Un negocio abrasador

Una de las imágenes promocionales de los lanzallamas que Musk vende por encargo./R. C.
Una de las imágenes promocionales de los lanzallamas que Musk vende por encargo. / R. C.

El visionario Elon Musk ha vendido en cuatro días 20.000 lanzallamas, que comercializó por una apuesta. Dice que son excelentes contra los zombis

FERNANDO MIÑANA

Elon Musk nunca ha sido una persona convencional. El fundador de PayPal, Tesla o SpaceX compró su primer ordenador con diez años, aprendió a programar de manera autodidacta y a los doce ya había vendido un juego de 'marcianitos' desarrollado por él. Le pagaron 500 dólares que gastó, gustoso, en juegos de rol y cómics de 'Batman', 'Iron Man' y el 'Doctor Strange'. A esa edad no solo se entretenía con las aventuras de sus superhéroes favoritos; antes de la adolescencia también empezó a leer a Schopenhauer y a Nietzsche.

Aquel chaval dejó Sudáfrica en cuanto pudo y ahora, décadas después, vive en Bel Air rodeado de fastuosas mansiones en el barrio pijo de Los Ángeles. También está considerado como un gurú en Silicon Valley dirigiendo empresas punteras y hasta futuristas. Pero lo que nadie se esperaba, por muy atípica que haya sido su existencia, es que diera el golpe vendiendo lanzallamas. Y no uno ni diez ni cien. Musk ha colocado 20.000 en cuatro días. Una operación que le ha reportado diez millones de dólares (unos ocho millones de euros al cambio).

La venta ha sido tan poco usual como el producto. Su lanzamiento se ha producido desde una empresa excavadora que fundó Musk, The Boring Company, después de desesperarse en un monumental atasco en la ciudad de Los Ángeles. Allí, impotente y aburrido, ideó una compañía encargada de crear una red de túneles que sirviera para aligerar el tráfico de la megalópolis californiana, aunque aún no han perforado ni un agujero.

Para manchar el libro de cuentas sacó a la venta unas gorras con el logotipo de la empresa y se le ocurrió una idea que avivara su venta: si la gente compraba 50.000 unidades, prometía sacar al mercado un lanzallamas. La clientela cumplió y, uno a uno, pagaron veinte dólares por la dichosa gorra. A lo tonto, a lo tonto, The Boring Company acababa de facturar su primer millón de dólares. Nadie creyó que el empresario que fantasea con crear algún día una colonia en Marte cumpliría su promesa pero, hace unos días, este emprendedor nacido en Pretoria hace 46 años lanzó un sorprendente tuit a los 18,4 millones de personas que siguen su perfil: «Di hola a mi nuevo amiguito» y lo adjuntaba a una fotografía de un lanzallamas blanco con el nombre de la empresa.

Locura o genialidad

The Boring Company asegura que el arma, que se ha vendido por 500 dólares (unos 400 euros), lanza una vaharada de fuego que no llega a los tres metros y que se atiene a la normativa de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de los Estados Unidos. Y, por si acaso, anuncia que añadirá un extintor gratuito con cada pedido. Antes lanzó un eslogan grotesco: «Cuando llegue el apocalipsis zombi estarás contento de haberte comprado un lanzallamas». Musk fue anunciando cada cota que iba alcanzando en esta sorprendente escalada de ventas -siete mil, diez mil, quince mil...- y cuando cumplió su objetivo, los veinte mil, tuiteó: «Lanzallamas agotados».

La broma, con zombis o sin ellos, le ha supuesto una facturación de diez millones de dólares. Calderilla para un hombre con una fortuna estimada en 21.000 millones de dólares (unos 16.800 millones de euros), el número 21 del mundo según la lista elaborada por la revista 'Forbes'.

Más allá de las gorras y los lanzallamas, The Boring Company mantiene en la portada de su página web el último sueño de Musk: una plataforma instalada en determinadas calles de Los Ángeles sobre la que el conductor sitúa su vehículo, que es descendido hasta uno de los numerosos túneles habilitados en el subsuelo y propulsado a 200 km/h hasta su destino, donde emerge de nuevo a la superficie. Una idea para combatir los proverbiales atascos de Los Ángeles que nadie sabe ya si es una genialidad o simplemente una fantasía inviable.

Mientras, seguirá con sus tres fijaciones vitales: internet, las energías renovables y el espacio. A ellas ha consagrado su vida. Porque su objetivo, quizá algo megalómano, es cambiar el mundo, frenar el calentamiento global y sustituir los combustibles fósiles por las fuentes limpias de energía. Quiere dejar ese legado a sus cinco hijos -gemelos y trillizos nacidos en solo dos años- y, por si acaso su vida se convierte en un guion de 'Walking Dead', él aporta una solución a golpe de fuego: «¡Funciona contra hordas de muertos vivientes o te devolvemos tu dinero!».

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