«Con 16 años me fui de mi casa con mi hija en brazos»

Katy Parra, en su casa de Totana con tres de sus cinco gatos./Enrique Martínez Bueso
Katy Parra, en su casa de Totana con tres de sus cinco gatos. / Enrique Martínez Bueso

Katy Parra, poeta

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Dice Katy Parra (Murcia, 1964): «He crecido entre pájaros y gatos y he pasado muchas horas en el tejado con ellos contemplando el cielo, de ahí mi tendencia a estar entre las nubes tan a menudo». Madre a los quince años, poeta de altos vuelos que conoce el cielo y el infierno, y mujer que vive de frente, con 'Coma idílico' ganó el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández. La editorial murciana Raspabook acaba de editar su libro para niños 'Animalicias'. En 'Declaración de principios', un poema con el que contó al mundo su orientación sexual, escribió: «Lo supe desde niña. / Odiaba aquellas trenzas / y aquel vestido rosa. / Me resultaba inútil y aburrido / guardar la compostura, / parecer de cristal / y cumplir esas normas / tan propias de mi sexo. / Algunas madrugadas / trepaba hasta la copa de los árboles / y hablaba con mis gatos / de lo guapa que era Marisol. / Me gustaba mirar aquellas piernas / e imaginar, debajo de su falda, / un mundo diferente».

-Así es que Marisol...

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza? -La plaza de las Flores
En Murcia.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-Uno de Rosendo en Totana en 2006.
3 -Libro para el verano
-'La lluvia amarilla', de Julio Llamazares.
4 -¿Qué consejo daría?
-Vive y deja vivir.
5 -¿Su copa preferida?
-Cerveza.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-Sí.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Catwoman.
8 -Un epitafio
-«Si lo sé no vengo».
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor? -Buena madre y amiga
10 -¿Tiene enemigos? -Supongo que sí.
11 -¿Lo que más detesta?
-La prepotencia.
12 -¿Un baño ideal?
-Tengo hidrofobia.

-...sí, pero vamos a ver: yo no hablo en el poema de la Marisol que cantaba eso de '¡corre, corre, caballito!', que me parecía muy cursi. Yo me refiero a mi vecina Marisol, que fue la que me enseñó a fumar. Recuerdo que una periodista me dijo una vez, a propósito de la Marisol del poema: «Y cantaba muy bien». Y yo: «¿Pero qué dices? ¡Cantaba fatal!». Y ella: «No, cantaba muy bien, que yo he visto todas sus películas». Y yo: «¡Qué películas ni que hostias!».

«He pasado mucho más tiempo con gatos, con pájaros y con cabras que con humanos»

-¿Qué le gustaba a usted ver?

-Yo veía 'Kung fu' y 'Sandokán'.

-¿Qué fue demasiado pronto?

-Madre. Tuve a mi hija con 15 años, y a mi hijo con 19 años.

-¿Por qué tomó esa decisión?

-Quería irme de mi casa. Estaba saliendo con un jipi, un tío muy chulo con el pelo muy largo, y mi padre me dijo que con jipis no podía salir porque fumaban porros. Dejé al jipi y empecé a salir con otro que a mi padre le parecía mejor porque no tenía el pelo tan largo. Y con 16 años me fui de mi casa con mi hija en brazos.

«Hace ya más de 20 años, un día decidí que se acabó. Me dije: 'No quiero una mentira más'»

-¿Qué tal la experiencia?

-No me he arrepentido en ningún momento de haber sido madre. He tenido mucha suerte con mis hijos, que no me han dado un solo problema en ningún sentido y jamás se han metido en líos. Son dos críos muy respetuosos, se llevan fenomenal entre ellos y somos muy cómplices los tres. No tengo ninguna queja, porque ya le digo que ni siquiera en la época de la adolescencia me han dado ningún quebradero de cabeza. Además, los dos son independientes y los dos tienen su casa y su trabajo.

-¿Quién completa su círculo afectivo más íntimo?

-Mi nieto Mikel, mis cinco gatos y mi compañera, que vive en el País Vasco. Y tengo amigos increíbles.

«Siempre estoy de parte de los perdedores y en contra de las injusticias»

-¿Qué reconoce?

-Que me he equivocado muchísimas veces y seguiré equivocándome. Reconozco que algunas mañanas me gusta echarme la bronca: «¡Tía, eres tonta y te has equivocado en esto y en lo otro!». No soy de las que intentan escaquearse cuando cometen un error, todo lo contrario. A veces, aunque no se den cuenta los demás, soy yo la que les dice que he metido la pata, que me he equivocado. Creo que hacerlo es una buena cura de humildad, y de honestidad, ante uno mismo y ante los demás.

-¿Qué no tiene?

-Que reprocharme nada importante.

-¿Y qué ha intentado siempre?

-Hacer las cosas lo mejor posible.

-¿Qué se dijo un buen día?

-Yo también llevé una doble vida, pero hace ya más de 20 años, un día decidí que se acabó. Lo que me dije fue: «No quiero una mentira más». Y por eso escribí el poema de Marisol ['Declaración de principios']. Las primeras personas que lo supieron fueron mis amigos y mis hijos, que siempre me han apoyado cien por cien.

-¿Ha tenido problemas por su orientación sexual?

-No demasiados. Cuando vas por la vida siendo quien eres, sin dobleces, sin intentar impresionar a nadie y sin máscaras, la gente reacciona bien. Yo apuesto por la naturalidad, la sencillez y la verdad. Además, estamos tan acostumbrados a estar rodeados de apariencias y de mentiras, que agradecemos encontrar a alguien que vaya de frente.

-¿Qué le han enseñado los gatos y los pájaros?

-Me han enseñado a ser quien soy. He pasado mucho más tiempo con gatos, con pájaros y con cabras que con humanos. Con 6, 7 y 8 años, por ejemplo, me pasaba horas y horas subida a los tejados echándoles trozos de bizcocho a los pájaros. Me han enseñado a estar sola, a valorar la vida y a respetar a otras especies.

-¿Qué no le da miedo?

-Yo me llevo bien con la muerte, no me da ningún miedo. La que sí me asusta es la corte que viene para anunciarla: el dolor, el sufrimiento. Pero la muerte es lo natural, un paso hacia ninguna parte y ya está. Hay que vivir la vida del mismo modo en que se escucha una canción, aceptando que se acaba.

[En su poema 'El precipicio', se lee: «Disculpa esta torpeza / de andar siempre buscando / cerezas en el olmo. / La tarde se me ha puesto / romántica y lasciva. / No me atrevo a llamarte, / pero he puesto tus fotos / frente a mí, en la pared. / No quiero morir sola».]

-¿Qué cambiaría si pudiera?

-La vida la diseñaron al revés: tendríamos que empezar a vivir siendo ya viejos e ir avanzando hasta convertirnos en un feto.

-¿Qué no es muy recomendable?

-En mi caso, ponerme a ver fotos de cuando tenía 20 años. Total, para decir «¡qué horror, me he puesto gordísima y no me reconozco!». El caso es que cuando tienes 20 años eres una tonta del culo, una ingenua que te pasas la vida sufriendo por todo. A los 50 años ya te tomas la vida de otra manera, de mejor manera, pero el cuerpo ya no te acompaña y eso es una putada.

-¿Dónde está?

-Siempre estoy de parte de los perdedores y en contra de las injusticias, sobre todo contra seres indefensos. Me tortura el no poder evitar que tantos seres humanos y animales sean víctimas de abusos de todo tipo.

-¿Qué pide para usted?

-Lo mismo que doy: respeto y honestidad.

-¿Para qué mejor no contamos con usted?

-No me esperen para ir a una corrida de toros o a una fiesta donde pongan reguetón.

-¿Qué enseña el desamor?

-Las experiencias negativas, como nos hacen sentir cabreo e impotencia, nos impulsan a tener que buscar una salida, una ventana para respirar cuando estamos en una situación límite; nos enseñan a encontrar ventanas, salidas.

-¿Muy lícito qué es?

-El sexo sin amor, faltaría más.

-¿Y qué es una bendición?

-Mis hijos y mis amigos son una bendición. Mi gran tesoro.

-¿Qué no le da miedo?

-La soledad.

-¿A veces qué?

-A veces es muy recomendable y necesario olvidar.

-¿Su lugar en el mundo?

-El País Vasco. Dicen que los de Bilbao nacen donde les da la gana, y por eso yo nací en Murcia, suelo decir de broma. Yo no me siento extranjera en ninguna parte, pero como en el País Vasco me siento en pocos sitios. Viví allí varios años; me encanta esa tierra: su gente, su paisaje, su cultura.

-¿Se ha planteado volver a vivir allí?

-Sí, pero aquí tengo a mis hijos y a mi nieto, y a cinco gatos con los que no me puedo trasladar allí. Mi compañera, que vive allí, tiene tres gatos y un piso de 45 metros cuadrados. Demasiados gatos para tan poco metros.

-¿Todos los días qué?

-Dos horas dedicadas a escuchar música en silencio, rodeada de mis gatos y sin que nadie me moleste.

-¿Qué tipo de música?

-Jazz, blues, góspel... El canto gregoriano también me gusta, pero una vez casi levito y pensé: «Esto no puede ser bueno». Para mí, escuchar música es casi una necesidad fisiológica. A mis gatos también les encanta.

-¿Qué es una verdad verdadera?

-Todos tenemos monstruos dentro de nosotros.

-Si pudiera, ¿qué?

-Sería invisible casi siempre. Uno de mis grandes deseos es pasar desapercibida, eso es lo que me gustaría en muchísimas ocasiones. A veces me dan ataques de misantropía. No me gustan las multitudes, ni el ruido, ni la pompa... Yo estoy feliz en mi cueva, con mis gatos, con mi silencio, con mi música y, cuando quiero, estando con gente con la que elijo estar.

-¿A su televisor qué le pasó?

-Como no lo encendía, un día decidió vengarse y explotó.

-¿Qué no hace?

-Meterme en el mar ni muerta. No sé nadar, tengo hidrofobia. Si miro el agua me mareo. Tiene que ser maravilloso bañarse en una playa hermosa, pero no me siento capaz. Hasta hace pocos años, si me caía el agua en la cara me angustiaba.

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