El blues de las cenizas

Germán Ramallo, con su guitarra, sobre el capó de un camión de bomberos.
Germán Ramallo, con su guitarra, sobre el capó de un camión de bomberos. / Vicente Vicéns / AGM
PROPIOS Y EXTRAÑOS

Germán Ramallo, bombero y guitarrista, 'bluesman' y motorista de largo recorrido. Este verano ha rodado con su Harley 8.500 kilómetros: «No hay mujer que quiera estar conmigo», solfea

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

En su vida práctica, Germán es un bombero salvavidas, pero como 'bluesman' es un consumado pirómano. Con su guitarra aviva el fuego de historias vividas, escarceos irreparables o cicatrices permanentes. Germán es más de blues de combustión lenta y menos de deflagraciones. Ya de niño se le pegaban a la oreja «la música de negros, el jazz y el blues» y decidió aprender por sí solo en las tardes lluviosas del Oviedo de su adolescencia, con su guitarra y una cinta de casete de las que se enrollaban con un boli Bic. Ya empezó a tener claro que lo que le gustaban eran los conciertos y la aventura, así que «cuando me hablaron de la vida de bombero me dije: 'Va a ser que sí'», decidió sobre ese combinado de servicio solidario, riesgo al rojo vivo y tiempo libre que da el traje ignífugo. «Hay miedo, pero también adrenalina», describe la sensación de avanzar hacia el lugar del que huye hasta el instinto. Sus escenarios al límite darían para unos cuantos blues: «Estuve de servicio en el terremoto de Lorca y aún recuerdo un techo que se nos hundió casi encima. Yo no he tenido nunca miedo, pero sí después, cuando todo ha pasado y piensas en cada momento, por eso la mayoría de los bomberos no pensamos».

Pone a pacer la mente Germán en ampliar su repertorio de dos horas de blues original. «Todo propio», presume de anillo con tres tréboles de plata, hermanado con un número trece «que me recuerda quién soy y me mantiene en alerta», señala mostrando la calavera que preside su muñeca: «La muerte siempre está presente. Es mi modo de vida. Mi elección es el riesgo. Y surgen letras».

Quién
Germán Ramallo González.
Qué
Bombero, 'bluesman' y motorista.
Dónde
Mazarrón.
Gustos
La música y los viajes.
ADN
Aventurero.
Pensamiento
«La música me descarga de la vida».

Canciones en tránsito que queman las llantas de su Harley Davidson Softail. «Siempre 'harlista'», empuña su única compañera de ruta cuando a Germán le queman los asientos conocidos y necesita asomar el pescuezo al mundo. «Soy de deportes de riesgo, de espeleología y escalar por los Alpes, de música y vida nocturna», se destapa el bombero: «Soy, en realidad, la combinación perfecta para que ninguna mujer quiera estar conmigo».

«La muerte siempre está presente. Es mi modo de vida. Mi elección es el riesgo»

A Germán lo vieron llegar las arenas secas de Arizona por donde pisaba John Wayne con las piernas arqueadas y una mano en la culata del revólver, aunque fue el civilizado Manhattan el que lo dejó colgado sin techo ni billete. Repararon en el bombero de Mazarrón los santeros de una danza vudú en un recóndito bar de San Francisco, aunque fue en Marruecos donde se le cayó la noche encima sin brújula ni reservas de agua. Los cactus de Nuevo México se volvieron al verlo pasar, aunque fue en Camboya donde Germán se hipnotizó mirando los trenes sin suelo como una película rayada.

Duda Germán de si se despueblan las ciudades que pierde de vista o si ya vive alguien en los pueblos que le esperan, y con esa urgencia salió este verano a recorrer 8.500 kilómetros en 25 días. «Llegué hasta Polonia, a través de 7 países, con una tienda de campaña a la espalda y un infiernillo», resume su último reto. «Una lluvia en Alemania me dejó casi flotando dentro de la tienda, y me impresioné con Auswitch y con la belleza increíble de las minas de sal, y la carne agridulce de Cracovia», resolvió Germán solo algunas dudas. A las que le quedan les pondrá música para meterse al estudio con sus compañeros de Stop Blues Band para grabar el tercer disco de la banda. «Será un 'The best of' con cuatro temas nuevos», desvela a los seguidores.

Le esperan la guitarra dormida y el fuego seguro, aunque ya sabía Germán que todo esto no era un ensayo, sino jugársela cada día en el estreno de una gira: «La música es para descargarme de la vida. Y así hasta que tengan que sacarme a rastras del escenario, como Johnny Winter».

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