La rebelión de las rifeñas

Una mujer se dirige a las manifestantes durante una concentración en Alhucemas. / REUTERS
Una mujer se dirige a las manifestantes durante una concentración en Alhucemas. / REUTERS

La población del norte de Marruecos está acostumbrada a levantarse para reclamar sus derechos. Pero esta vez la revuelta social la lideran mujeres

JAVIER GUILLENEA

La conversación es telefónica. Al otro lado de la línea responde desde Alhucemas, en el norte de Marruecos, la voz de una mujer.

- ¿Usted participa en las protestas?

- Claro que salgo en las protestas -contesta ella un tanto sorprendida, como si le extrañara la idea de que alguien pueda pensar que existe la opción de no ir a las movilizaciones.

Saliha «Cuanto más gente detengan, peor para ellos. Al final nos van a quitar el miedo» Houssien El Ouariachi «Las rifeñas tienen agallas. Ellas han tomado ahora la iniciativa» José Luis Navazo «El sistema en Marruecos se está desestabilizando desde dentro»

- ¿No tiene miedo?

- Todos lo tenemos, pero hay que salir.

- ¿Por qué?

- Queremos justicia, que nuestros hijos tengan hospitales y una universidad para que no acaben en la delincuencia. Todo lo que pedimos es justicia, nada más.

La voz se ve silenciada por un ruido de fondo, una especie de estática que se adueña del auricular hasta que la comunicación se corta. Ella no ha tenido tiempo de decir su nombre y es muy probable que tampoco lo hubiera dicho por miedo a que su teléfono esté intervenido. Es una mujer anónima, como tantas que en octubre de 2016 salieron a la calle en el Rif para participar en unas protestas que han acabado liderando.

A veces basta con una chispa para cambiar un país o al menos removerlo. El Rif, un territorio situado en la franja costera de Marruecos entre Ceuta y Melilla, está que arde desde que al pescatero Mouhcine Fikri la Policía le confiscó media tonelada de pez espada en Alhucemas y arrojó la mercancía a un camión de la basura. El hombre se metió dentro de la caja del vehículo para tratar de recuperar lo suyo pero ya no volvió a salir. El conductor del camión accionó el mecanismo de la trituradora y Fikri murió aplastado. Muy a su pesar se convirtió en una chispa.

Su muerte causó una oleada de protestas que no han dejado de crecer desde entonces. Las calles de Alhucemas, el foco donde nació la rebelión, son estos días de Ramadán un hervidero de constantes movilizaciones que se han propagado por otros lugares del Rif y han encontrado muestras de solidaridad en poblaciones como Casablanca, Tánger o Tetuán. La novedad de esta marea no son las protestas sino las voces que gritan las consignas. Las mujeres rifeñas han dado un paso adelante y se han colocado en primera línea de un movimiento que amenaza con extenderse por todo el país. No solo participan sino que además lideran las manifestaciones, algo inusual en un país como Marruecos, cuyas autoridades han quedado descolocadas ante esta sorprendente novedad.

«Las mujeres están saliendo a la calle a protestar todos los días en Ramadán, salen desde analfabetas con hiyab hasta chicas de instituto con el pelo descubierto, es algo admirable», afirma la rifeña Saliha, militante en Madrid del comité de apoyo a Hirak, el Movimiento Popular del Rif, que nació el 28 de octubre del año pasado, día en el que murió el pescatero Mouhcine Fikri.

Su primer líder fue Nasser Zefzafi, un antiguo guardia de seguridad y gerente de una tienda de teléfonos móviles, actualmente en paro. José Luis Navazo, periodista español afincado en Tetuán, donde dirige el periódico digital 'Correo diplomático', lo describe como un hombre de 39 años «pasional, no islamista, que salta muy rápido y no tiene experiencia política». Es un hombre impetuoso que marcó su destino el 26 de mayo. Ese día quitó la palabra al imán de la mezquita Mohamed V de Alhucemas cuando comenzó a descalificar las protestas en el Rif. «El predicador leyó un comunicado del Gobierno contra Hirak y Nasser, que estaba rezando con unos compañeros, se calentó y respondió. Se puso a predicar y le dijo al imán que se ocupara de la religión, que para hacer política ya estaba la calle», recuerda Navazo.

