«Aledo fue el principio de una nueva vida»

Jorge Losana, en la cueva del agua./Paco Alonso
Jorge Losana, en la cueva del agua. / Paco Alonso

Jorge Losana, director del coro y la orquesta de la Universidad de Murcia (UMU)

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

Hay una palabra que Jorge Losana (Murcia, 1986) repite constantemente: empatía. «No hay una única verdad. Cada persona tiene su forma de entender el mundo y hay que aprender a ponerse en el lugar del otro», responde el cantor y director del coro y la orquesta de la Universidad de Murcia (UMU). De pequeño quería ser veterinario y durante sus veranos de niñez dio cobijo en su regazo a conejos, hámsteres, perros e incluso a un pato, pero a la hora de formalizar su primera matrícula universitaria se decantó por la filosofía. La música, reconoce -al menos de un modo profesional-, llegaría más tarde. Vive entre Murcia y Barcelona, se mueve por impulsos, y Aledo es el lugar que hoy le provoca la sonrisa más amplia. El municipio acoge a partir de hoy el II Festival Internacional de Música Antigua Early Music. Organizar su primera edición en apenas diez días es la mayor locura, asegura Losana, que hasta ahora el cantor ha escrito en su biografía.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
Cualquier plaza del barrio de Gracia de Barcelona.
2 -¿Un concierto inolvidable?
'Timor et Tremor', de Cororao, en la iglesia de La Merced de Murcia en 2011.
3 -Un libro para el verano
'Opiniones de un payaso', de Heinrich Böll.
4 -¿Qué consejo daría?
-Soy muy joven para dar consejos.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Gin-tónic con romero.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
A veces sí.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-El pobre Asurancetúrix.
8 -Un epitafio
'Aprovechó cada segundo'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
Tranquilo.
10 -¿Tiene enemigos?
-Desafortunadamente sí.
11 -¿Lo que más detesta?
-La falta de empatía.
12 -¿Un baño ideal?
Las pozas de Zarzilla de Ramos.

-¿A quién le debe mucho?

-A mi familia, que siempre me ha apoyado, a toda la gente que ha cantado conmigo y a Mercedes Farias [profesora de Derecho Mercantil de la UMU], porque confió en mí. Me dijo: 'No puedes quedarte aquí, tu sitio está mucho más lejos'. Esa confianza me hizo ser profesionalmente quien soy. Fue mi guía y lo sigue siendo.

«Lloro mucho viendo las noticias. Me emociona vivir lo trascendente»«La cultura como motor económico no es lo importante, lo importante es lo que puede hacer para que seamos felices»

-¿Qué despertó su interés por la música?

-De pequeño ya cantaba y montaba coros con mi familia. Lo hacía fatal, pero me gustaba porque era el momento en el que más libre me sentía y la forma en la que podía soltarlo todo. Estuve en muchos coros: en mi parroquia, en el colegio, en los Scouts..., en todos los sitios en los que se podía cantar estaba yo.

-¿Por qué quería ser entonces veterinario?

-No concebía que alguien se pudiera dedicar a la música de forma profesional, sobre todo en el mundo de los coros, y me fascinaban los animales. De hecho, he tenido todo tipo de mascotas: conejos, perros, tortugas, tritones, hámsteres, pollitos..., hasta un pato.

-¿Un pato?

-Fue durante unas vacaciones de verano. De pequeño, veraneábamos en campings, cada año en uno diferente; recuerdo ir andando con el pato siguiéndome por todos lados. Nunca llegó a casa [ríe].

-¿Ahora tiene mascota?

-No, vivo entre Murcia y Barcelona, y con tanto viaje es imposible, pero me gustaría.

-¿A dónde más suele viajar?

-Bueno, cantar te da la posibilidad de visitar muchos lugares, pero también he viajado mucho con mi familia. El primer gran viaje que hice fue a Israel. Fui con mis padres. Tendría 14 o 15 años.

