Todo por el selfi

Todo por el selfi

Medio centenar de personas han muerto en dos años mientras se hacían una foto para lucirse ante el mundo. Buscan ser admirados por los demás aunque pongan en riesgo sus vidas

JAVIER GUILLENEA

Hay muchas formas de morir pero una de las peores, o al menos de las menos agradecidas, es morir de muerte tonta. Por ejemplo, hay quien se sube a una barandilla a cincuenta metros de altura, estira el brazo para sacarse una foto con su móvil, da un pasito para atrás, pierde el equilibrio, cae al vacío y se mata. Otros terminan sus días a los pies de un elefante, entre las mandíbulas de un león o desnucado por un retrete, todo por una imagen que acabará engrosando en internet las cada vez más largas listas de selfi tomados momentos antes de morir.

Algunos sobreviven al riesgo gratuito de hacer equilibrios en lo alto de la antena de un rascacielos con un móvil en la mano o a la temeridad de mirar a la cámara en vez de a la carretera mientras se conduce, como aquellas dos jóvenes iraníes que se estrellaron cuando se grababan cantando una canción. Su siguiente foto se la hicieron en el hospital; habían sobrevivido y en el selfi posaban con el signo de la victoria, lo que suscita la pregunta de si en ese momento estaban pensando que el accidente, el coche destrozado y las heridas sufridas habían merecido la pena.

En datos

Campaña en Rusia
Ante el creciente aumento de muertes causadas por autofotos, las autoridades rusas pusieron en marcha en 2015 la campaña 'Ningún millón de selfis cuesta una vida humana' para tratar de reducir el número de víctimas. El Ministerio del Interior publicó una guía advirtiendo sobre las situaciones de peligro que pueden darse al hacerse autorretratos, como estar en medio de la calzada, demasiado cerca de un tren en marcha o en sitios como una torre de alta tensión.
4 personas
murieron en España entre 2014 y enero de 2016 -último registro oficial- por sacarse una foto o grabación en escenarios de riesgo. En febrero de 2016, una turista china se despeñó por un barranco en Hocinos (Cuenca) cuando se hacía una foto.
10,15%
Uno de cada diez pacientes que acude en España al cirujano plástico lo hace influido por los selfis que se saca. Las imágenes, obtenidas de forma rápida y en ángulos extraños, acentúan los 'defectos' del rostro y son una fuente generadora de complejos.

Puede que sí, al menos desde su punto de vista, porque tanto el vídeo del accidente, con ellas dos cantando y el volante sumido en el olvido, como el selfi del hospital, han sido vistos por millones de personas en todo el mundo. Y de eso es de lo que se trata. Estas dos jóvenes están afectadas por lo que se ha dado en llamar el síndrome selfi, que el profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra Gerardo Castillo Ceballos define como «un culto a la propia imagen por el sistema de publicar en las redes sociales autofotos en situaciones llamativas previamente escenificadas que susciten admiración. Por ejemplo, colgado de un puente o de una grúa o asomado a un abismo».

«Hacen de tonterías algo trascendente pero son comida rápida visual» J. M. González-Anleo - Sociólogo

«Son adictos a los 'likes', yonquis que siempre quieren más» Enrique San Juan - Experto

Ahora se lleva también lo del selfi junto a las vías cuando pasa el tren. El último caso conocido es el de un joven de India que resultó arrollado por la locomotora cuando trataba de inmortalizar su imagen. El fotógrafo vivió para contarlo, pero la grabación del suceso, realizada por un amigo del osado autorretratista, ya ha dado la vuelta al mundo. Nunca falla, el de los'selfis extremos es un subgénero en auge que da prestigio en las redes sociales a quien lo cuenta y proporciona a quien no lo consigue un aura a medio camino entre la gloria efímera y la estupidez eterna.

. Tenía 17 años y una larga experiencia en ‘selfies’ extremos en Rusia. Se había sacado numerosas fotos en los edificios más altos del país pero murió en un puente de San Petersburgo no muy elevado al que había ascendido. Xenia perdió el equilibrio y se electrocutó al sujetarse a un cable de alta tensión.

