La empresa yeclana Graphenano, un ejemplo a escala internacional

José Antonio Martínez Rovira, vicepresidente de la empresa yeclana Graphenano, cuenta que fue a su hermano Martín, forofo de los documentales, a quien se le ocurrió la idea. Un programa en el que se desgranaba la historia -y el trabajo- de los premios Nobel Andre Geim y Konstantin Novoselov fue capaz de despertar en él la curiosidad e ilusión necesarias para, solo unos años después, dirigir una de las compañías de referencia internacional en el desarrollo de nuevas aplicaciones de grafeno. «Dejamos lo que hasta entonces era nuestra forma de vida y nos volcamos en crear esta empresa. Al principio, en 2012, una pequeña instalación para hacer grafeno a pequeña escala. Cuando tuvimos el producto, comenzamos a crear alianzas con investigadores de diferentes universidades españolas. No solo había que producirlo, teníamos que buscar aplicaciones», explica el empresario yeclano, mientras asegura que solo a través de alianzas que sumen se puede avanzar y reconoce, feliz, que cinco años después han convertido su sueño en un proyecto de éxito.

Un lustro en el que han pasado de producir pequeñas cantidades de grafeno y regalarlo a los equipos de investigación para que pudieran trabajar, a firmar acuerdos comerciales con socios de todo el mundo para poner en marcha una fábrica de baterías que dará trabajo cuando esté al cien por cien a cerca de 300 personas, construir uno de los barcos más ligeros del mundo, resina de poliéster, aditivos para el hormigón que le dan una flexibilidad única en zonas con riesgo de terremotos, vigas con el doble de resistencia que el acero, placas solares e, incluso las señales de tráfico del AVE.

Cuando uno le pregunta qué tiene el grafeno para hacerlo tan preciado, Martínez Rovira asegura que «es capaz de mejorar otros materiales». El secreto -dice- está en saber mezclarlo.

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