Los cárteles del aguacate

Un vigilante armado protege una plantación de aguacates en Michoacán. / r.c.
Un vigilante armado protege una plantación de aguacates en Michoacán. / r.c.

Los señores de la droga mexicanos han descubierto en una simple fruta tropical un tesoro por el que merece la pena matar. Hay millones de dólares en juego

El primer domingo de febrero es una fecha de suma importancia para el Estado mexicano de Michoacán. Ese día se juega en Estados Unidos la Superbowl, la final del campeonato de fútbol americano, en la que todo es desmesurado, desde la ceremonia inaugural hasta las actuaciones en el descanso y el precio de los anuncios televisivos, sin olvidar el evento deportivo, por supuesto. Durante la retransmisión del partido, los espectadores estadounidenses engullen millones de alitas de pollo, cantidades ingentes de palomitas, patatas fritas y pizzas, incontables litros de cerveza y 160 millones de aguacates importados de México. Y todo eso es mucho dinero.

La semana previa a la final, el consumo de esta fruta se dispara en el gigante norteamericano. Su demanda asciende esos días a cien mil toneladas, lo que deja en México unas ganancias de 200 millones de dólares. No es de extrañar que al aguacate se le llame el 'oro verde'. Y tampoco es extraño que su cultivo haya teñido de rojo la tierra. Hay mucho dinero que repartir y los señores de la droga lo saben. El aguacate, tan bueno para prevenir el colesterol, es un negocio tan redondo que ha hecho rodar cabezas. Literalmente.

En 1994, la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte abrió la puerta a la exportación de aguacate mexicano a Estados Unidos. Desde entonces, esta industria agraria no ha hecho sino crecer. México es el principal productor del mundo, con el 34% del total. Vende este fruto a 34 países, uno de ellos EE UU, donde las exportaciones alcanzan más de 711.000 toneladas, con un valor estimado de 1.610 millones de dólares. En 2016, el comercio internacional generado por el aguacate deparó a México unas ganancias de 2.220 millones de dólares.

Familia Michoacana se presentó en sociedad arrojando seis cabezas en una pista de baile

Ocho de cada diez aguacates que se consumen en Estados Unidos provienen de Michoacán, un Estado que lidera la producción de este fruto en todo el planeta. Fue allí donde, en 2006, el entonces presidente, Felipe Calderón, comenzó la llamada 'guerra contra el narcotráfico', al desplegar 6.600 militares y policías con la misión de acabar con los cárteles de la droga. Once años después, esa guerra sigue abierta.

La historia del aguacate en Michoacán es la de los diferentes grupos organizados que han encontrado en este fruto y en otros, como el limón, una fuente adicional de ingresos. El primero fue el cártel Familia Michoacana, encabezado por Nazario Moreno González, conocido como 'El más loco', que imprimió a su organización un carácter místico. El 6 de septiembre de 2006, arrojaron seis cabezas de miembros del cártel rival de Los Zetas en una pista de baile en Uruapan. Esa fue su tarjeta de presentación, que llegó unida a un mensaje: «La Familia no mata por dinero, no mata mujeres, no mata inocentes, muere quien debe morir, sépalo toda la gente. Esto es: Justicia Divina».

Además de construir una amplia red de vínculos con la Policía municipal, la Familia Michoacana extendió su presencia en las áreas de desarrollo social y obra pública de los ayuntamientos. El cártel construía hospitales y pavimentaba calles, ejercía como un poder mucho más eficaz y cercano al pueblo que las autoridades federales. Como contrapartida, exigía impuestos a funcionarios y productores. Quien se negaba a colaborar era asesinado.

Las tarifas

Tras un enfrentamiento con la Policía en 2010, Nazario Moreno hizo circular la noticia de que había muerto. Fue un bulo que le proporcionó la tranquilidad necesaria para fundar un nuevo cártel, los Caballeros Templarios, que perfeccionó sus técnicas de extorsión. El grupo se presentó en sociedad en marzo de 2011 con la colocación de 'narcomantas', unos carteles en los que anunciaba su nacimiento con la misión de salvaguardar el orden, evitar robos, secuestros, extorsiones y proteger a la sociedad de bandas rivales. Lo que no revelaba era su intención de hacerse con el control total de las explotaciones de aguacate.

La organización recibía de las autoridades locales datos sobre los productores agrícolas en Michoacán y luego determinaba cuánto debían pagar. Por cada hectárea que cultivaban, los agricultores tenían que abonar cien dólares; y por cada kilo de aguacate que producían, unos diez centavos. Los que se negaban a someterse a la extorsión se arriesgaban a que algún miembro de su familia fuera secuestrado. Si los narcotraficantes descubrían que alguien había declarado menos árboles de los que realmente tenía, irrumpían en su parcela y talaban los que 'sobraban'. En 2013, los Caballeros Templarios obtuvieron con estas prácticas criminales cien millones de dólares.

Pero ese mismo año comenzó el fin del cártel, que se vio acorralado por grupos de autodefensa integrados por civiles armados. Los templarios fueron expulsados de algunas localidades, entre ellas Tancítaro, la ciudad mexicana que más aguacates produce en todo el país y que se ha convertido en un símbolo de la resistencia contra los mafiosos.

Tancítaro acaba de celebrar un acontecimiento especial. Desde hace cuatro años no ha habido en el municipio ningún secuestro, algo de lo que no pueden alardear otros pueblos de Michoacán, donde los grupos de autodefensa han sido fagocitados por los cárteles de la droga o disueltos por el Gobierno. En Tancítaro, estos grupos se aliaron con los aguacateros y la Policía local para crear un cuerpo de seguridad pública de élite que ha logrado acabar con el crimen organizado.

Los miembros de esta 'policía especial' son vecinos del municipio y están vinculados a la siembra del aguacate, ya que son los agricultores los que financian sus sueldos con una parte de sus ganancias. El pueblo está rodeado por veinte puestos de control para evitar visitas indeseadas y los productores trabajan armados y con guardaespaldas. Tancítaro es una isla blindada contra la violencia de los cárteles, un frágil oasis rodeado de muerte y extorsiones. No parece precisamente el paraíso, aunque es mucho mejor que lo que había antes.

Han sido cuatro años de tranquilidad, pero los agricultores saben que no pueden dejar de mirar por encima del hombro. En marzo de 2014, Nazario Moreno González encontró su segunda muerte, la de verdad, cuando trataba de escapar de la Policía. Un año después, a los Caballeros Templarios se les dio por desarticulados, si bien ya hay quien intenta ocupar su hueco.

El aguacate es un fruto demasiado jugoso para dejarlo escapar. Un grupo del poderoso cártel Jalisco Nueva Generación, los llamados H3 o Tercera Hermandad, trata de conquistar ahora el control del mercado. Lo curioso es que esta organización está formada por antiguos miembros de los grupos de autodefensa de Michoacán y de los viejos cárteles. A tradicionales enemigos el 'oro verde' les ha convertido en camaradas. Dentro de dos meses, cuando se celebre la Superbowl, se sentarán tranquilamente en un sofá para seguir el partido por televisión. Quizá en la pantalla vean a algún espectador untando un nacho en guacamole y se digan algo así como: «A ese aguacate lo maté yo».

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