La organización de análisis de datos Priceonomics calculó hace dos años que entre 2014 y enero de 2016 habían muerto en todo el mundo 49 personas mientras se tomaban un selfi. Aunque desconocida, se cree que la cifra de heridos fue mucho mayor. El 40% de las muertes (19) se produjeron en India, país que encabeza el ránking, seguido de Rusia (7), Estados Unidos (5) y España (4). En nuestro país un caso que tuvo mucha repercusión mediática fue el de un hombre de 32 años que en agosto de 2015 murió tras ser corneado por un toro mientras grababa el encierro de la localidad toledana de Villaseca de la Sagra. Aunque figure en las estadísticas, técnicamente no fue una muerte atribuible a un 'selfie' extremo. Sí lo fue en cambio la de un joven de Vegas de Triana (Jaén) que en marzo de 2014 se subió a un tren para autorretratarse con tal mala fortuna que rozó una catenaria y se electrocutó.

. Tuvo tanto éxito el selfi que el 2 de enero de 2014 se tomó disfrazado de Bob Esponja que al día siguiente repitió la hazaña. Se encaramó a la puerta del baño pero resbaló y murió desangrado.Tenía 18 años.

La causa más frecuente de los fallecimientos en todo el mundo son las caídas desde gran altura, seguidas por ahogamientos, trenes, disparos de bala, granadas, accidentes de avión, accidentes de coche y ataques de animales. Si no fuera por la tragedia, otras muertes resultarían cómicas, como la de Óscar Reyes, un joven de Houston que el 2 de enero de 2014 se autorretrató disfrazado de Bob Esponja y que vio con satisfacción cómo su selfi era recompensado con doscientos 'me gusta' en Facebook. Espoleado por sus seguidores, al día siguiente se propuso recrear la foto y se encaramó con su disfraz a la puerta del cuarto de baño de su casa, pero resbaló y cayó de cabeza contra el retrete. Inconsciente, murió desangrado. Óscar perdió una vida pero logró otra en Facebook, donde sus amigos abrieron una página para perpetuar su memoria.

Necesidad de autoestima

«¿Cuántas veces te dicen en la vida que haces algo bien?». La pregunta sorprende porque es él, el entrevistado, quien debe contestar, pero en este mundo del que hablamos, donde actor y público se confunden en una sola identidad, lo único que permanece estático es una imagen. Y la foto fija, el selfi que resulta de la pregunta, es nunca o, para ser más positivos, casi nunca. Es la respuesta que espera Enrique San Juan, experto en redes sociales y director de Community Internet. «Tenemos una necesidad de autoestima y de ser reconocidos, tenemos una gran carencia porque nadie lo hace y eso te lo solucionan las redes sociales», afirma.

Nada más halagador que acumular decenas de 'me gusta' cuando colgamos una foto nuestra en internet. Somos los protagonistas, los deseados, los flautistas de Hamelín que marcan el rumbo de los que vienen detrás. Es aquí donde nace una espiral que nos lleva a intentar el más difícil todavía, porque una vez que se empieza no todos pueden parar. «Los móviles están en todo el mundo y son unos instrumentos muy buenos para incrementar la exposición personal, lo que pasa es que tenemos la necesidad de generar contenidos cada vez más osados y espectaculares. Ya no nos vale el selfi junto a las palomas».

Jared Michael. Un turista canadiense quiso sacarse un ‘selfie’ al paso de un tren en Perú. No contó con que al maquinista se le ocurriera sacar fuera el pie y le propinara una patada en la cara para darle una lección.
Jared Michael. Un turista canadiense quiso sacarse un ‘selfie’ al paso de un tren en Perú. No contó con que al maquinista se le ocurriera sacar fuera el pie y le propinara una patada en la cara para darle una lección.

Hay que ir más allá y eso supone, según Enrique San Juan, «buscar en el riesgo elementos que generen la atención». Y nada mejor para ello que desafiar a las alturas, que es lo que hizo en San Petersburgo Xenia Ignatyeva. El 21 de abril de 2014 ascendió a lo alto de un puente, perdió el equilibrio y se electrocutó al agarrarse a un cable de alta tensión para evitar caer al suelo. «Un selfi requiere manipular el móvil con una mano y solo te queda la otra para sujetarte. Además -explica Enrique San Juan- tienes que estar atento al encuadre y te despistas».

