Así puedes ayudar a combatir la sequía desde casa

Así puedes ayudar a combatir la sequía desde casa

Ahora que la humedad hace por fin acto de aparición, cuatro especialistas ofrecen sus consejos para lograr una gestión sostenible del agua. El principal: «Usarla como si nos faltara siempre». En la época reciente, solo el año 1981 fue menos lluvioso que el actual

JOSEBA VÁZQUEZ

Cuatro expertos nos hablan de todo esto y aportan sus recomendaciones para mejorar la gestión y alcanzar el «uso racional y sostenible» de un recurso tan esencial.

- «Menos da una piedra, pero estábamos y estamos en situación de sequía». Ana Casals, meteoróloga y portavoz de AEMET (Agencia Estatal de Meteorología), no descubre nada que no esté a la vista, pero aporta datos más concretos. «El período de lo que va de año, desde el 1 de enero hasta el 30 de noviembre, es el segundo más seco registrado desde 1981. La precipitación acumulada en España ha sido de 409 litros por metro cuadrado, un 27% del valor promediado en ese tiempo». Aún peor, en la suma de octubre y noviembre, se han contabilizado solo 63 litros por metro cuadrado, «un 58% menos de lo normal en esos dos meses, que suele ser de 150 litros». «Hablo en conjunto -agrega Casals-. En la mayor parte del territorio nacional las precipitaciones están por debajo del 50% de su media y en amplias zonas no alcanza el 25%». Todo ello teniendo en cuenta las lluvias y nevadas que se dieron en algunos lugares del país a finales de la pasada semana. Ernesto Tejedor, investigador del Grupo de Clima de la Universidad de Zaragoza, ha comprobado mediante un estudio realizado con los anillos de los árboles que «ocho de los diez años más secos en España se han dado en el último medio siglo». Su informe abarca únicamente a bosques del Sistema Ibérico turolense, pero resulta indicativo.

- «La sequía es un fenómeno natural que se ha producido durante decenas de miles de años en la Península Ibérica y se seguirá produciendo», recuerda Julio Barea, de Greenpeace. «Luego -añade- hay dos factores que influyen: uno, que este va a ser uno de los lugares más afectados por el cambio climático, con un aumento de la temperatura y descenso de las precipitaciones; y dos, la población ha aumentado y, con ella, el uso y presión que hacemos sobre los recursos hídricos». «Este es un país de sequías -corrobora la meteoróloga Casals-. El 54% del tiempo de los últimos treinta años hemos sufrido situación de sequía». Ernesto Tejedor apunta uno de los efectos más incisivos del cambio climático, la evapotranspiración. «El agua se evapora antes por el aumento de las temperaturas. Con idéntica precipitación, tendremos menos agua en el suelo si la temperatura es mayor».

- Responde Juan Ignacio Diego Ruiz, presidente de la Confederación Hidrográfica del Duero. «Es aventurado concretar fechas. Octubre y noviembre han resultado muy secos, pero la tendencia puede invertirse si a partir de ahora llueve de forma persistente y nieva en las cordilleras de montaña. Todavía existe margen para recuperar la normalidad, aunque entiendo la incertidumbre de la opinión pública en general, y de colectivos como los agricultores, en particular. Así, con un nivel medio de precipitaciones de aquí a abril, según nuestras simulaciones, basadas en registros de entrada de las últimas décadas, el llenado de los embalses podría llegar a primavera con un volumen aceptable de su capacidad, bien por encima de la mitad». Ana Casals matiza que «depende mucho de dónde y cómo llueva; si lo hace cerca del mar, ese agua acaba en él».

- «No». Ana Casals, la voz más cualificada para esta respuesta, es tajante. «El cambio climático va a modificar los regímenes pluviométricos de forma general. Habrá mayor riesgo de sequías y también aumento de precipitaciones intensas. Pero, al margen de esto, nuestro régimen de precipitaciones está dado por la Oscilación del Atlántico Norte (NAO). Este hace que a veces el anticiclón de las Azores esté más al norte y no deje pasar las borrascas, con lo que en el norte de Europa hay más humedad de lo habitual y en el sur, en cambio, un tiempo más frío y más seco de lo que suele ser normal. Y sucede que no sabemos muy bien cómo funciona esto de la NAO. Es un fenómeno natural que, si se ajusta a un patrón, no está suficientemente estudiado».

- «Una sequía se gestiona cuando tenemos agua». La frase le ha salido redonda al ecologista Julio Barea. «Hay una falta de previsión política porque sabemos que la sequía se va a producir; no sabemos cuándo, pero sí que se va a producir. Se ha primado satisfacer las demandas, por insostenible que sea. Hay que gestionar bien un recurso escaso y no despilfarrar. Por poner un ejempo: hay cerca de un millón de pozos sin control e ilegales en el Estado que se deberían cerrar». La réplica a esta opinión la da Juan Ignacio Diego, directamente aludido en la cuestión: «En el caso de la Confederación Hidrográfica del Duero, durante el año 2017 se ha incrementado la comunicación con los principales usuarios, regantes y municipios, para informar en cada momento de la evolución real de la situación. A primeros de abril, se explicó con detalle que en determinadas zonas regables se dispondría de menos volumen de agua. Por tanto, no es posible hablar de imprevisión ni de gestión errónea cuando se ha podido desarrollar la campaña de riego, y se está atendiendo el abastecimiento humano».

