían y de algún modo me transmitieron esa pasión. Yo he buscado siempre el viaje dentro de mi ámbito laboral y he estado en Perú, en México, en Trieste... Me gusta conocer gente y otras formas de vida, y Cuba me impactó. Te das cuenta de todo lo que nos quejamos cuando ellos son felices solo con enchufar el radiocasete y lograr que funcione.

-¿Volvería a viajar por trabajo?

-Sí, pero con mi hija, tiene nueve años y no podría vivir sin ella un curso entero.

-¿Qué intenta transmitirle?

-Que tiene que ser buena persona y dar lo máximo de sí misma.

-¿Qué sentimientos no van con usted?

-La envidia, la venganza, el rencor. Hay personas que dicen: 'Perdono pero no olvido', pero así no perdonas, porque en el perdón va incluido el olvido. Yo prefiero que me engañen por segunda vez; a la tercera ya aparto a esa persona de mi vida.

-¿Ha sufrido muchas decepciones?

-Sí, pero las he olvidado pronto.

-¿Qué ha sido díficil?

-La muerte de mi hermano cuando él tenía 23 años en un accidente de tráfico. Estábamos muy unidos. Todavía no lo he despedido porque creo que sigue estando aquí. Era de los que decían que hay que vivir el presente y creo que a él no le hubiera gustado verme triste. Pienso en eso e intento no hacerlo.

-¿Es creyente?

-Sí.

-¿Por qué da gracias?

-Por levantarme cada día, por poder hacer cosas, por poder reírme y conocer a gente continuamente, por ir caminando por la vida. Me siento muy afortunada.

-¿Feliz?

-La felicidad son momentos, instantes, no se puede estar permanentemente feliz, y eso, creo, es lo que hace que la valores más. Yo ahora mismo soy feliz, quizá no todo en mi vida es perfecto, pero las personas que quiero están bien y eso es lo importante.

-¿A quién admira?

-A cualquier persona que se ha sobrepuesto, ha sido fiel a sí misma y ha conseguido metas y algo bueno para el resto. Admiro a las personas constantes.

-¿Para qué no está preparada?

-Para quedarme totalmente sola. Necesito a la gente. Es cierto que me encanta pasar tiempo conmigo misma, pero es una soledad elegida, no impuesta.

-¿Le asusta que no lo sea?

-No. El miedo es gratis, puedes coger todo el que quieras. Y creo que, al final, si me quedara sola, encontraría la manera de sentirme bien en esa soledad.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-En Cala Reona, en La Manga.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-El de Maná en Los Alcázares en 2003.
3 -Un libro para el verano
-'La hija de Cayetana', de Carmen Posadas.
4 -¿Qué consejo daría?
-Nadie puede dar consejos.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Gin-tónic.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Wonder Woman.
8 -Un epitafio
-'Vivió la vida que quiso'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Escritora de guías de viaje.
10 -¿Tiene enemigos?
-Existen cuando les das poder. Yo no se lo doy.
11 -¿Lo que más detesta?
-La hipocresía.
12 -¿Un baño ideal?
-Cala Santa Galdana (Menorca).

Temas

Umu, Verano

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos