Marabunta felina

Herlinda Gutiérrez y Deanna Salamanca alimentan a los gatos en la cocina de la Cat House on The Kings en Perlier (California)./J. Sullivan
Herlinda Gutiérrez y Deanna Salamanca alimentan a los gatos en la cocina de la Cat House on The Kings en Perlier (California). / J. Sullivan

Una jubilada de California acoge a más de mil gatos en su casa. No les falta de nada. Hasta un asilo para que los más viejos mueran con dignidad

ANTONIO CORBILLÓN

La mayor frustración infantil de Lynea Lattanzio fue que su madre nunca le dejó tener un gatito. Después se casó y se concedió el capricho matrimonial de convivir con dos mininos. Su posterior divorcio llenó su vida de soledad pero le encontró un destino: cuidar a cuanto felino se cruzara en su camino. «Cuando se trata de la forma en que Estados Unidos trata a las mascotas, somos el Tercer Mundo», lamenta esta vecina de Parlier (Fresno, California).

Cuando Lynea se levanta por las mañanas no tiene que preocuparse de si su mascota se subió a un árbol o le araña el sofá mientras afila las uñas. Porque en su casa hay otros 1.100 haciendo exactamente lo mismo. Desde que convirtiera su propiedad de casi 5 hectáreas (con 371 metros cuadrados de vivienda) en Cat House on The Kings, calcula que han pasado por allí unos 28.000 gatos en el cuarto de siglo que lleva operativo. Nadie duda de que es el mayor 'gatódromo' del mundo.

Su obsesión por estos pequeños mamíferos de compañía es tal que les ha cedido toda su vivienda y se ha ido a vivir a una especie de caravana que ha instalado en una esquina del terreno. Admite que no podía seguir durmiendo con 60 gatos e incluso algún perro en su propia habitación.

Como si los felinos no fueran suficiente, por la finca pululan 15 perros en una nueva demostración de la falsedad del tópico del odio de raza. Latazzio, de 73 años y ya jubilada, ha convertido su altruismo en una empresa que da trabajo a 40 personas entre cuidadores, veterinarios, oficinistas, gestores de redes... Este viernes lanzó en su Facebook el enésimo SOS a posibles padrinos: «¡Te necesitamos! Estamos desbordados de gatitos y las donaciones han sido realmente bajas.... ¿Puedes ayudar?».

Pagar las mil latas semanales de pienso, abonar las esterilizaciones a que son sometidos todos los inquilinos, la limpieza y hasta la sala 'geriátrica' para los gatos viejunos, supone reunir al menos 1,5 millones de euros al año. En la puesta en marcha del proyecto, al que se considera «predestinada», invirtió su fondo de pensiones.

Pero la entrada de nuevos inquilinos «es diaria», admite Lynea, que no sabe negarle nada a un 'micifú'. «No estoy loca, pero lo que hago es una locura», se perdona a sí misma.

Gatos callejeros de todo el país

Las cuentas de la Cat House on The Kings eran un zarpazo continuo a su economía. En su rescate acudió hasta el National Geographic Channel, que le dedicó un documental hace unos años, lo que le ha dado fama más allá de las fronteras americanas. Le llegan gatos como quien recoge paquetería desde todo el país. En especial desde Nueva York, en la otra punta del continente, donde la gente descubre muy pronto que sus apartamentos no son compatibles con las rutinas de estos animales. Los recibe a diario en la puerta de su santuario. Pero su principal escenario de rescate son las calles californianas, de donde salen buena parte de los dos mil gatos que recogen cada año. Su web (www.cathouseonthekings.com) registra una frenética actividad de gestores de redes que lo mismo recaudan fondos benéficos que buscan nuevos hogares. Lo complicado muchas veces es decidir cuál elegir. No hay raza que no esté representada en esta babel gatuna.

¿Arañazos? Nada de nada.

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