Los chinos comen 'pescaíto' frito

Quan Zhou, en Madrid, y algunas de sus viñetas./Óscar Chamorro
Quan Zhou, en Madrid, y algunas de sus viñetas. / Óscar Chamorro

La andaluza de origen oriental Quan Zhou muestra en su autobiografía gráfica la intimidad de una comunidad poco conocida

ZIGOR ALDAMA

Los chinos son cerrados, impenetrables, y no se integran en la sociedad. Ah, y además comen perro y no pagan impuestos. Quienes estén convencidos de que las dos frases anteriores son ciertas se llevarán una gran sorpresa cuando lean 'Andaluchinas por el Mundo', la segunda parte de la autobiografía gráfica de Quan Zhou. Porque esta diseñadora gráfica andaluza de 27 años ofrece al lector la posibilidad de adentrarse de forma indiscreta en la vida de la primera generación de españoles con ascendencia china. Y demuestra que la suya es una existencia muy similar a la de cualquier otro ciudadano de la misma edad. «Al final, todos tenemos problemas y sueños similares», afirma.

En la primera entrega del cómic, 'Gazpacho Agridulce', Zhou detallaba su infancia como hija de unos emigrantes del gigante asiático que tienen un restaurante chino tradicional en un pueblecito de la Costa del Sol. Sus viñetas se adentraban con ironía en la crisis de identidad habitual entre quienes comparten rasgos chinos y costumbres occidentales. Ahora, alentada por el éxito de su opera prima, Zhou ha decidido avanzar hasta un presente en el que parece tener mucho más claro qué es y qué busca en la vida. Lo hace con el mismo humor ácido, pero desde una perspectiva diferente.

Ya no es solo su historia. «Durante la infancia todos los hermanos -tres chicas y un chico- tuvimos una vida bastante parecida, así que la conté desde mi punto de vista. Pero luego todos nos hemos ido del pueblo porque queremos una vida diferente a la que se nos ofrecía. No queríamos quedarnos en el restaurante para responder a lo que se esperaba de nosotros. Por eso en la segunda parte he optado por contar la vida de las tres hermanas, que tenemos personalidades muy diferentes», explica.

«Quería demostrar que no somos tan diferentes», recalca la autora.

Sin duda, cualquier joven español se puede sentir identificado con las peripecias de Quan, Fu y Qing: pisos compartidos durante los estudios universitarios, la recién adquirida independencia de los padres que lleva a excesos etílicos, relaciones sentimentales que funcionan y que no, precariedad laboral, y la necesidad de emigrar. «Quería demostrar que no somos tan diferentes», recalca la autora. Zhou dibuja escenas cotidianas con sencillez y cercanía, permitiendo que el lector acceda a su intimidad, y juega con la tipografía para hacernos saber cuándo sus protagonistas hablan en español, en chino o en inglés.

Existe un claro nexo chino en estas 'andaluchinas': sus padres. La madre, «mandona y respondona como toda matriarca china», es una persona obsesionada con el matrimonio de sus hijas. «Afortunadamente, ya ha dejado de tratar de que nos casemos con un chino rico. Ahora, con 27 años, yo ya soy lo que en China se conoce como 'mujer sobrante', demasiado mayor para los chinos», comenta divertida Zhou, a quien su estancia en Madrid le ha arrebatado parte de su acento andaluz.

El padre, «callado y trabajador como todo patriarca chino», no dice ni mu y siempre aparece en las viñetas durmiendo. «¡Es que siempre está dormido!», ríe Zhou. «Sin embargo, él ha sido fundamental para que mi madre haya abierto su mente y se haya adaptado a las costumbres de España», añade. Eso sí, él tiene claro que quiere regresar a China y quedarse allí, una intención que comparten muchos de los emigrantes chinos afincados por todo el mundo. De hecho, ahí reside una de las razones por las que no mueren tantos chinos en nuestro país.

Es imposible que Zhou escape a las preguntas sobre los tópicos que rodean a la comunidad china. Y quizá no sea la más adecuada para responderlos, porque ella solo ha viajado a China una vez, y ni siquiera habla el idioma oficial. Así que se ríe cuando le preguntan por los guisos de perro, pero habla con seriedad cuando se le pregunta por el racismo. «He recibido comentarios racistas e incluso me han tachado a mí de serlo. Por lo visto, el hecho de que nosotras nos sintamos españolas hace que un sector de la población se sienta menos español», analiza.

Una occidental en Oriente

No obstante, reconoce que hay tópicos sobre los chinos que sí son ciertos. Por ejemplo, la preferencia por los varones. «Por eso en España tienen tantos hijos. Mis padres siempre me dicen en broma que nosotras hemos nacido porque el chico llegó en cuarto lugar», revela. El benjamín, Encheng, también es el más mimado e introvertido de la familia, «aunque las hermanas nos encargamos de ponerle en su sitio». Eso sí, aunque en la familia de los Zhou todos han sido excelentes estudiantes, no sucede lo mismo con todos los chinos. «Tengo un porrón de primos que sacan malas notas», cuenta Zhou.

Ahora, la joven diseñadora prepara su segundo viaje a China para conocer algo más del país y regresar de visita al pueblo de su familia, Qingtian, que es de donde procede la gran mayoría de los emigrantes chinos en España. «Ahí occidentales no hay ninguno. Solo yo», dice. Efectivamente, Zhou demuestra que en el siglo XXI hay españoles de razas muy diferentes.

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