La investigación policial sigue abierta tres años después del escándalo

El recuerdo del hallazgo aún estremece. En mayo de 2014, el departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid quedaba precintado después de que se descubriera el hacinamiento, en condiciones deplorables, de más de 200 cadáveres destinados a la investigación científica. Casi tres años y medio después de que estallara el escándalo, la investigación continúa abierta al objeto de arrojar luz sobre un caso que se ha revelado más complejo de lo que parecía y que presenta varias ramificaciones.

Una de ellas tiene como protagonista al entonces jefe del departamento de Anatomía. La Brigada Central de la Policía Nacional rastrea su patrimonio familiar para averiguar si se lucró con los cadáveres. En concreto, si recibió ingresos extra de cursos no homologados en los que se utilizaban los cuerpos. La Universidad, por su parte, ha volcado sus esfuerzos en pasar página y reorganizar la gestión del proceso de donación con la creación de un centro dependiente directamente del rector. El objetivo es nítido: «Garantizar una gestión ética y conforme a las disposiciones legales vigentes para salvaguardar la dignidad del donante, la dignidad humana y los fines de la donación al servicio de la enseñanza y la investigación», explica Teresa Vázquez, profesora de Anatomía y Embriología Humanas y directora del nuevo servicio.

¿Qué garantías ofrecen ahora a las familias de que todo ocurre según ese nuevo protocolo, sin posibilidad de que se dé otros usos a los cadáveres o se comercialice con ellos? «Por un lado, el compromiso de responsabilidad de todo nuestro personal. Y, por otro, la normativa de uso y gestión de los cuerpos es muy estricta y la observancia de su cumplimiento recae en todos, desde los cirujanos a los alumnos», afirma Vázquez.

Fotos

Vídeos