El relevo

Nasser Zefzafi fue detenido el 29 de mayo junto a seis destacados militantes de Hirak acusado de una larga lista de delitos, entre ellos los de atentar contra la seguridad interior del Estado. La organización parecía descabezada pero en ese momento ocurrió algo inesperado. «Tras la detención de Nasser, las mujeres dieron un paso adelante, dijeron basta ya y tomaron el liderazgo», afirma Saliha.

El hueco que ha dejado el líder del movimiento lo ha ocupado Nawal Ben Aissa, una mujer de 36 años con cuatro hijos que se ha convertido en el símbolo de la revuelta. Ya ha visitado la comisaría y ha sido interrogada pero ella sigue tomando el megáfono tras cada concentración en Alhucemas para gritar consignas como 'Todos somos Zefzafi' o 'Viva el Rif'. «Es una chica normal y muy comprometida que ha estudiado Bachillerato pero tiene un gran carisma», señala José Luis Navazo.

Para el Gobierno de Marruecos no todo es carisma. Fuentes diplomáticas marroquíes en España sostienen que en las protestas de Alhucemas convergen «los intereses entre los provocadores de los disturbios y los traficantes de drogas a nivel internacional, que ofrecen material a los individuos sospechosos incitándoles a movilizar a la población de la región a alzarse contra las autoridades públicas».

Las mismas fuentes admiten que en un principio las reivindicaciones «eran legítimas, razonables y objetivas» y sostienen que el Gobierno ha realizado inversiones millonarias en el Rif y tiene previsto desarrollar en la región varios programas de desarrollo social y económico. También advierten de que «el Estado velará por imponer el respeto a la ley y castigar a los infractores para garantizar la seguridad de los ciudadanos y preservar la estabilidad de la región».

El Gobierno de Marruecos ha acusado de separatistas a los instigadores de las protestas, algo que niegan rotundamente los líderes de Hirak. «No estamos hablando de independencia sino de derechos básicos y de la liberación de las 107 personas que han detenido desde que comenzó la revuelta», recalca Saliha, que ejerce como portavoz del movimiento en Madrid.

Ángela Suárez Collado, experta en Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Salamanca, afirma que tras el comienzo de las protestas «la presencia militar en Alhucemas ha sido cada vez mayor». «Se han producido muchas detenciones en las últimas semanas», indica. A su juicio, tras el terremoto que sufrió Alhucemas en 2004 «hubo una intención clara de la monarquía de emprender planes de desarrollo de la región». Lo malo, añade, es que «los proyectos no se han reflejado en la vida diaria de la población».

Houssien El Ouariachi, periodista natural de Nador, insiste en que «las protestas van a seguir». «En cada localidad con un cierto peso hay manifestaciones todas las noches y ahora se está innovando, la gente organiza conciertos y piezas teatrales», dice. Todo ello con una creciente participación femenina. «La mujer rifeña es conservadora pero tiene agallas. Ellas son ahora las que han tomado la iniciativa», afirma Houssien.

«La revolución sin mujeres no es revolución», corrobora por teléfono Saliha, que avisa de que «esta conversación la están escuchando».

Nasser Zefzafi Lideró el movimiento Hirak hasta el pasado 29 de mayo, cuando fue arrestado por la Policía después de quitar la palabra al imán de una mezquita de Alhucemas que criticó la revuelta.

Nawal Ben Aissa Tras la detención de Nasser, esta mujer de 36 años ha tomado el relevo y se ha convertido en la cabeza visible de la rebelión social. Ya ha visitado la comisaría para ser interrogada.

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