«He sido muy competitivo en el deporte y en la vida»

El Rey emérito navega a bordo del 'Bribón' en aguas de Bayona durante una competición en septiembre./Salvador Sas / EFE
El Rey emérito navega a bordo del 'Bribón' en aguas de Bayona durante una competición en septiembre. / Salvador Sas / EFE

El Rey Juan Carlos navega por las aguas de Sanxenxo. «He necesitado mucha preparación», dice sobre su retorno a las regatas

PEDRO MUÑOZ

Pronto cumplirá 80 años. El 5 de enero el Rey Juan Carlos será octogenario. Pese a que en los prolegómenos de la abdicación se dejó llevar por cierta adustez, la pasión por el mar le ha hecho olvidar los sinsabores pasados. En una conversación con 'El País Semanal', el anterior jefe del Estado da muestras de estar en plena forma. «Siempre he sido muy competitivo en el deporte y en la vida», asegura.

Tres años después de renunciar al trono, el padre de Felipe VI ha vuelto a navegar. Superadas las últimas secuelas de su paso por el quirófano, Don Juan Carlos puede enorgullecerse de ser campeón mundial de la clase 6mR. Un trofeo que le permite resarcirse de la frustración que supuso para él no haber conseguido una medalla en los Juegos Olímpicos de Múnich 72. Ahora disfruta del aire salado de la ría de Pontevedra a su paso por Sanxenxo, donde habló para la revista. «El mar es la libertad», apunta.

Su afición por gobernar el timón le viene de su padre, don Juan, quien a su vez la heredó de Alfonso XIII, un rey que llegó a capitanear 27 naves e impulsó la vela en el norte de España.

No por haberse retirado de sus obligaciones políticas ha dejado de inspirar respeto entre sus tripulantes, quienes le llaman 'El Jefe'. Es por eso que nunca le apean del tratamiento de 'señor'.

Sigue atento los acontecimientos políticos, si bien procura que en sus ratos de asueto la complicada situación que atraviesa España no le amargue la travesía. «Algo que también sucede cuando estamos navegando es que aquí no entra la política. Por supuesto, la sigo de cerca. Es algo que va dentro de uno».

«Volver me ha hecho comprobar que, si uno quiere, uno puede», argumenta. «He necesitado mucha preparación. Tengo que entrenar y hacer mucho ejercicio antes de subirme al barco. Regresar no ha sido fácil. Pero ha merecido la pena».

Al subir a la embarcación se desprende del bastón negro de fibra de carbono con el que se apoya para caminar. En Sanxenxo disfruta, además de la compañía de sus amigos y tripulantes, de las delicias de la gastronomía local.

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