El sociólogo Juan María González-Anleo, autor del libro 'Generación selfie', recuerda una frase atribuida a Andy Warhol, esa que dice que 'en el futuro todos serán famosos mundialmente durante quince minutos'. Ese momento ya ha llegado en una sociedad en la que, según González-Anleo, «todo el mundo se ha convertido a la vez en espectador y en espectáculo». «Los jóvenes son a la vez consumidores y creadores de espectáculo, quieren convertir cualquier detalle de su vida en algo visible».

Sueñan con ser 'youtubers', 'influencers' de prestigio que acumulan decenas de miles de seguidores y ganan dinero a manos llenas. Forman parte del combustible de lo que González-Anleo llama «la hoguera digital de las vanidades». «Estamos tan absortos con nosotros mismos que pensamos que a cualquier persona le puede interesar lo que estamos haciendo, es una forma de convertir tonterías en algo trascendente pero lo que logramos es convertirnos en comida rápida visual», asegura.

«¿Qué quieren demostrar al jugarse la vida por una foto?». Para Gerardo Castillo Ceballos, que acaba de publicar el libro, 'Retos educativos de los adolescentes posmodernos', lo que buscan es «huir de la angustia de no ser nadie, de no ser valorados por los demás, de estar mal conceptuados por sus padres y profesores, de ser estudiantes mediocres con fracaso escolar». Es un camino que no conduce a ninguna parte porque «el remedio -señala Castillo Ceballos- es peor que la enfermedad ya que el síndrome inicial suele ocasionar perturbaciones de la personalidad como, por ejemplo, depresiones».

«Estos jóvenes narcisistas suelen tener muy baja autoestima, lo que les mueve a buscar la admiración de posibles miles de personas», afirma Castillo Ceballos. Para ellos, explica Enrique San Juan, «un 'me gusta' es como un chute, son adictos a los 'likes', yonquis que quieren más porque ya no les vale los comentarios normales a sus fotos».

«Pulso incontrolable»

«Cuantos más 'likes' reciben más importantes se sienten y aumenta su necesidad de ser aprobados», confirma la psicóloga Laura Valenciano, que en su consulta de Barcelona atiende a numerosos jóvenes con problemas derivados de la búsqueda de reconocimiento en las redes sociales. Ella sitúa el límite de «lo preocupante» en seis autofotos al día, aunque sostiene que «lo importante no es la cantidad sino estar todo el tiempo pendiente de sacarse un selfi». Hacerse autorretratos no significa que haya un problema psicológico. Lo grave es «sentir un pulso incontrolable por hacerlo».

En octubre de 2017 se celebró en Madrid 'Hackmeeting', un encuentro de 'hackers' del que salió un manifiesto fechado en 2037 que describía un mundo dominado por una inteligencia artificial llamada Google E-Government. El escrito hacía un llamamiento a los 'hackers' del presente para que eviten la deriva hacia un futuro sin movimientos sociales controlado por «el emperador Zuckerberg».

En el manifiesto, los ficticios resistentes de 2037 describen una sociedad pretérita en la que muchos ciudadanos «han empezado a enloquecer al ser incapaces de distinguir entre la fantasía del ciberespectáculo y sus propias vidas». Son personas que «buscan generar contenidos que puedan ser vistos por más gente para recibir más 'likes' y al mismo tiempo imitan compulsivamente los comportamientos que ven en el sistema multimedia que lo inunda todo». Lo que describen no es una distopía, es la realidad.

Enrique San Juan se muestra convencido de que «toda una generación de jóvenes está contaminada» por un síndrome en el que la aceptación en las redes sociales es una necesidad cada vez más acuciante. «Están todos infectados», recalca, aunque reconoce después que «esto no es bueno ni malo».

Es simplemente un mundo que ha cambiado tanto que ya no solo hay uno, sino dos. «Vivimos en dos realidades, la física y la digital», afirma el responsable de Community Internet. Hay quien sostiene que para muchos jóvenes esta última realidad, la de internet, es más cierta que la existencia física, ese valle de lágrimas en el que, en palabras de Castillo Ceballos, no pueden vivir «una vida inventada» ni presentarse ante los demás «como lo que no son: audaces y valientes». Muchos ya han cruzado la frontera y habitan al otro lado del espejo. «Hace tiempo que Matrix ha quedado atrás», dice Enrique San Juan.

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