Por la frontera del 'Brexit'

¡STOP!. Un manifestante ataviado como policía de fronteras junto a una falsa aduana en la localidad de Killeen, en una protesta contra las consecuencias del 'Brexit'. / P. FAITH/AFP
¡STOP!. Un manifestante ataviado como policía de fronteras junto a una falsa aduana en la localidad de Killeen, en una protesta contra las consecuencias del 'Brexit'. / P. FAITH/AFP

Desde Muff hasta Omeath, los habitantes del 'border' entre las dos Irlandas recuerdan los «tiempos difíciles» y se preguntan por su futuro

ÍÑIGO GURRUCHAGA

La aspiración oficial a una frontera invisible en Irlanda tras el 'Brexit' es posible. Una niebla espesa cubre Buncrana Road y hay que tantear varias rutas al sur de Muff en busca del punto más septentrional que divide la Irlanda del norte de la Irlanda del sur, que aquí está más al norte que la primera. Girar a la altura de una caseta de la Cruz Roja que hace quince años era puesto de aduanas y de pronto un emblema del pasado: dos bloques de hormigón cortan el camino.

«¿Qué buscas?». «La frontera». «Te la muestro». John camina entre los bloques. «Aquí tiene la forma de una zeta. Lo sé porque tengo el plano, la carretera es mía. Yo puse los bloques. Son los únicos que quedan tras el Acuerdo de Viernes Santo. Vino una gente del Gobierno inglés y les dije que les vendía la carretera por un cuarto de millón de euros. Pero no regresaron».

Nació en el sur, vivió en la ciudad inglesa de Luton y se instaló aquí en 1990. Montó un negocio de compraventa de vehículos comerciales. «La frontera sigue por este canal y llega a la ría del Foyle. Ven». Caminando por tierras empapadas se llega a una orilla donde se disputan los derechos de pesca desde hace siglos. En esta franja de litoral la gente coge ahora mejillones sin licencia y sin que nadie lo impida.

«Nadie habla del 'Brexit', quizás porque temen cómo les afectará»

La frontera avanza por el oeste de Derry, esquiva la Londonderry donde el Gobierno de la City de Londres creó un bello asentamiento por encargo de la corona. El pago incluía la exclusiva de la pesca en la ría, rica en salmones. Cuando se pactó la partición, esta ciudad tenía que quedar en la parte británica. La linde avanza por las leves colinas de Donegal. Casas con prado de adinerados del norte y del sur. Granjas que antes eran de protestantes. Hotel Frontier, Ultramarinos Border.

Al sur de Derry, la frontera es el cauce del río Foyle, con parajes embellecidos por la luz matinal que ya vence a la niebla. La ribera se urbaniza en Lifford. 'La cerveza Guinness te sienta bien', dice un cartel antes de cruzar el río que separa este pueblito sin brillo presente de la más rica Strabane. En cada paso fronterizo, gasolineras: 'Combustible más barato que en el sur'.

Un gran centro comercial con cadenas de bajo nivel es el signo del lujo en la Strabane del norte. El 'Donegal News' dice que una reunión reciente de empresarios locales confirmó la estadística: solo el 8% ha considerado el impacto del 'Brexit'. Un fabricante de atuendos deportivos ha comprado un solar en Lifford por temor a las consecuencias para su negocio.

La frontera se pierde por el paisaje de Tyrone y los lagos de Fermanagh. Colinas ahora marrones, pinares, granjas aisladas que viven de la agricultura y ganadería posibles en el clima oceánico, páramo, ciénaga, nubes bajas y negras, puentes de piedra cubierta por musgo. El lago Dergh, con su isla, Purgatorio de San Patricio, destino de una peregrinación milenaria. Una cita anual de tres días de ayuno y oración.

Pettigo es pueblo emblemático del 'Brexit'. El puente sobre el río Termon lo divide: norte y sur. Un pequeño supermercado. «Imagino que no soy el primer periodista que recorre la frontera por el 'Brexit'». «No, no lo eres», responde Del, la dueña. «Eres más bien el último en venir aquí. Risa y amargura. Hay una buena escuela para niños con discapacidad en Enniskillen, ¿podrán sus padres enviarlos allí? ¿Y los estudiantes que quieren ir a la Universidad en el sur, donde no hay tasas?

En Garrison, un repartidor de Guinness. Pelirrojo, pendiente de pirata. «Nadie habla del 'Brexit', quizás porque temen cómo les afectará», dice. «A mí no me afecta, no puedo vender en el sur porque tendría que pagar aduanas. Si cruzase, sería contrabando», y se ríe. «Doy la vuelta en el puente de Belleek, y eso es -hace con los dedos índices de sus manos el signo de las comillas- 'la frontera'».

Tierra de nadie

La silueta de la división al norte de Redhills tiene forma de badajo, un delirio de delineante. «Es tierra de nadie», dice el borrachín del pub. «Ahí no entran ni la Policía británica ni la irlandesa. Ahí se hace el contrabando de combustible». En el interior de la campana, caminos y pistas rurales sin señalizar en los que los extraños no se enteran de dónde están los límites.

En Rosslea, Margaret y Barbara. La vida ha mejorado tanto en estos años... Margaret fue con su marido al baile en un salón de protestantes. Barbara confiesa que ya lo hacía en los tiempos difíciles. Pero Rosslea es ahora una «ciudad fantasma». El Ejecutivo autonómico cerró la escuela y la clínica. El único autobús para ir a la clínica más próxima sale a las 7.30 y vuelve doce horas después. Dicen también que todo podría degenerar muy rápidamente hacia el pasado.

En un edificio escolar de Castleblayney, la gente de borderroadmemories.com., con fondos de la UE, ha documentado la cultura de la frontera irlandesa, las experiencias de la gente ordinaria. Son un caudal de información. Lo preciso: hay 202 cruces, 96 de ellos en este condado de Monaghan. Y lo lírico: vecinos de uno y otro lado montaban tablados y contrataban a bandas musicales para bailar sus penas.

Comarca del gran contrabando. Granjas con establos que parecen hangares de aeropuerto. Lo más provechoso ahora es quitar el tinte que distingue el diésel subvencionado para uso agrícola y venderlo como convencional. Por la noche arrojan grandes bidones con los residuos en el borde de las carreteras. El ayuntamiento gasta millones para reciclarlos en Alemania. A veces se quiebra un bidón al caer y los vertidos envenenan la tierra.

Crossmaglen era el destino obligado de los buscadores de emociones fuertes en el tiempo de la guerra. Llueve ahora con fuerza sobre este pueblo, el más célebre del 'condado bandido', Armagh Sur. Ya se derribó la enorme base de seguridad, a la que policías y tropas accedían solo en helicópteros. Para más inri, la base pisaba el terreno del estadio de fútbol gaélico.

A dos o tres millas, granjas y hangares divididos entre norte y sur, Ballybinaby, la observación furtiva de la de Thomas Murphy, que tuviera el rimbombante título de jefe de Estado Mayor del IRA. Esta frontera que fue brutal y es hoy disputada en la diplomacia del 'Brexit' desemboca entre Newry y Dundalk. Aduanas. Casetas de cambio. Gasolineras. Una colina que desciende frente al puerto. La línea termina en algún punto de una orilla de piedras y algas, ante un mar gris.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos