Flora y fauna: blanco y en botella

El 'Guiri Guiri' llega a nuestras costas níveo y sereno, y regresa a 'Guirilandia' rojo y resacoso

ROSA PALO

Terminamos este estudio estival sobre la flora y fauna marmenorense con un espécimen que no puede faltar en nuestras costas: el ‘Guiri Guiri’. Híbrido resultante de la unión de dos especies, los ‘Jumera Mortalis’ y los ‘Caminantes Blancos’, el ‘Guiri Guiri’ llega atraído por el sol y los bares, donde puede beber hasta reventar y bailar ‘La Macarena’ como si a Chiquito de la Calzada le hubiera dado un ataque epiléptico. Acostumbrados en sus lugares de origen a cogerse una cogorza por el mismo valor que el PIB de Nigeria, aquí se sienten millonarios al comprobar que pueden tomarse una caña por euro y medio (aunque a ellos les cobren cuatro). Extasiados ante el carácter español, alucinan con los horarios de comidas, los bidés (que siguen sin saber para qué sirven) y las ventanas con persianas, se comen las pipas sin pelarlas y llenan sus maletas de vuelta con imanes de paellas, botellas de tinto peleón y flamencas.

Descripción

El ‘Guiri Guiri’ es un espécimen de complexión barriguda, piel lechosa y con menos melanina que un muñeco de nieve. Curiosamente, viene buscando un sol del que intenta resguardarse untándose con un factor de protección nivel Aguaplast y bañándose con la camiseta puesta, algo que no impedirá que acabe con quemaduras de tercer grado hasta en las orejas cuando, tras bajar a la playa, su blancor original mute en un extraordinario tono cangrejo, color que mantendrán por la noche a base de macerarse en alcohol. El ‘Guiri Guiri’, además, es fácilmente reconocible por su vestimenta, diseñada por Pelayo Díaz puesto de Peta Zetas: usa pantalón corto con riñonera, viste camisas de estampados lisérgicos y calza sandalias con calcetines, aunque en ese momento una gota fría haya anegado nuestras costas y estemos con el agua al cuello. Entre las ‘Guiri Guiri’, en cambio, podemos encontrar diversos tipos morfológicos, que van desde el modelo de hembra alta y rubia perseguida por el ‘Homo Paqueteris’ al grito atávico de ‘¡¡¡A por las suecas!!!’, hasta las herederas estéticas de Vicky Pollard, que muestran sin complejos sus cuerpos rojiblancos y lucen pelaje en las axilas, ‘piercing’ en el ombligo (que solo es visible separando las mollas de la barriga entre sí) y escote palabra de honor por el que asoman los tirantes de silicona del sujetador.

Migración y Metamorfosis Inversa

En la época estival, el ‘Guiri Guiri’ migra desde su lugar de origen, ‘Guirilandia’ (zona geográfica caracterizada por las bajas temperaturas y el alto precio del alcohol) al Mar Menor. Y es durante este proceso migratorio cuando se origina el cambio del ‘Guiri Guiri’: si al avión sube un espécimen educado y discreto, que bebe solo un par de pintas los viernes por la noche y que se viste habitualmente como el mismísimo Carlos de Inglaterra para recibir a Isabel Preysler en la cena de Porcelanosa, cuando aterriza baja un depredador en chanclas, dispuesto a utilizar la calle como un enorme váter público y a montar una tangana por un quítame allá esa cerveza. Según los últimos estudios científicos aparecidos en la revista ‘Nature’, esto es debido al proceso de ‘Metamorfosis Inversa’ que sufre el ‘Guiri Guiri’: durante el trayecto en avión, este actúa como un capullo en el que el espécimen pasa del estado adulto al de larva, produciéndose así un cambio en su desarrollo biológico que afecta no solo a su forma, sino también a sus funciones y a su modo de vida.

Dieta

El estómago del ‘Guiri Guiri’ es similar al de los rumiantes, ya que necesitan cuatro cavidades diferentes para digerir la bazofia que le sirven en nuestro país: inocente, el ‘Guiri Guiri’ deposita la alimentación de la manada en manos su enemigo natural, el ‘Camareris Tramposus’, que intentará colarle todo lo que tenga caducado. Además, el ‘Tramposus’ le venderá litros de sangría hecha con vino de tetrabrik y dos trozos pochos de melocotón (algo que el ‘Guiri Guiri’ considera sano porque lleva fruta), arroz con cosas (desde chorizo hasta dos Colajet que quedaban medio derretidos desde 1997) o unos filetes rusos que llevaban tanto tiempo en la cocina que han aprendido a hablar español, todo ello aliñado con un incremento en la factura de un cincuenta por ciento sobre el precio habitual. A pesar de ello, el ‘Guiri Guiri’ seguirá empeñado en probar la gastronomía local, pero sin perder su idiosincrasia: ellos, y no Alberto Chicote, fueron los inventores de la ‘cocina fusión’ al pedir kétchup para la paella o al mojar churros en un vaso de cerveza.

Comunicación

Da igual que en su país de origen el ‘Guiri Guiri’ sea primer ministro, sacerdote episcopaliano o Nobel de Física: puede llevar treinta años veraneando en el Mar Menor y seguir sin hablar ni una palabra de español, excepto ‘servesa’ o ‘paela’. Por ello, el autóctono intentará comunicarse con él como si fuera sordo, llevado por ese convencimiento antropológico de que, si gritas mucho y gesticulas como un teleñeco loco, al final el ‘Guiri Guiri’ acaba entendiéndote. Los semiólogos también han podido comprobar cómo los nativos han tendido puentes comunicacionales con el ‘Guiri Guiri’, inventando una nueva forma de lenguaje oral similar a la jerga que hubiera hablado Tarzán de haber nacido en Los Nietos: «¡Yo hacer a ti un arroz con ‘calamareisons’ que tú chupar ‘loh fingers’», «allí tomar las ‘beers’ muy ‘hot’, aquí no, aquí ‘frehquicah’» o «¡acho, ten ‘cuidao’, que te ‘estáh’ poniendo como un ‘tomeito’!». Dentro del lenguaje escrito, de mayor complejidad, constan cartas de restaurante cuyos platos parecen haber sido traducidos por Belén Esteban tras terminar un cursillo de quince días en Opening: en dichas cartas se traduce ensalada de tomate con bonito por «tomato salad with nice» o manitas de cerdo por «pig’s little hands». Pero al ‘Guiri Guiri’ no le importa: ha venido a por sol, comida y bebida, y eso es lo que se lleva. Y un resacón, claro.

Manuales de referencia

-Inglés para españoles: De la Calzada, Chiquito (2013). Cómo enseñé a hablar inglés a Ana Botella, por la Gloria de mi madre. Ediciones ¡JARL!

-Doherty, Pete (2017): ‘I am going to mess it up brown!: A biography’. ¡Voy a liarla parda!: Una biografía. Cogorza Books.

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