El objeto cotidiano que está destruyendo nuestros mares

Millón y medio de animales marinos, desde tortugas a peces o ballenas, mueren cada año después de ingerir plástico. / richard carey
Millón y medio de animales marinos, desde tortugas a peces o ballenas, mueren cada año después de ingerir plástico. / richard carey

Se estima que cada día se utilizan en el mundo cerca de mil millones. Demasiado para algo que no es necesario y contamina nuestros mares

IRMA CUESTA

Visto desde fuera, no parece que una pajita, ese tubo estrecho de no más de 25 centímetros, deba ser motivo de preocupación. Teniendo en cuenta que cada año se depositan en los océanos ocho millones de toneladas de desechos plásticos, uno tiende a creer que, ante un desastre de tal volumen, una pajita no puede ser el problema. Para cambiar de idea solo hace falta echar un vistazo al vídeo que en 2015 colgaron en las redes los biólogos Nathan Robinson y Christine Figgener. Las imágenes muestran el sufrimiento de una tortuga olivácea que se había clavado en la nariz uno de esos tubitos. La tira de plástico, de unos diez centímetros, apenas le dejaba respirar.

Aquel animal agonizando fue el detonante de una campaña de sensibilización a escala mundial que, desde entonces, no ha hecho más que sumar voces clamando por su control. Las pajitas son el enésimo elemento de una larga lista de productos de plástico que se prohíben, se gravan con tasas o se boicotean en buena parte del planeta tratando de frenar un desastre de dimensiones inabarcables.

Teniendo en cuenta que cada día se utilizan unos mil millones de pajitas en el mundo -la mitad de ellas en Estados Unidos-, es fácil imaginar cuántas terminan flotando en el mar a la vuelta de no demasiado tiempo.

Los portavoces de las campañas que se han marcado como objetivo acabar con ellas, encabezadas por Plastic Pollution Coallition, una federación que agrupa a más de 500 grupos ecologistas y de acción humanitaria, asociaciones médicas y organizaciones de consumidores de todo el mundo, destacan, sobre todas las cosas, que es un producto totalmente prescindible, salvo para enfermos puntuales con dificultades para beber. Esa, en su opinión, debería una razón suficiente para lograr que cada vez que nos entreguen un bebida con su correspondiente tubito de plástico la rechacemos.

Frente a ellos, quienes defienden su uso aseguran que podría haber evitado, o al menos mitigado, la pandemia ocurrida en 2003, cuando un síndrome respiratorio grave que se había iniciado en China se extendió por medio mundo, infectando a 8.098 personas y matando a 774. Un brote, por cierto, que disparó el consumo de pajitas.

Como es fácil imaginar, tampoco la industria del plástico está muy conforme con el movimiento social que ha puesto la pajitas en el punto de mira. De momento, Keith Christman, consejero delegado del mercado del plástico en el Consejo Americano de Química, ya ha anunciado que se opondrán a cualquier iniciativa que pretenda prohibir su producción. De hecho, Christman cree que reemplazar ese tipo de productos puede causar un impacto medioambiental aún mayor. «En algunos casos, los productos que se anuncian como biodegradables resultan no serlo. O lo que es peor: en ocasiones cambia el comportamiento del consumidor. Cuando San Francisco prohibió los productos de poliestireno, una auditoría de la basura demostró que aunque los desechos de vasos de poliestireno se redujeron, aumentaron los de vasos de cartón», declaró a National Geographic, demandando como alternativa una buena estructura de gestión de residuos en los países que carecen de ellas.

No son reciclab

Sin embargo, las voces que se han alzado en contra de esos pequeños tubos de plástico están consiguiendo victorias importantes. El pasado otoño, California se convirtió en el primer Estado de EE UU en prohibir las bolsas de plástico y en Florida ya multan a quienas las tiren por la playa o la calle. Mucho más cerca, en Francia ya han puesto fecha de caducidad a bolsas, platos, vasos y cubiertos de plástico: 2020. Una medida con la que el país vecino pretende reducir los residuos a la mitad para el año 2025 y los gases de efecto invernadero un 40% en 2030. Colectivos como Greenpeace, que están quedándose roncos denunciando los graves problemas que algo aparentemente tan inofensivo como una pajita de plástico puede provocar, estarían encantados si España siguiera este ejemplo.

«Es principal problema de las pajitas es que no son reciclables; la ventaja, que son totalmente prescindibles», plantea Julio Barea, responsable de campaña de Green Peace España. «Aunque parezca mentira, son uno de los diez elementos que encontramos con más frecuencia cuando limpiamos las playas. Algo que apenas hace falta y que, sin embargo, hace un daño mortal. Por eso es importante transmitir esta idea. La mayor parte de la gente las usa por ignorancia. No sabe hasta qué punto sería importante que no lo hiciéramos ni las consecuencias que tiene su uso», afirma este activista.

millones de toneladas de plástico se vierten cada año a nuestros océanos, lo que supone, según Greenpeace, que en 2050, de no cambiar las cosas, habrá más plástico que peces.

Las pajitas son uno de los diez residuos que más se encuentran en las playas. Son tan pequeñas, que las máquinas no les retiran.

millones de pajitas reparte a diario Mc Donalds en todo el mundo, lo que supone 21.900 millones al año.

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