Hacer 'turismo' para tirar la basura, el último truco en España para pagar menos impuestos

Hacer 'turismo' para tirar la basura, el último truco en España para pagar menos impuestos
Ignacio Pérez

Deshacerse de los residuos en el municipio vecino es la picaresca final para evitar el pago por los desechos

ANTONIO CORBILLÓN

El 'café para todos' no tiene futuro en la gestión de las basuras. Ni tampoco el aparentemente democrático concepto de 'un municipio, una tasa'. En España, el 44% de los impuestos por recogida de residuos en cualquier ayuntamiento son universales. «No tiene ningún sentido la tarifa plana, igual para todos. Y también deberíamos cambiar aquello de 'quien contamina, paga', por algo más eficaz: 'quien gestiona bien, tiene descuento'».

El diagnóstico de Ignasi Puig, coordinador del área de Gestión de Residuos de la consultora ambiental ENT, avanza en España, aunque a ritmo lento. Su empresa ha radiografiado la realidad en la gestión de basuras para conquistar un futuro en el que Europa nos exigirá el reciclado del 65% de residuos urbanos antes de 2035. La UE no dice cómo hacerlo. «Pero sin el pago por generación será imposible progresar», asegura la responsable de Estrategia de Ecoembes, Silvia Ayerbe.

Ecoembes ayudó a dar el paso de entender que debíamos separar la basura (primero cartones y vidrio, después orgánicos, pilas...). Ahora se trata de individualizar y afinar aún más. La Directiva Marco de Residuos de la UE establece que en 2020 se debe alcanzar un 50% de separación entre reciclaje y reutilización. Pero en España aún enviamos cinco millones de toneladas de elementos biodegradables a vertederos.

«El 'turismo de las basuras' es una reacción que no debería verse como algo divertido»

A principios de 2018, las escasas experiencias de pago por generación de bolsas (tanto tiras, así pagas) se circunscriben a cinco municipios catalanes y otros nueve o diez de Baleares. Entre todos apenas suman unos 50.000 habitantes. Son lugares en los que la propia estructura urbana hace más sencillo controlar los residuos de cada vecino. En cambio, está mucho más implantado en Europa. En Bélgica es general. En Francia llega a seis millones de personas. «Nuestra estructura urbanística tan vertical, con bloques de viviendas, lo hace mucho más difícil», insiste Silvia Ayerbe.

La recogida puerta a puerta está generando una «anecdótica» pero visible muestra de lo que nos cuesta entender que hay que pagar por la basura que generamos. En el mallorquín Binissalem (8.600 vecinos), pionero en el pago desde 2012, los vecinos reciclan ya el 79% de sus residuos, lo que ha permitido bajar la tasa de basuras en un 37%. Los resultados se ven ahora, pero tuvieron que aceptar durante unos años el recelo de los ayuntamientos vecinos o de otras localidades mayores, como Inca o la propia Palma, que soportaban el 'turismo de la basura'. «La gente cogía su bolsa y se la llevaba a otro pueblo para tirarla allí», admiten desde la concejalía de Medio Ambiente. Los municipios aledaños llegaron a «colocar vigilancia junto a sus carreteras». ¿La solución? Todas las poblaciones del entorno se han apuntado al pago por lo que se produce, que gestiona la mancomunidad de la comarca de Raiguer.

Quitárselos de encima

«El 'turismo de las basuras' también lo han sufrido otros países. En Suiza vigilan y multan. Es un rechazo reactivo, pero no deberíamos verlo como algo divertido», explica Ayerbe. «Es una práctica muy visible y fea, pero tiene la parte positiva de que obliga al resto a cambiar las estrategias», remata Ignasi Puig.

Barcelona acaba de contratar su puerta a puerta para 2019. Extremadura empieza a ensayarlo este 2018 en varios pueblos. San Sebastián, Tarrasa, Gijón y otras ciudades ya aplican tasas por aquellos residuos privados que no se reciclen. Les apoyan tecnologías como el uso de tarjetas para acceder al contenedor.

Los gestores españoles se decantan por la bonificación. El mejor residuo es el que no se genera. O, al menos, el que se gestiona de forma selectiva. Más de dos millones de vecinos viven en municipios en los que se empieza a impulsar la cultura de pagar según se comporten. «A medio plazo se recuperan los costes. Pero no lo lograremos sin paciencia y una buena comunicación que llegue a los vecinos», coinciden Puig y Ayerbe. El ejemplo de Europa demuestra que en países como Austria, Finlandia, Suecia o Irlanda funciona. La vecina Francia espera que casi la mitad de su población (30 millones) lo tenga antes de 2025.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos