La Moreneta que 'parla' español

El monasterio de Montserrat se encuentra en la madrileña calle de San Bernardo./Óscar Chamorro
El monasterio de Montserrat se encuentra en la madrileña calle de San Bernardo. / Óscar Chamorro

Pegado a Malasaña se levanta el monasterio de Montserrat, fundado hace cuatro siglos por monjes castellanos expulsados de la histórica abadía catalana. Ambas comunidades están formadas por benedictinos. «Nos llevamos bien»

JOSÉ ANTONIO GUERRERO

En el corazón de Madrid también se reza con fervor a la Moreneta. Y no en catalán, sino en el idioma de Cervantes. A dos pasos del barrio de Malasaña y la Gran Vía, la patrona de Cataluña tiene un alma gemela con una curiosa historia detrás. Ahí se erige otro monasterio de Montserrat (solo hay dos en España), cuya existencia no se entiende sin el que da nombre a la montaña sagrada del catalanismo. Ambas abadías comparten la misma adoración a la Virgen negra y sus monjes pertenecen a la orden de los benedictinos, aunque a congregaciones distintas: los de Madrid, a la francesa de Solesmes y los de Barcelona, a la italiana de Subiaco, fundada por el propio san Benito en el siglo VI.

En esta especie de derbi espiritual ganan por goleada los catalanes (59 almas frente a las 8 del Montserrat más castizo), quienes se encargan de despejar con fe y deportividad cualquier atisbo de rivalidad: «Tanto ellos como nosotros jugamos en la misma liga, que es la del Evangelio. Todos tenemos el mismo objetivo común que es difundir la Palabra de Dios», cuenta desde Barcelona un portavoz de Montserrat.

No era ni por asomo esa llamada a la fraternidad la que presidía las relaciones de unos y otros en el siglo XVII. Todo lo contrario, eran terribles, lo que desembocó en el cisma que explica la existencia de los dos monasterios. Efectivamente, el de la madrileña calle de San Bernardo tiene un origen peculiar, pues fue fundado por monjes procedentes de la abadía catalana que fueron expulsados de allí por ser castellanos. No se trata de tentar a la historia, ya de por sí azarosa, ni de trazar incómodos paralelismos entre aquel proceso y el actual 'proces', pero la desbandada de empresas y declaraciones como la de Isabel Coixet («Nos están echando de Cataluña») abre la puerta a contar el encontronazo religioso y posterior éxodo que tuvo lugar hace casi 400 años.

«Quien vea cualquier coincidencia con la actualidad se equivoca porque eso sucedió hace cuatro siglos», subraya desde Hospitalet de Llobregrat el escritor Ireneu Castillo, autor de 'La cara B de la Historia' (Ediciones Ven y te lo cuento) y del blog Memento Mori, donde da rienda suelta a su pasión por las curiosidades de la historia contadas de forma didáctica y rigurosa, entre ellas episodios como el que ocupa estas líneas. Recuerda Ireneu que Montserrat, levantado en el siglo XI, era el principal centro benedictino de Cataluña y mantuvo una sólida independencia hasta 1493, cuando Fernando el Católico 'empotró' en el cenobio montserratino a catorce monjes de Valladolid, e hizo que el monasterio, que manejaba riqueza e influencia, pasara a depender de la jurisdicción castellana. Las relaciones entre los históricos y los nuevos nunca fueron fáciles. Con el desembarco pucelano, el poder de los catalanes se diluyó, su lengua dejó de ser la 'oficial' en los cánticos y en los documentos oficiales y el cabreo fue 'in crescendo'. «Los unos por los privilegios perdidos (aunque se escogían algunos priores catalanes, la mayoría eran castellanos y la comunidad hacía lo que ellos dictaban con el beneplácito de la corona), y los otros por la continua oposición de los monjes catalanes a los cambios que venían desde Valladolid. Hasta que todo petó», describe gráficamente Ireneu, que empezó a tirar del hilo de esta historia de hostilidades intramuros hasta llegar a 1640. Ese año se desencadena la Guerra dels Segadors, también conocida como la sublevación de Cataluña, en la que el pueblo, harto de sostener al ejército español en su continuo batallar con los franceses en suelo catalán, se levanta en armas contra Felipe IV y cede su soberanía al rey galo Luis XIII. «En todo ese meollo», sostiene Ireneu, «la Generalitat toma el mando político del país y, conociendo el problema que rondaba en Montserrat hacía más de un siglo, procede a la expulsión por decreto de todos los monjes castellanos que allí se alojaban».