-¿Qué le impresionó de allí?

-El paisaje. Tenías delante un vergel y, de repente -casi podías trazar una línea-, encontrabas el desierto. Me pareció estar en dos mundos diferentes también en cuanto a desarrollo y formas de vida.

-¿Volvería?

-Sí, y estaría más tiempo. Intentaría conocer a la gente y entender mejor el conflicto entre israelíes y palestinos. Solo conocemos aquello que nos llega a través de los medios de comunicación, y con el tiempo me he dado cuenta de que en cada lugar la verdad cambia completamente.

-¿Cuál fue su primer destino en solitario?

-Mannheim, en el centro de Alemania. Me fui a vivir allí con 19 años.

-¿Por qué?

-Fue un arrebato. Entonces estudiaba Filosofía; buscaba gente inquieta a la que le gustara discutir y profundizar en las cosas y me lo pasé bomba. Pero yo quería dedicarme a la música y necesitaba encauzar mi vida. Conocí a una amiga que estudiaba Coro en Mannheim. Me dije: 'Hago las maletas y a ver qué pasa'. Hasta entonces no había estudiado en un conservatorio.

-¿Qué le dijeron en casa?

-Me apoyaron, aunque me pusieron como condición estudiar magisterio a distancia. Había sido un culo inquieto difícil de encauzar y mis padres ya habían asumido que tenía que buscar mi vida de otra manera, así que me dijeron: 'Adelante'.

-¿Qué aprendió en la Facultad de Filosofía?

-A decidir cómo quería ser.

-¿No lo tenía claro?

-No. Soy una persona que siempre está buscando y entrar en Filosofía era un poco iniciar esa búsqueda. Quería hacerme preguntas y darles respuesta.

-¿Qué preguntas?

-En esa época estaba obsesionado con el arte; ¿qué era?, ¿qué es?, y también me interesaba mucho la forma en la que nos organizamos como sociedad.

-¿Qué se cuestiona ahora?

-Todavía me interesa el modo en el que nos ordenamos como colectivo. Me asusta el miedo a Europa, porque no entiendo mi vida ni lo que soy sin ese sentimiento europeo, pero también me asustan la televisión, los medios de comunicación y las redes sociales. El entretenimiento que nos venden está alejado de la profundidad del sentimiento; todo son estímulos para no pensar y pasar el rato sin preocuparnos demasiado. La música, sin embargo, es capaz de mover el alma, y eso es lo que busco con ella.

-¿Qué ha movido en usted?

-Me ha permitido encontrarme con algo inmenso dentro de mí a lo que de otra manera no habría podido acceder, porque no aflora, simplemente lo tienes dentro.

-¿Tiene la sensación de ser otra persona cuando canta?

-Más que ser otra persona, soy mucho más yo.

-¿Qué le emociona, además de la música?

-Lloro mucho viendo las noticias. Me emociona vivir lo trascendente, tener la sensación de estar asistiendo a algo único y crucial para la Historia. También me emocionan los pequeños momentos de conexión con la gente; poder ver lo que siente el otro.

-¿Qué es importante?

-Estoy muy centrado en elegir bien cómo vivir cada momento. Llevo muchos años luchando por conseguir metas, pero hace un mes he parado. Lo que me interesa realmente es dejar de vivir para esos objetivos y atesorar momentos vividos.

-¿De qué se arrepiente?

-De no haber sido consciente de esto antes, porque igual habría estado más tiempo con mucha gente a la que quiero y habría tenido más momentos que atesorar.

-¿Qué valora en los demás?

-La honestidad y saber aceptar los errores del otro.

-¿Usted lo hace?

-Lo intento día a día. Creo que sé percibir cómo se sienten los demás e intento reaccionar en consecuencia. Es importante saber ponerse en el lugar del otro, la empatía.

-¿Cuál es la mayor locura que ha realizado?

