La neutralidad de la Red libra una nueva batalla

Una mujer protesta en Washington con una pancarta que reza 'Salvad la Red'./Alex Edelman / AFP
Una mujer protesta en Washington con una pancarta que reza 'Salvad la Red'. / Alex Edelman / AFP

Los operadores podrán cobrar más o dificultar a los usuarios el acceso a determinados contenidos

ARANTXA HERRANZMADRID

Estados Unidos ha acabado con lo que se conocía como neutralidad de la Red, que impedía a los proveedores de banda ancha ralentizar el acceso a determinados sitios o exigir más dinero (a empresas y/o consumidores) para que fueran más rápidos. Los efectos de esta decisión aún podrían tardar meses en percibirse y la lucha se prevé larga, puesto que la decisión va a ser recurrida, también ante los tribunales.

La Comisión Federal de Comunicaciones votó el jueves pasado acabar con las llamadas reglas de neutralidad de la Red, lo que abre la puerta a experiencias de consumidores muy diferentes en internet. Hasta ahora, los operadores de telecomunicaciones no podían cobrar más (a proveedores o consumidores) por acceder a determinados sitios. Tampoco podían poner trabas u obstáculos en estas autopistas de la información, algo que podría haber llegado a su fin con esta decisión.

Bajo el mandato de Barack Obama se reguló que los proveedores de servicios en internet tratasen el tráfico por igual, evitando que bloqueasen o interfirieran en el acceso a sitios web, aplicaciones u otros recursos específicos.

A partir de ahora, y bajo estas nuevas reglas, denominadas 'Restaurando la libertad de internet', la agencia elimina estas restricciones, aunque exigirá a las compañías de banda ancha que informen de si están bloqueando o estableciendo rutas rápidas para cierto tráfico.

La Administración Trump defiende esta medida con dos argumentos: que favorece la competitividad del mercado, puesto que los proveedores de banda ancha tendrán más incentivos para construir redes, especialmente en áreas marginadas, y que esto da más transparencia a los consumidores, quienes podrán decidir cambiar de proveedor si no están de acuerdo con las políticas del suyo.

Si aplicáramos estas medidas en nuestro país, eso podría conllevar que, por ejemplo, Movistar o Vodafone ralentizaran el acceso al contenido a Netflix o HBO para promover su propio sistema de televisión. O que hicieran que para el usuario fuera más fácil consultar su correo en servidores Microsoft que en aquellos alojados en Google.

Pese a la luz verde a esta polémica decisión, la entrada en vigor de estas medidas podría demorarse durante semanas o meses. De hecho, se espera que haya varias demandas en contra de esta decisión ante diferentes tribunales y no se descarta que el Congreso quiera discutir y aprobar que la neutralidad de la Red sea una norma de obligado cumplimiento.

Además, las compañías de banda ancha más grandes de Estados Unidos, como Comcast y AT&T, saben que están en el punto de mira, por lo que se han apresurado a prometer que los consumidores no verán un cambio en cómo experimentan la web. De hecho, se prevé que sean especialmente cuidadosas con los cambios en los planes de servicio. Tanto que no se descarta que, cuando tomen estas medidas, lo hagan de forma invisible para los consumidores.

Por eso, aún no se sabe cómo la eliminación de la neutralidad de la Red afectará realmente a usuarios, empresas de telecomunicaciones, grandes tecnológicas o nuevas empresas. Los opositores a esta aprobación advierten de un bloqueo y estrangulamiento generalizados. Auguran una internet de dos velocidades, con carriles rápidos de pago que podrían beneficiar a las grandes compañías como Netflix y Google.

La neutralidad de la Red ha abierto una nueva batalla que puede prolongarse durante meses.

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