- «Aunque no puedo confirmar la certeza total del dato, algunas estimaciones lo cifran alrededor del 25%. Debe ser una prioridad de los ayuntamientos conservar correctamente y renovar sus redes de distribución para evitar que se den pérdidas. De hecho, supone una de las medidas habituales en los planes de emergencia frente a la sequía que, en cumplimiento del Plan Hidrológico de la Cuenca del Duero, han de elaborar los municipios de más de 20.000 habitantes». Lo dice Juan Ignacio Diego.

- «Sin ninguna duda, a corto plazo el futuro pasa por seguir avanzando en la modernización de los regadíos, por la innovación para lograr un aprovechamiento más eficiente de los recursos. Se puede hacer más con menos gracias a sistemas eficientes como la aspersión o el goteo», admite el presidente de la CHD. Julio Barea corrobora esta visión, pero con un matiz: «No se puede demonizar al pequeño agricultor, que es el principal perjudicado por la sequía. El mayor consumo corresponde a las grandes empresas exportadoras. Sobre el riego por goteo, ya se hace, especialmente en el sur, pero lo que se ahorra se emplea para ampliar regadíos. Tenemos 3,5 millones de hectáreas de regadío; es una barbaridad».

- «Desde luego, trasvases no. Y más pantanos, tampoco», sentencia Barea. «Somos el país con más embalses per cápita del mundo, casi 1.300. Y la desalinización es cara; sería el último recurso». «Necesitamos educación, educación y educación -recalca Ana Casals-. Desde el colegio, en las familias... Usar el agua como si faltara siempre». Coincide plenamente Ernesto Tejedor: «Hay que tratar de ser eficientes al máximo y cada uno consumir lo mínimo posible. Pero deberíamos hacerlo cada día, no solo ahora».

- «Se probó en los años ochenta, pero no hubo un resultado claro de que fuera efectivo. Lo hacen en algunos países, pero aquí no dio garantías y resulta caro», afirma Ana Casals. «Hay mucho debate con eso; se cuestiona su efectividad -asiente Tejedor-. A veces se hace en enología más para lo contrario, para evitar que el granizo destroce la uva».

- «El precio del metro cúbico de agua potable para uso doméstico está en 2,18 euros, cifra que supone un 35% de la media europea, y que dista mucho de los 7 euros que se pagan en Dinamarca -detalla Juan Ignacio Diego Ruiz-. Por su parte, el importe del metro cúbico de agua de riego, ya sea dentro del canon o la tarifa, varía en España según las zonas y la necesidad de amortizar y mantener infraestructuras. Se aprueba anualmente en las juntas de explotación de cada sistema, donde están presentes los usuarios. Realmente, no valoramos un bien lo suficiente hasta que escasea. Por eso, con el compromiso de todos, es preciso moderar el consumo y conseguir un uso eficiente y sostenible».

- «Cierto -dice Julio Barea-. No sé ni cómo calificar que haya quien plantee la construcción de la mayor playa artificial de Europa en Alovera, en la provincia de Guadalajara, un sitio superárido. O de campos de golf en zonas secas, o cultivos de maíz, que es una planta tropical que consume muchísima agua».

Casi todo está en el aire. ¡No digamos en lo climatológico! Si diciembre responde a su tradicional condición de mes más generoso del año en precipitaciones, y si la meteorología se comportara según los registros «medios» hasta abril, los escurridos embalses españoles alcanzarían «un volumen aceptable de su capacidad» para la segunda mitad de la primavera, según algunos expertos. Ahora bien, la tónica reciente no invita al optimismo. Octubre y noviembre han aportado únicamente 63 litros por metro cuadrado, un 58% menos de los 150 habituales en dicho periodo. La lluvia y la nieve caídas los últimos días en algunas zonas del país han representado apenas un humedecer de labios para el sediento que se deshidrata en el desierto.

Así, los recursos hídricos se mantienen hoy en su conjunto al 36,46%, un porcentaje solo rebajado en 1995, cuando las reservas cayeron al 26,4%. Tres cuencas destacan tristemente por su pobre capacidad actual: Duero (28,67%), Júcar (24,93%) y Segura (13,50%). Solo un año, 1981, fue más seco que el actual en sus once primeros meses, lo que ha derivado en restricciones de agua en un territorio tradicionalmente húmedo como Galicia.

¿Caprichos de la naturaleza? ¿Calamidades del cambio climático? No solo. Con cerca de 1.300 embalses y una de las facturas de agua más económicas de Europa, España dedica el 85% de sus depósitos hídricos a la agricultura y la ganadería, ha incrementado en una quinta parte su regadío en los últimos dieciocho años y ve cómo en torno al 25% de su líquido elemento se fuga por las grietas de una red de distribución manifiestamente reparable.

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