El hábito del vallenato

María Valentina de los Ángeles (c), junto a las hermanas Alejandra y Ana María./Afp
María Valentina de los Ángeles (c), junto a las hermanas Alejandra y Ana María. / Afp

La monja María Valentina de los Ángeles dedica al Papa una canción que rapeará esta semana durante la visita de Francisco a Colombia

J. L. ÁLVAREZ

Todos los caminos pueden llevar a Dios, incluidos los estilos musicales más curiosos. Si hace unas décadas las guitarras eléctricas y las baterías entraron en las iglesias con los curas roqueros, ahora, en otra vuelta de tuerca, le toca el turno al rap, pilar de la cultura hip-hop, la música de la calle que rima lo cotidiano al son de la percusión, una música que en su versión hispana se llama vallenato y que tiene en Colombia su epicentro.

Una monja lleva la batuta en estos asuntos terrenales. Se trata de la hermana María Valentina de los Ángeles, que cumplirá el sueño de cantarle al papa Francisco en su visita a Colombia a partir de mañana. Esta religiosa, natural de Bogotá, de piel trigueña y baja estatura, colabora con el grupo ganador de un concurso que eligió el himno que amenizará el recorrido del Pontífice.

El premio es interpretar la canción ‘Demos el primer paso’, un vallenato de poco más de cuatro minutos que incluye una estrofa rapeada que sonará mientras el Papa argentino se mueve entre la multitud de fieles colombianos. Va a ser «una oportunidad para mostrarle nuestro cariño a través de lo que sabemos hacer, que es música», dijo a AFP María Valentina, de 28 años, que cantará la canción junto a una veintena de concertistas de la fraternidad Músicos Católicos Unidos (MCU). «Colombia te recibe con los brazos abiertos/ a una sola voz te decimos muy contentos/ bendito sea Dios, que en su sabiduría, te ha traído a nuestras tierras para ser su guía», rapea la monja.

Esta religiosa, miembro de la Comunidad de las Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial de la Archidiócesis de Cali, se declara seguidora del rap porque «se queda muy fácil en la cabeza y cuando tiene la profundidad de una verdad, que es Cristo, pues es más llamativa todavía». Considera que este género reivindicativo se ajusta a la consigna que Francisco lanzó hace años a los jóvenes: «hacer lío». «Lío en el contexto y en el lenguaje del Santo Padre es ser diferentes, es ser atrevidos llevando un mensaje de alegría, esperanza y caridad», explicó.

La hermana María Valentina, con sus zapatillas deportivas y su ukelele en ristre, no es realmente una monja al uso. Antes de tomar los hábitos ya tocaba la guitarra en un grupo de rock. Sufría entonces el mal de Nash, una enfermedad hepática que obliga a un transplante de hígado, pero al cumplir los 16 años, cuando iba a someterse a la intervencion, la dolencia había desaparecido. Ella lo atribuyó a Dios, por lo que sin colgar los instrumentos musicales, decidió abrazar la vida consagrada para ser «una buena religiosa».

La música quedó entonces para ella en un segundo plano, pero no llegó a abandonarla, y así llegó su segundo disco, ‘Dime y dame’. «Quiero grabar más y que la gente, más que enamorarse de mi voz, se enamore de Jesús», apunta, para resaltar que Dios «quiere ser conocido a través de los medios y tiene que hacerse conocer con lo que es tendencia».

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