El móvil que mece la cuna

Cada vez es más común la imagen de un bebé ensimismado en la contemplación de un móvil o una tablet./R. C.
Cada vez es más común la imagen de un bebé ensimismado en la contemplación de un móvil o una tablet. / R. C.

Dar a un niño un 'smartphone' para que deje de llorar es un remedio que nunca falla.El problema es que puede convertirse en un adicto

En un tiempo cada vez más perdido en la memoria las madres se asomaban al anochecer al balcón y gritaban a sus hijos que era la hora de la cena. Rara vez se cumplía a la primera la orden de subir a casa de inmediato. Los niños hacían todo lo posible para hacerse los sordos y seguir a lo suyo, que era jugar.

Eran otros tiempos. «Ahora a muchos padres les cuesta conseguir que sus hijos salgan a la calle», explica la psicóloga Amaya Terrón. Total, para qué exponerse a las incomodidades de la vida real si entre las cuatro paredes de su habitación, con un móvil al alcance de la mano, los jóvenes tienen todo lo que les hace falta para vivir una existencia perfecta. No necesitan más, disponen de todos los mundos que puedan desear y sean capaces de imaginar, algo que en el exterior nunca podrán conseguir.

Las nuevas adicciones

Síntomas
La adicción se manifiesta en una necesidad de estar siempre cerca del móvil o del ordenador y está directamente relacionada con el fracaso escolar. Los jóvenes pierden interés por sus viejas aficiones, duermen poco, no les apetece salir de casa y se distancian de su familia y sus amigos. A diferencia de otro tipo de adicciones, solo son reconocibles cuando la situación es extrema. 7 de cada diez niños españoles de 12 años tienen un 'smartphone'. A los 14 el porcentaje de los que poseen este aparato asciende al 93%. Se calcula que el 99% de los jóvenes españoles accede a internet a diario desde su móvil.
Tratamiento
«Les hacemos poner el foco no en lo que hacen sino en lo que creen que están perdiendo», dicen en Proyecto Hombre. Cuando los jóvenes asumen su responsabilidad se controla su uso de los móviles, lo que implica a unos padres que a menudo también tienen que controlarse.
Males de espalda
Los pediatras han lamentado «el uso excesivo y cada vez más precoz de móviles, tabletas y ordenadores por parte de los niños». Advierten de que un mal uso de estos dispositivos «puede generar problemas físicos como dolor de espalda, fatiga ocular o insomnio».

Dos de los mayores inversores de Apple han instado recientemente a la empresa fabricante de iPhones, entre otros muchos aparatos, a tomar medidas contra lo que califican de «creciente adicción» a los móviles entre los niños. A su juicio, el abuso de este tipo de dispositivos por parte de la infancia «puede provocar efectos negativos en su salud mental y física». La advertencia de estas dos personas, que surge desde Silicon Valley, el mismo corazón de las nuevas tecnologías, es solo una muestra de la creciente preocupación por los efectos de un fenómeno que está llenando en todo el mundo las consultas de los psicólogos. Cada vez hay más adolescentes que solo saben vivir a través de su 'smartphone' y que ya ni siquiera se plantean la existencia sin él.

«Cada vez atendemos a más jóvenes y cada vez empiezan antes» Luis Bononato - Proyecto Hombre

«Estamos creando autómatas introvertidos y obesos» Amaya Terrón - Psicóloga

Es un incremento que está notando Proyecto Hombre, que ha visto cómo en solo tres años los jóvenes con problemas de adicción a las nuevas tecnologías que han acudido a pedir ayuda se han multiplicado por veinte. «Cada vez hay más y cada vez empiezan antes», afirma Luis Bononato, presidente de la organización.

A Proyecto Hombre se presentan, de la mano de sus padres, adolescentes de 16 años de media «con problemas de aislamiento y de comunicación familiar, que han dejado de lado sus aficiones y a sus amistades y que han pasado de rendir bien en el colegio a tener fracaso escolar», explica Bononato. Estos jóvenes, añade, «son conscientes de que usan demasiado las nuevas tecnologías pero no de sus consecuencias».

«Arma potente»

Entre los expertos hay discrepancias a la hora de calificar de adicción o no el uso abusivo de los móviles o las redes sociales. Para el catedrático de Psicología de la Universidad del País Vasco Enrique Echeburúa es «un debate secundario». Lo que importa, dice, es que «hay un creciente grupo de personas que tiene problemas con las nuevas tecnologías y que este fenómeno va a ir a más».

Los psicólogos recuerdan que la tecnología no es buena ni mala en sí misma, lo importante es no abusar de ella. «Las nuevas tecnologías han contribuido a nuestro desarrollo pero son un arma muy potente. Nunca hemos visto un instrumento que permita tal cantidad de oportunidades positivas y negativas», afirma Echeburúa. Para el psicólogo especializado en adicciones Pedro Gómez «si a un niño no se le explica lo que es un móvil es como si le dieras una pistola». Y es justamente eso lo que se está haciendo. «Los móviles se deben utilizar a partir de los doce o catorce años de edad y, sin embargo, son el regalo estrella de las comuniones», se queja Gómez.

Hay una imagen cada vez más común en nuestras calles. Es la de unos padres que a su hijo de pocos años, aún en coche de niños, le ponen en las manos un móvil para que deje de llorar. El efecto es tan rápido que llega a ser inquietante, es como si el pequeño quedara anestesiado. «Encuentro padres que para dar de comer a sus hijos de 3 años les ponen una película en una tablet», señala Amaya Terrón. Los niños no solo lo devoran todo sino que ni siquiera miran lo que hay en el plato. «Comen con el piloto automático puesto, lo que hacen es engullir sin ser conscientes de lo que están tomando ni de su sabor, no sienten cuándo se sacian ni toman conciencia de cuándo tienen que parar, no aprenden a hacerlo». El resultado, sostiene la psicóloga, es «un aumento de la obesidad entre los niños».

Enchufados

A este problema se le suma «el incremento de los índices de autismo entre la población infantil», agravados por la interacción con un ambiente poco dado a la comunicación en el que «los padres, como no tienen tiempo, enchufan a los hijos». Llegados a este punto, el diagnóstico de Amaya Terrón es desalentador. «Estamos haciendo niños introvertidos, autistas y obesos, estamos creando autómatas que no son conscientes de sus necesidades, que no viven sino que sobreviven».

Para evitar preocupaciones innecesarias, los psicólogos se apresuran a asegurar que un joven que utiliza mucho su móvil no se convierte automáticamente en adicto. Los que están en una zona de mayor riesgo, afirma Echeburúa, son «los tímidos, los que se hallan socialmente aislados y se montan un mundo de ficción que puede llegar a suplantar una identidad real».

Acaban viviendo en lo que Pedro Gómez llama «un paraíso artificial». Es un lugar en el que nadie les lleva la contraria y las frustraciones no existen ni siquiera en los videojuegos, que están diseñados, dice Amaya Terrón, «para que siempre haya una gratificación y no pierdas completamente, cuando la realidad no es así».

Enredados en un universo en el que la felicidad solo existe en la vida que los demás muestran en internet, muchos jóvenes caen presos de la ilusión de ser quienes no son. El suyo es un mundo sin contacto físico en el que «las emociones se comunican con emoticones, que no son equivalentes a un abrazo o un beso», indica Enrique Echeburúa. Para los jóvenes que comienzan a llamar a la puerta de las consultas de los psicólogos, una sonrisa ya no se esboza en un rostro sino que se envía a distancia con un golpe de clic. «Las sonrisas -dice Amaya Terrón- se hacen ahora con emoticonos».

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