Arquitectos que sueñan olas

Manuel, durante una travesía en el banrco familiar, junto a su padre y su hermano./LV
Manuel, durante una travesía en el banrco familiar, junto a su padre y su hermano. / LV
8 apellidos murcianos

La familia Clavel veraneaba entre La Torre e Ibiza a bordo de su barco 'Sincio', que construyeron clavo a clavo

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Manuel Clavel Rojo imagina edificios sobre las olas. En la infinidad de oleajes azulados y brisas marineras, en las revoltosas nubes que dibujan torres imposibles, en las estrellas de la madrugada, que son diminutos agujeros de luz en el cielo redondo. Porque para este prestigioso arquitecto el lugar que siempre anhela es, curiosamente, el único donde no puede colocarse ni un ladrillo. En principio. De hecho, ahora trabaja en la construcción de un edificio en las Palm Islands, en la costa de Dubái, en los Emiratos Árabes. Son unas islas ganadas a la mar, a esa mar que Manuel aprendió a amar de la mano de su padre, Luis Clavel, otro arquitecto de renombre y quien llegó a construirse, clavo a clavo, un barco de diez metros de eslora.

Los Clavel Rojo siempre tendieron hacia la costa. El abuelo paterno, reconocido médico murciano como después lo sería su hijo, Manuel, presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de la Región, veraneaba en Los Alcázares. Desde allí se cruzaba a nado el Mar Menor. En aquella población también disfrutaba del verano la abuela materna, Araceli, farmacéutica, navegante y hasta cazadora, una de las murcianas adelantadas seis o siete décadas a su época.

De la construcción del barco de los Clavel, en el que emplearon los inviernos de dos años y medio, aprendió el joven Manuel que los diseños, si resultan útiles, son dos veces bellos. La nave la bautizaron ‘Sincio’, un vocablo cántabro, de donde era la abuela. Significa «deseo irrefrenable». Venía que ni pintado para esta familia que acostumbraba a navegar desde La Torre (Alicante) hasta Ibiza. Pero cuando Ibiza estaba tan desierta en agosto como en diciembre. Los aromas a pinos, la belleza de las salinas, la esencia del Mediterráneo condensada en su más hermosa isla prendieron en la mirada curiosa del pequeño Manuel, quien más tarde llegaría a competir en Noruega en un campeonato de vela. O, con apenas quince años, formaría parte de la tripulación de la nave de un promotor, que se atrevía a cedérsela todo el año a cambio de que le ganaran, como le ganaban, competiciones. O se enrolaría en otro barco para dar la vuelta a España. En aquella aventura le acompañó su hermano Luichi, uno de sus tres hermanos, médico.

Los viajes a Ibiza, en aquellos años donde no había más GPS que el cielo y las cartas náuticas y ni una simple nevera eléctrica para conservar provisiones, le permitían a los Clavel disfrutar de los frutos de la pesca, que tampoco se les daba mal. Eran navegaciones tan rústicas como entrañables, tan sencillas como románticas.

Y los años pasaron. Pero Manuel siguió enamorado de la mar, a veces traicionera. Como cuando en Isla Margarita (Venezuela) resultó herido mientras ‘volaba’ sobre su tabla de ‘kitesurf’. Casi ni lo cuenta. Sin embargo, mayores han sido las alegrías. Por ejemplo, el diseño del puerto deportivo Marina de las Salinas, de San Pedro del Pinatar, el de Cartagena o la reforma del de Los Alcázares. Ahora anda embarcado, aparte de imaginando el espléndido edificio de Dubái -con materiales murcianos, por cierto- en un aparcamiento en Miami, que dará mucho que hablar. Igual incluso en esta Región donde triunfar más allá de Albacete supone el riesgo añadido de caer en el olvido en cinco minutos.

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