A los pies del maestro del calzado

El diseñador Manolo Blahník, delante de varios de sus zapatos. Abajo, el par denominado 'Lagartija'. / Alberto Ferreras
El diseñador Manolo Blahník, delante de varios de sus zapatos. Abajo, el par denominado 'Lagartija'. / Alberto Ferreras

Manolo Blahník, el genio de los zapatos, expone dos centenares de sus creaciones en el Museo Nacional de Artes Decorativas

GLORIA SALGADO

«Solo soy un dibujante de zapatos». Así se define Manolo Blahník (Santa Cruz de La Palma, 1942), artífice de los deseados 'Manolos', apodo que él odia porque «parece un nombre de bar o de empresa de transportes». A sus millones de fieles les da igual a lo que suene. Para ellos, y hasta el 8 de marzo, el Museo Nacional de Artes Decorativas, en Madrid, acoge la retrospectiva 'Manolo Blahník: el arte del zapato', en la que se exhibe una selección de 212 prototipos de zapatos -todos de la talla 37- seleccionados de un archivo de 30.000 piezas y 80 bocetos originales.

Una muestra que llega a España tras pasar por el Palazzo Morando de Milán, el Museo del Hermitage de San Petersburgo y el Kampa en Praga. Sin embargo, ha sido en su país donde se ha realizado un trabajo más exhaustivo gracias a Vogue, cuyo equipo ha estado dos años realizando las gestiones para conseguir piezas que den más significado a la muestra, como un manuscrito original de Federico García Lorca, una de sus inagotables fuentes de inspiración, o una edición limitada de Madame Bovary, novela que no se cansa de leer y con la que se siente muy identificado.

Entre sus obsesiones destaca la parte dedicada a su España, la que resumen el tándem formado por Lola Flores -cuya familia ha prestado una peineta- y la duquesa de Alba. Una foto de ambas preside la sala en la que los zapatos transmiten su visión de El Escorial -su monumento clave-, Goya, María Luisa de Parma o la austeridad de Zurbarán. Aunque, cuentan, también gusta de cantar a Concha Piquer en cuanto tiene oportunidad.

La comisaria de la exposición, Cristina Carrillo de Albornoz, que ha trabajado mano a mano con el artista durante años, asegura que, lejos de su imagen fría, «es el mejor embajador de España y ha conseguido crear un universo infinito». Un buen ejemplo son los dos años que dedicó a estudiar a Alejandro Magno para plasmar su esencia en una bota cuajada de detalles.

Tanto Carrillo de Albornoz como Eugenia de la Torriente, directora de Vogue España, coinciden en que él nunca se da importancia. «Es demasiado humilde». Un rasgo de su personalidad que se hizo patente durante la presentación de la retrospectiva. Ante los halagos de ambas, Blahník no paraba de hacer aspavientos restando importancia a los comentarios mientras se acariciaba la espalda con la mano derecha. «Me he caído y me he debido romper», se excusaba. «Ya estoy un poco 'cancaneante'», manifestaba al ser preguntado por el oficio que hubiese desempeñado de no ser diseñador: «Cantero», exclamó para sorpresa de los presentes.

«Es exuberante, efervescente, único, complejo, lleno de fantasía y con unas asociaciones mágicas que hacen pensar que su cerebro va a otra velocidad». Así resume De la Torriente al genio y así es la exposición, que permite comprender la visión personal del diseñador sobre el calzado: una fusión entre belleza y funcionalidad que va más allá de la moda para acercarse al arte.

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