De espaldas a tu país

De espaldas a tu país

Piqué ha dicho que, si se lo piden, dejará la selección. Otros ya renunciaron a jugar con España por su ideología: Oleguer, Nacho, Kortabarria...

FERNANDO MIÑANA

Stefan Effenberg era un alemán muy alto, muy rubio y muy chillón. Tenía mucho carácter y por eso se abrazaba a su bíceps el brazalete de capitán de todo un Bayern de Munich. Durante el Mundial de 1994, en Estados Unidos, empezó a sufrir la antipatía de los seguidores teutones. A Effenberg, como le sucede ahora a Gerard Piqué, le pitaban e insultaban los suyos, y con ese genio que le hervía por dentro, estalló. Durante la segunda parte de un Alemania-Corea se encaró con el público y les mostró dos veces el dedo corazón. Berti Vogts, el seleccionador, lo expulsó y sentenció. «No jugará más en el equipo nacional mientras yo sea el entrenador». La decisión la respaldó el presidente de la federación, Egidius Braun. «No ha sido un buen embajador del fútbol germano». Aquello le costó cuatro años sin vestir la camiseta de su nación.

Piqué nunca ha entrado al trapo de los provocadores. El catalán, que siempre se pronunció a favor del referéndum, del derecho de los catalanes a decidir su futuro al lado o separados de España, ha sabido diferenciar sus opiniones de su fidelidad a la selección, a la que lleva acudiendo, en diferentes categorías, desde niño, con un rendimiento impecable.

El domingo, después de ir a votar, de jugar en un Camp Nou sin hinchas mientras pensaba más en todo lo que estaba pasando en Cataluña que en el balón, se emocionó ante los periodistas, lloroso, triste, y dijo que si a alguien -de la federación o del equipo- le molestaba su presencia en La Roja, que él prefería hacerse a un lado y dejar paso.

Su excompañero Oleguer Presas, al contrario que Piqué, y antes otros abiertamente catalanistas como Puyol o Xavi, no fue tan diplomático. El día que Luis Aragonés le convocó a unas convivencias con vistas al Mundial de 2006, el central de Sabadell acudió y aprovechó para dejarle claro al técnico, con buenas palabras, que él no quería jugar. Él, le explicó, se sentía catalán y no español.

«Lo que representa la selección española me generaba rechazo», explicó el año pasado, ya lejos de la primera línea del fútbol, al portal Directa.cat. El futbolista y economista, que ha estado en las listas por Barcelona de la CUP, habló claro. «La selección española no deja de representar un Estado en el que no me siento identificado y que, además, representa la opresión a los pueblos y muchas más cosas con las que no comulgo». Y añadió que respeta a aquellos compañeros que tienen unas ideas políticas parecidas pero no tienen reparos en jugar con España.

No es habitual que un deportista renuncie a la selección y menos aún por motivos políticos. Pero hay más ejemplos. Nacho Fernández fue un caso atípico. Gallego y nacionalista nunca quiso salir de su 'terra'. Sus catorce temporadas las repartió entre el Celta y el Compostela. Con 28 años, ya en Santiago y a las órdenes de Fernando Vázquez, alcanzó su madurez y Javier Clemente dejó caer que podía abrirle las puertas de la selección. La respuesta del central sorprendió. «Ni tengo mucho interés ni me apetece que me convoquen. Pienso que no valgo para ese tipo de cosas».

La tristeza de Schuster

Otro central, Inaxio Kortabarria, de la mítica Real Sociedad de los 70 y los 80, llegó a disputar cuatro partidos de rojo. No hubo un quinto. Su ideología se lo impidió en tiempos convulsos en el País Vasco y el resto de España.

En otros países tampoco es común que un futbolista renuncie a su selección. Aunque siempre hay versos libres como Bernd Schuster. El bávaro tenía solo 20 años cuando deslumbró al mundo con una portentosa actuación en la Eurocopa de 1980 que conquistó Alemania. Sus experiencias con la selección solo duraron tres años más. Hasta que el 20 de noviembre de 1983, la semana en la que iba a nacer su hijo, se negó a disputar un amistoso contra Albania.

Aquella decisión le valió un áspero pulso con los directivos y las estrellas del combinado. Schuster, ya muy temperamental con 23 años, dijo que no volvería a jugar con la RFA mientras siguieran mandando Paul Breitner y Karl-Heinz Rummenigge. Años después, en el programa 'Fiebre Maldini' de Canal +, reconoció su error. «Al final me he quedado sin disputar un Mundial, jugando 19 años de profesional, y eso es triste. Hoy, cada vez que lo pienso, creo que me equivoqué, pero no tuve a nadie para asesorarme».

No es fácil soportar las críticas, el dolor de no sentirse querido como Piqué. Leo Messi, su compañero en el Barça, lo sufre desde que le señalaron como el heredero de Maradona. Después de perder el año pasado su cuarta final con Argentina, se plantó. «Para mí se terminó la selección. Ya lo intenté mucho, me duele no ser campeón con Argentina y me voy sin lograrlo». Luego le convencieron y rectificó.

Piqué, inmerso ya en la temporada que desemboca en una Copa del Mundo, ya ha dicho que dejará La Roja en 2018, pero si se lo piden, adelantará su despedida.

Renuncias

Nacho. Nunca jugó en un club fuera de Galicia y, cuando sonó para la selección, dijo que no le interesaba.

Schuster. Se negó a un amistoso contra Albania la semana que iba a nacer su hijo. Luego renunció para siempre.

Oleguer. Luis Aragonés le llamó para una concentración y allí mismo le dijo que no se sentía español.

Riquelme. Descartó volver por tener «códigos» diferentes a los de Maradona, entonces seleccionador.

Effenberg. Como Piqué, la afición la tomó con él. Reaccionó con una 'peineta' y eso le valió la expulsión.

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