-Montar un festival como el de Aledo en diez días. Fue el principio de una nueva vida.

-¿Por qué en Aledo?

-Fue una casualidad. Nosotros queríamos hacer música y Aledo fue el único municipio que nos invitó a presentar nuestro proyecto. Una vez allí nos dimos cuenta de lo especial que es.

-¿Qué sintió después del último concierto?

-Todo el festival fue muy intenso. Nos lanzamos sin saber qué iba a ocurrir y no paramos ni en los diez días que duró la preparación ni en los diez días de festival. Dos meses después regresamos al pueblo y la gente nos paraba y nos decía que teníamos que volver porque esos diez días les habían traído felicidad. Lo cuento y se me ponen los pelos de punta.

-¿Qué ha encontrado en Cantoría? [Losana dirige y forma parte de este ensemble de música barroca y renacentista nacido en la Región hace un año]

-Tres personas: Inés, Samuel y Valentín, muy sensibles y con muchísimo talento con las que puedo trabajar de forma profunda.

-¿Dar con ellos ha sido una suerte?

-Sí. Es muy difícil encontrar personas con las que trabajar tan bien y con tanta ilusión.

-¿A qué le han enseñado los años?

-A contener el impulso. Pienso más en las consecuencias.

-¿Qué le dolió?

-Darme cuenta de que mis proyectos para Cororao, un coro que yo dirigía, no era lo que quería el grupo.

-¿A qué obstáculos ha tenido que enfrentarse?

-Muy poca gente entiende que lo que nosotros hacemos es útil, y eso me frustra. Me apena ver cómo en otros lugares, en otros países, sí se valora. Con ese obstáculo lucho todos los días.

-¿En Murcia se valora la cultura?

-Por suerte cada vez más, pero me da la sensación de que no se valora por lo que puede hacer por la sociedad, sino por el entretenimiento. La cultura como motor económico no es lo más importante, lo importante es lo que puede hacer para que seamos más felices.

-¿Qué ha hecho por usted?

-Me ha ayudado a vivir la vida más intensamente y a conectar con la gente.

-¿Se puede haber vivido mucho con 30 años?

-Sí, ¿no? Se es demasiado joven para dar consejos, pero puedes haber vivido mucho y tener mucho que contar.

-¿De qué se siente afortunado?

-De poder emocionar a las personas; es un privilegio.

-¿Qué estaría dispuesto a hacer por amor?

-Dejarlo todo y cambiar de país.

-¿Lo ha hecho?

-Sí.

-¿Y lo volvería a hacer?

-Sí.

-¿Qué más le llena?

-Pasear, el teatro; me encanta ir al teatro porque es de los momentos más auténticos; escuchar, reírme...

-¿Por qué es importante escuchar?

-Porque es lo que menos hacemos y lo que más falta hace. La mayoría de conflictos irían mucho mejor si escucháramos al otro.

-¿Valiente?

-Soy impetuoso e inconsciente. Para ser valiente tienes que ser consciente de las consecuencias y yo no pienso las cosas dos veces.

-¿Inocente?

-No.

-¿Qué le parece un lujo?

-Poder pasar tiempo con la gente que quieres.

-¿Qué le ha llevado a Barcelona?

-Hice un máster de interpretación de música antigua y me encantó la ciudad, las oportunidades que ofrece. Suelo pasar allí la mitad del mes.

-¿Es su ciudad refugio?

-Sí. La persona que soy allí se complementa muy bien con la que soy aquí, aunque lo ideal sería encontrar el término medio.

-¿Si se perdiera, dónde le encontrarían?

-En una de las terrazas del barrio de Gracia o bailando swing.

-¿Baila?

-Sí, me encanta. Es una forma de disfrutar la música de un modo desenfadado.

-¿Y baila bien?

-Bailo divertido y transmito mucha alegría [ríe].

-¿Cuál es un plan perfecto?

-Bajar a la playa cuando ya no hay nadie.

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