La nueva catástrofe humanitaria que se avecina por culpa del clima

El sur del Sáhara, Asia meridional y América Latina son las zonas del planeta más amenazadas por las migraciones por motivos climáticos./Reuters
El sur del Sáhara, Asia meridional y América Latina son las zonas del planeta más amenazadas por las migraciones por motivos climáticos. / Reuters

Millones de personas se verán obligadas a abandonar sus hogares en las próximas décadas para huir del mal tiempo. Si no se hace nada para evitarlo, se avecina una nueva catástrofe humanitaria

JAVIER GUILLENEA

Cien vecinos de la aldea de Luatu, en la isla Tegua de la república de Vanuatu, detentan desde 2005 la triste condición de ser considerados por las Naciones Unidas como los primeros refugiados del cambio climático. Todos ellos fueron trasladados tierra adentro, a 600 metros de sus hogares, para huir de los crecientes daños de las tormentas, los estragos de la erosión y la imparable filtración de la sal del Pacífico Sur en sus tierras. Fue el comienzo.

Vanuatu es un archipiélago formado por 83 islas en las que habitan 264.000 personas, el 64% de ellas expuestas a desastres naturales como el ciclón Pam, que en 2015 se llevó por delante el 90% de las construcciones del país y decenas de vidas. Para la ONU, este remoto lugar es el de mayor riesgo del mundo frente a los desastres naturales, lo que tampoco es tan grave si se ve desde la lejanía. Puestos a ser egoístas, es un consuelo que le haya tocado a Vanuatu, que está lejos de cualquier sitio, y no a otro.

El problema es que aquellos cien de la aldea de Luatu pueden ser 143 millones en 2050, según un reciente estudio elaborado por el Banco Mundial. Es un enorme ejército de ciudadanos del mundo que se verán obligados a desplazarse dentro de las fronteras de sus países para escapar del calor y las mareas. Huirán de las consecuencias del cambio climático, esa especie de sombra omnipresente que algunos no quieren ver pero que ya está dando zarpazos.

«La migración nos afecta a todos. Hay países desarrollados que ya la sufren» Jesús Gamero - Investigador

«No es un futuro hipotético, es una realidad», afirma Rosa Otero, portavoz en España de la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur. «Más de 25 millones de personas se ven obligadas a desplazarse anualmente por desastres naturales de aparición rápida, como terremotos e inundaciones, y en esta cifra no están contabilizados los afectados por fenómenos de evolución lenta, como las sequías o el aumento del nivel del mar».

Los escenarios

Los autores del estudio han analizado las relaciones entre el cambio climático, la migración y el desarrollo en tres regiones: África al sur del Sáhara, Asia meridional y América Latina, zonas que representan el 55% de la población del mundo en desarrollo. Sus conclusiones son inquietantes. Si no se adoptan medidas concretas, en 2050 el 2,8% de esta población podría verse obligada a trasladarse dentro de sus propios países para escapar de los impactos del cambio climático de evolución lenta. «Migrarán desde áreas menos viables con escasa disponibilidad de agua y productividad en los cultivos y de zonas afectadas por el aumento del nivel del mar y las marejadas», sostiene el Banco Mundial.

«No es un futuro hipotético, ya es una realidad» Rosa Otero - Acnur

El organismo tiene en cuenta tres posibles escenarios según el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero. En todos los casos, «las migraciones aumentarán hasta 2050 y luego se acelerarán» siempre y cuando no se haga algo por evitarlo. Las cifras, no obstante, varían mucho según la gravedad de la situación. En el supuesto más optimista, con aumentos de temperaturas de entre 0,4 y 1,6 grados en los próximos 32 años, se estima que en las regiones analizadas el número de migrantes climáticos oscilará entre 31 y 72 millones de personas. En el extremo contrario, con aumentos de la temperatura de 1,4 a 2,6 grados, las previsiones de desplazados alcanzarán los 143 millones: 86 en África, 40 en Asia y 17 en América Latina.

No es fácil tomar la decisión de abandonarlo todo para empezar de cero en un lugar desconocido. Los migrantes tienden a quedarse en su propio país, que es el que conocen, y «aguantan hasta el último momento antes de dejar su casa». «Cuando lo hacen -explica Rosa Otero- están débiles y con la salud deteriorada». Muchos, sin embargo, no podrán huir por carecer de recursos y quedarán atrapados en zonas que se volverán cada vez más inviables para vivir. Es lo que ya está sucediendo en las regiones costeras de Bangladés, donde 20 millones de personas que no tienen dónde ir están sufriendo en su salud las consecuencias de la intrusión de agua salada en las reservas de agua potable provocada por el aumento del nivel del mar.

«Esto va a ir a más a medida que aumenten los impactos», asegura el investigador Jesús Gamero, que ha estudiado las dimensiones sociales y políticas del cambio climático. En su opinión, aunque este fenómeno es importante, no es el único factor que explica las migraciones. «Hay una multicausalidad en la que intervienen elementos políticos, sociales y demográficos», afirma. «Por ejemplo -añade-, en Siria la sequía genera pobreza y si detrás no hay un Estado fuerte que pueda hacer frente a la situación, la gente que puede hacerlo emigra a las ciudades. Entre los que se quedan porque no tienen medios para desplazarse surge el descontento y esto, unido a las tensiones políticas y religiosas, puede causar una guerra, que es lo que pasó en este país».

Estados Unidos

El informe del Banco Mundial solo analiza las migraciones internas y se centra en tres zonas del mundo, pero el cambio climático no entiende de fronteras. Un estudio de la revista 'Nature Climate Change' predice que para 2050 el 30% de la superficie terrestre del planeta podría enfrentarse a condiciones desérticas, incluyendo grandes franjas de Asia, Europa, África y el sur de Australia. Solo en Estados Unidos se estima que para el año 2100 cerca de trece millones de personas se verán desplazadas por el aumento del nivel del mar.

«En este país la gente se está desplazando hacia climas más confortables para huir de las altas temperaturas y de los incendios», asegura Jesús Gamero. El pasado año el calor y los fenómenos meteorológicos llevaron a más de un millón de estadounidenses a abandonar sus hogares. Es algo parecido a lo que está ocurriendo en China, donde «los que tienen medios se van de las grandes ciudades para escapar de los brutales niveles de contaminación ambiental».

¿Qué se puede hacer? Según Jesús Gamero, «las respuestas a este problema deben pasar por el respeto a los derechos humanos y la dignidad de las personas, así como por el mantenimiento de sociedades cohesionadas y solidarias entre sí». «El cambio climático es un generador de desigualdad y pobreza, por eso hacen falta mecanismos de protección social combinados con políticas medioambientales», añade.

El Banco Mundial plantea soluciones similares para que el número de fugitivos del cambio climático no se dispare. Según su estudio, hay que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, se deben incorporar las migraciones provocadas por cambios climáticos en la planificación del desarrollo y es necesario invertir para comprender mejor las migraciones internas. De lo que se haga dependerá el futuro de millones de personas que no viven en lejanas islas del Pacífico sino en el piso de al lado. Pronto llamarán a nuestra puerta para pedirnos un vaso de agua. Y habrá que dársela, si es que tenemos agua en nuestra propia casa.

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