La Verdad

Verano

«Prefiero tragar saliva antes que levantar la voz»

Juan José López, en su barco 'Tres mares'.
Juan José López, en su barco 'Tres mares'. / Antonio Gil / AGM
  • Juan José López Martínez, cirujano ortopédico y traumatólogo del Hospital Virgen de la Arrixaca

  • «Con la muerte de mi padre, la vida me dejó claro que en cualquier momento te puede pasar cualquier cosa»

Una niña de 8 años, a la que llevaba tratando mucho tiempo, le dijo hace poco, cuando por fin le dio el alta ojalá que definitiva: «¡Hasta 'nunki', doctor!». Él sonrió, se emocionó, se sintió aliviado, se sintió útil... Él es Juan José López Martínez (Murcia, 1982), cirujano ortopédico y traumatólogo del Hospital Virgen de la Arrixaca. Autor del libro 'Traumatología deportiva en el fútbol', ex Míster Murcia y devoto de los viajes, trabajó durante seis semanas en el Children Hospital de Los Ángeles becado por la Fundación Gasol (de los hermanos Pau y Marc Gasol).

-¿A veces qué le pasa?

-Que se me queda cara de tonto, como a todos. Pero prefiero tragar saliva antes que levantar la voz.

-Ha escrito en su Twitter: «¿Algún centro de tatuajes abierto? Es rápido, solo quiero ponerme RAFA NADAL».

-[Risas.] Es que lo admiro muchísimo. No me lo voy a hacer, pero no porque no se lo merezca. Es impresionante cómo remonta los partidos, cómo lucha hasta el final; está hecho de una pasta especial. Me indigno mucho con los españoles que lo critican. ¿Cómo puede ser que un español critique a Rafa Nadal? ¡Pero si es que no puede ser más perfecto! Él y Pau Gasol son dos pilares fundamentales de nuestro deporte y dos tíos estupendos, dos ejemplos a seguir.

-También ha escrito: «Ante un paciente que dice 'me duele al correr', debería estar prohibido la respuesta 'deje de correr'. Para eso no estudiamos doce años». ¿Qué más debería estarlo?

-No ser amable con los pacientes, o dedicarles solo cinco minutos cuando, a lo mejor, llevan esperando cuatro meses para que los atiendas.

-¿Usted qué se tiene prohibido?

-No me gusta criticar a la gente, porque cada persona tiene sus circunstancias. Trato siempre de no tener prejuicios con las personas, ¡odio los prejuicios!, quizás porque los han tenido conmigo alguna vez. Me tengo prohibido juzgar a una persona antes de conocerla.

-¿A qué prejuicios se refiere?

-Fui Míster Murcia. Tenía 21 años, era muy joven y tenía muchas ganas de comerme el mundo. Ya era estudiante de Medicina. Me gustaba hacer cosas muy distintas y conocer a otro tipo de gente, pero cuando me ponía a estudiar lo hacía al cien por cien. Notaba que había gente que pensaba que yo me creía el más guapo y el más listo, o que sin conocerme de nada daba por hecho que yo era un niñato o un imbécil. Al principio, cuando entré de residente, no lo pasé muy bien. He sufrido prejuicios por parte de hombres y mujeres, pero bueno, han pasado ya muchos años y tampoco me arrepiento de esa etapa. Trabajé como modelo, viajé mucho, practicaba muchísimo deporte e hice muchos amigos en muchos sitios. Recuerdo que estuve un verano en Panamá y que, trabajando para una agencia de modelos, recorrí todo el país.

-¿Le afectó no ganar el concurso de Míster España?

-¡Qué va! Estaba en cuarto de Medicina y tenía mi futuro garantizado. Además, tengo ojos en la cara y veía lo que tenía a mi alrededor, aunque yo me preparé mucho, la verdad. Tampoco cuando gané el concurso de Míster Murcia yo era el mejor, ni el que mejor cuerpo tenía, ni el más guapo, ni el más alto; pero el jurado nos hacía una entrevista, y ahí creo que los convencí. En el de Míster España no me entrevistaron [risas]. Yo no he ido nunca de ligón, ni de nada. Nunca me he visto guapo, aunque reconozco que me cuido mucho porque me gusta sentirme bien. Pero, guapo, qué va.

-¿Qué procura?

-Agotar todas las opciones antes de darme por vencido.

-¿Qué tiene por norma?

-No hacer cosas a otros que no me gustaría que me hiciesen a mí.

-¿Se siente especial?

-No, en absoluto, pero sí soy consciente de que tengo mucha suerte. Soy una persona normal y corriente que, a nivel personal y profesional tiene suerte. Bueno, suerte y, en lo profesional, es cierto que desde siempre he trabajado mucho para conseguir tener un buen trabajo, una estabilidad profesional importante; me he pasado la vida estudiando y trabajando, porque empecé a trabajar a los 16 años: primero dando clases de tenis y, más adelante, de relaciones públicas y poniendo copas. Me lo he trabajado desde abajo, nadie me ha regalado nada. No soy especialmente inteligente, y de hecho conozco a mucha gente mucho más inteligente que yo, pero a base de fuerza de voluntad y de esfuerzo siempre he conseguido tener muy buenas notas.

-¿Buscaba ser el mejor?

-Sí, siempre he querido ser el mejor, soy muy perfeccionista.

-¿Qué reconoce?

-Que he seleccionado mucho a la gente que forma parte de mi círculo más cercano.

-¿De qué no se olvida?

-De la muerte de mi padre, una pesadilla de la que llegué a pensar que no me despertaría. Va a hacer seis años que falleció, tenía 57 años. Estaba haciendo gimnasia en el club de tenis de Algezares...; Yo estaba en Croacia, participando en una olimpiada de tenis para médicos. Estaba a punto de comenzar un partido cuando me llamó un compañero del hospital. Me dijeron que podría haber sufrido un golpe de calor y que lo mejor era que regresase a Murcia. No me lo pensé. Cuando llegué, mi padre estaba en la UCI; falleció en su propio lugar de trabajo. Tuvimos que decidir si queríamos donar sus órganos o no. ¡Claro que sí, sobre eso no había duda! Cuando murió, pensé: «Peor que ahora no me voy a sentir en la vida». Tenía una pena tremenda. Ha sido el gran palo que la vida me ha dado, aunque he podido salir totalmente de ese pozo. Me encantaría que estuviese aquí, ¡lo que yo hubiera dado porque hubiese estado en mi boda! Se fue sin ser abuelo. Bueno... lo normal es que un hijo vea morirse a su padre; lo contrario es lo verdaderamente terrible y pasa todos los días: padres que ven morir a sus hijos. En aquellos momentos, mi madre también me preocupaba muchísimo, pero, afortunadamente, ella también ha salido.

-¿Qué quiere decir «ha salido»?

-Tiene ilusión por vivir, por levantarse cada día y mantenerse activa, puede reírse y disfrutar otra vez de las pequeñas maravillas de la vida. Esa ilusión la ha encontrado en sus tres hijos.

-¿Qué piensa?

-Que los hombres no sabemos estar solos.

-¿A usted qué le falta?

-Hijos, ojalá vengan pronto. Desde un punto de vista biológico, los 18 años es una buena edad para tenerlos, y yo tengo ya 33 años. Quiero ser padre, me gustan mucho los niños, que además son mis pacientes; creo que un hijo cambiará mi vida para bien. Se me cae la baba con los hijos de mis amigos. Realmente, tengo muy desarrollado el instinto paternal.

-¿En qué ha cambiado?

-Increíblemente, ahora soy vergonzoso al máximo. Ahora mismo sería incapaz de hacer ni el 1% de las cosas que hice siendo modelo. Cada vez soy más vergonzoso, hasta en los congresos me cuesta hablar en público. Año que pasa, año que soy más vergonzoso.

-¿Qué no es?

-No soy rencoroso, perdono a la primera; lo que sí soy es sensible, no me resbalan las cosas.

-¿Qué ha podido comprobar?

-Si das cariño, recibes cariño.

-¿Qué más?

-El sexo con amor es mucho mejor, no hay ni punto de comparación. ¿Más? Las drogas siguen sin interesarme lo más mínimo.

-¿En qué ha sido líder?

-No he llegado a ser líder nunca en ningún sitio, pero tampoco he sido jamás suplente en nada. He estado siempre bien situado.

-¿Qué quería ser de niño?

-Con 10 años, tenista profesional.

-¿Qué reconoce?

-Sueño con una vida tranquila, con no estresarme con el trabajo. No quiero ser feliz cuando me jubile, quiero serlo ahora. Respeto mucho mi tiempo libre, lo aprovecho al máximo y cada vez quiero tener más porque tengo muy poco. Con la muerte de mi padre, la vida me dejó claro que en cualquier momento te puede pasar cualquier cosa. No puedes estar viviendo para trabajar, a mí me gusta más estar sin trabajar que trabajando.

-¿Cómo es feliz?

-Una cosa que no falla: son las seis de la mañana, salgo con mi barco a pescar. Todo está en calma. La sensación de libertad y la felicidad que siento son alucinantes. Salir con el barco, un pequeño lujo de siete metros que me permito y que me compensa mucho, es una de las cosas con las que más disfruto. Viajando también soy muy feliz; empiezo a serlo planificando los viajes, y después de hacerlos todavía me queda el placer de recordarlos.

-¿Dónde ha sido su último viaje?

-Lucía [su mujer] y yo acabamos de regresar de Perú.

Cubito de hielo

-¿Qué valor tiene su palabra?

-Mi palabra tiene un 99% de valor. No soy un cubito de hielo, soy humano y puedo fallar, pero soy responsable y formal, estoy educado así. También tengo tendencia a no descontrolarme, aunque a veces me quedo con las ganas de hacerlo.

-¿Qué no le gusta?

-Ni imponer mi criterio, ni ser el protagonista, ni el centro de atención. Y me gusta mucho que me valoren profesionalmente y pensar en positivo.

-¿Qué es un gran escándalo?

-El mayor escándalo de todos es no respetar la vida humana, atentar contra tus semejantes. ¿Cómo puede alguien, en nombre de Dios, ponerse una bomba en el pecho y hacerla denotar?

-¿Perdió mucha fe en sus semejantes?

-No, porque estoy rodeado de gente válida, de amigos que merecen la pena y de gente con principios. Si a veces pienso que el mundo se va al garete, los miro a ellos y recobro la esperanza.

-¿Hay un Más Allá?

-Ojalá, creo que sí. De lo contrario no tendría todo esto mucho sentido. Si pensásemos que no hay nada más, que todo se acaba, nadie querría asumir responsabilidades y nos dedicaríamos a preocuparnos solo de quién trae los cocos para hacer los cócteles que nos vamos a beber y de quién los va a hacer. Y poco más. No quiero pensar que mi padre ha desaparecido sin más.