El 16 de febrero de 1641 se firma la orden y pocas semanas después medio centenar de benedictinos castellanos recogen sus cosas del santuario y ponen rumbo a Madrid, donde Felipe IV les da permiso para erigir un monasterio propio dedicado, cómo no, a la Moreneta. Aunque se establecen como comunidad en 1642, las obras de su nuevo hogar no comienzan hasta 1668, ya reinando Carlos II.

Cárcel de mujeres

El monasterio madrileño fue proyectado con aires de grandeza, pero las arcas reales no dieron más que para levantar las fachadas y una de las dos torres (un monumental campanario firmado por Pedro de Ribera), y así se ha quedado. Desde 1740, fecha en que las obras se pararon definitivamente, hasta ahora, el cenobio capitalino ha sufrido un rosario de vicisitudes. En 1836, con la desamortización de Mendizábal y el abandono de los monjes benedictinos, se convirtió en cárcel de mujeres (La Galera, le llamaban) y durante la Guerra Civil se transformó en salón de baile, con el consiguiente destrozo de su solería. Hoy ya no hay bailes, pero sí canto gregoriano con el que los ocho monjes benedictinos que lo habitan deleitan a los fieles en la misa dominical de doce, a cuyo término entonan el 'Virolai', el bellísimo himno a la Virgen de Montserrat, que, con ese conjunto de gargantas educadas en el Monasterio de Silos, pone los pelos de punta. En esa composición poética en honor a la Moreneta hay letras cargadas de lirismo que, a veces, despiertan sentimientos encontrados. Hay quienes ponen el acento en estrofas como 'De los catalanes siempre seréis Princesa, de los españoles Estrella de Oriente', mientras que otros enfatizan esa otra que dice 'Iluminad la tierra catalana y guiadnos hacia el Cielo'. «Nosotros lo cantamos en castellano», detalla el burgalés José María Ruiz, prior del monasterio madrileño, que para evitar equívocos puntualiza que los monjes de su monasterio «no somos catalanes». Son casi todos burgaleses procedentes de Silos y mantienen las distancias con sus hermanos catalanes porque al ser de congregaciones distintas, no coinciden en las reuniones de sus asambleas anuales. «Jurídicamente no tenemos relación y la verdad es que tampoco nos conocemos mucho», dice el prior, que sí aclara que el monasterio tiene las puertas abiertas para acoger a todos los monjes que necesiten pernoctar en Madrid. De hecho la 'casa' funciona como convento de paso para los religiosos que transitan por la capital. A pesar de su advocación a la Moreneta, ninguno de los oficios se hace en catalán, «porque los feligreses nunca nos lo han pedido», explica el padre Ruiz, al que tratamos de poner en un recurrente apuro futbolístico:

- ¿Y cuando el Barça juega contra el Madrid...?

- Lo que sea con tal de que pierda el Madrid, jajajaja.... yo solo quiero que gane el Athletic de Bilbao, que es mi equipo... bueno, y que suba el Burgos, que anda en Segunda B.

Campanas silenciadas

Ya hace largos años que el templo madrileño perdió la costumbre diaria de repicar a medianoche sus campanas por el alma del Felipe IV, fundador del convento, por ser esta la hora en que los monjes se enteraron del fallecimiento del monarca. Esta tradición, lógicamente, jamás prendió en la abadía barcelonesa, donde mentar a aquel rey es mentarles la bicha. «Los monjes siempre se han caracterizado por ser muy catalanistas y su abadía es un símbolo de la catalanidad», explica Ireneu Castillo. Lo que no es óbice «para que la relación sea fluida con los monjes de Madrid», despeja la duda un portavoz del santuario abrigado por el manto rocoso de la montaña de Montserrat. «Hay 59 monjes, la mayoría son nacidos en Cataluña, pero también tenemos aragoneses, mallorquines y algún gallego». Madrileño no hay ninguno, si bien una de sus voces más preclaras a favor de una república independiente, el historiador Hilari Raguer i Suñer, de 89 años, nació en Madrid, aunque al poco la familia regresó a Barcelona. Con todo, el portavoz insiste: «Las fronteras no son las políticas, pero cada uno vela por su casa y que haya cierta pluralidad tiene su gracia. Los monjes de Madrid no suelen venir aquí porque nuestras casas madre son distintas, aunque alguno sí ha venido de paso y nos llevamos bien». E insiste: «Catalán o castellano, todos hablamos el mismo lenguaje, que es el del Evangelio».

Cabe esperar que si la política conduce la situación al límite, la Moreneta, que es Virgen negra en Madrid y Barcelona (y patrona de los pasteleros) amase un dulce puente de entendimiento para coser heridas, o directamente obre el milagro. ¿Resem, parlem?

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