Rafael Mateu: «Soy autodidacta, pero sé recomendar el mejor vino»

El selfi de Rafael, de 57 años, en Casa Morales./R.C.
El selfi de Rafael, de 57 años, en Casa Morales. / R.C.

Se ha dedicado intermitentemente al mundo de la hostelería cuando su trabajo relacionado con la moda no le iba bien; fabricaba, compraba y revendía ropa de señora pero no pudo competir ante el auge de los comercios chinos. No les guarda rencor; de hecho, los orientales son sus clientes favoritos, «tan respetuosos y educados». Lleva ya 14 años seguidos como camarero. Su primera vez fue en la Feria de Sevilla, luego un hotel, más tarde un pub, después un restaurante... Desde 2005, en bares de la capital andaluza, y una década que acaba de cumplir en la mítica Casa Morales, abierta desde 1850, de esas tabernas con cuentas a tiza apuntadas en la barra. «Bueno, las hemos cambiado por los ordenadores, y solo si hay un parón las usamos», admite. «Por aquí pasan a diario políticos, periodistas, muchos famosos. Ahora, el que más ilusión me hizo fue Matt Damon, al que reconocí bajo su gorra, con la que quería pasar desapercibido». Como camarero de la vieja escuela, no tiene titulación ni la necesita frente a su amplia experiencia y la dedicación y entrega que pone en su curro. «Soy autodidacta, un capricornio perfeccionista. Y me encanta aprender. Con lo que más disfruto es con los vinos, he investigado mucho y aconsejo a los clientes, sobre todo a los extranjeros, que no suelen saber. Los compañeros me llaman si se trata de recomendar un vino». De su trabajo le gusta «todo»; bueno, menos los horarios esclavos. Y aquí se abre un paréntesis en la alegre vida del camarero para recordar que si hay una profesión que se parece a la del payaso que llora por dentro mientras mantiene la sonrisa es esta; Rafael puede hablar de fracaso matrimonial, de hijos ya mayores con los que le gustaría haber estado más tiempo, de no tener vida social, de caer en la depresión...

Pero no crean que se ceba en el tema, es uno de esos camareros alegres y simpáticos siempre dispuesto a contentar al cliente. «Evidentemente, cualquiera no vale para esto por muchos motivos. Lo ideal sería pasar por una formación, pero si tienes experiencia amplia eso debe bastar», opina en relación al debate sobre si esta profesión debería exigir mayor grado de aprendizaje. Su sueldo es poco más que mileurista, más las horas extras que pueda meter y los 50 eurillos semanales que cada trabajador se embolsa por las propinas. ¿Lo que más le gusta? «Que la gente me valore».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos