Atletas en un huracán

Los espectadores observan una acrobacia en pareja en los Wind Games de Empuriabrava. / Joan Agramunt
Los espectadores observan una acrobacia en pareja en los Wind Games de Empuriabrava. / Joan Agramunt

El español César Rico acaba de ganar en los Wind Games de 'vuelo indoor', luchando con vientos de 270 km/h. Es un deporte muy joven que quiere ser olímpico

Lo probó por una mezcla de azar y curiosidad, y le cambió la vida. César Rico es de Benidorm, pero hace cuatro años tenía a su hermana trabajando en Empuriabrava (Gerona) y allí está uno de los cuatro túneles del viento que hay en España y el único fuera de Madrid. No resistió la tentación y se metió. Aquel cilindro le atrapó de tal forma que dejó la ciudad de los turistas para irse a aquella tranquila esquina de la Península. Quería consagrar su vida al 'vuelo indoor', un deporte que aún estaba en pañales y en el que hoy ya se puede considerar uno de los mejores especialistas del mundo, como demuestra su reciente victoria en los Wind Games.

Rico triunfó en la modalidad de Solo Speed, la de los voladores más rápidos del mundo. Los competidores se enfrentan a un circuito imaginario que les obliga a pasar por unas líneas moviéndose en las tres dimensiones mientras soplan vientos de hasta 270 km/h. El reto es ser el más veloz en completarlo y hacerlo con la máxima precisión, cometiendo el menor número posible de errores y omisiones, que puntúan en contra. «Es como ser un gimnasta dentro de un huracán», define este deportista de 25 años que sueña con que el Comité Olímpico Francés convenza al COI de incluirlo en los Juegos Olímpicos de París 2024, algo realmente improbable.

El deporte se practica dentro de un cilindro de 14 metros de alto y 4,27 (14 pies) de ancho. En la superficie inferior hay unos propulsores que lanzan hacia arriba el aire, permitiendo volar dentro del tubo y componer figuras en suspensión. Los competidores visten mono, zapatillas y casco. «Si el mono es más ajustado, necesitas más velocidad pero, a cambio, eres más preciso; si es más holgado, no tienes tanta precisión pero necesitas ser más reactivo».

No más de 45 minutos

Ahora vive en Empuriabrava y trabaja como monitor de vuelo en Windoor, la empresa propietaria del túnel del viento -también tiene uno en Madrid-, que ofrece vuelos para primerizos, con un par de caídas libres, unos dos minutos en total, por cincuenta euros. Rico les enseña a mantenerse en el aire, a moverse, a sentirse a gusto. Y también imparte su magisterio a especialistas en este deporte con ganas de mejorar y a paracaidistas que quieren aprender a ser más precisos y hábiles.

Se prepara como un deportista de élite y no le dedica muchas horas al túnel porque cada minuto ahí dentro es agotador. «Lo más duro son las semanas previas a las competiciones más importantes. Empezamos un mes y medio antes preparando las rutinas obligatorias e inventándonos las libres, pero no pasamos más de 45 minutos en el túnel porque eso ya es muchísimo, es todo muy intenso y acabas exhausto. Hacemos tres días a la semana y cuando ya queda poco, cinco y ocasionalmente hasta siete días a la semana. También hay que trabajar mentalmente y fuera del túnel. Es un deporte muy duro, la verdad».

En España aún son muy pocos. Apenas una decena de personas se dedican de manera más o menos profesional al vuelo indoor. Él ya está muy cerca de los mejores, como demuestra su triunfo en los Wind Games, aunque este año tendrá que contrastar su categoría en el Europeo, que se celebrará a finales de abril en Noruega, y el Mundial, en octubre en Baréin.

El camino hasta la cima ha sido duro. Él tiene mucho de autodidacta en un deporte con muy pocas licencias -prácticamente no existen entrenadores-y casi desconocido en España. Su compañero Dani Gallego, de l'Alt Ampurdà, lo ha tenido mejor con él como maestro, aunque el aprendizaje tiene su precio. «Dani se ha pegado golpes muy fuertes. ¡Si hasta tiene desviado el tabique nasal! Pero es lo que hay y lo aceptas. Si vas al límite, la frontera donde acabas golpeándote es muy fina». Al mismo tiempo que se fija como objetivo convertirse en el volador más rápido del mundo, se esfuerza en ir ganando adeptos para que llegue un día en el que el Consejo Superior de Deportes lo considere como tal y pueda recibir alguna ayuda.

César aconseja sumergirse en el túnel del viento aunque uno no tenga aspiraciones de convertirse en deportista de élite. Simplemente por disfrutar del placer de flotar y moverse en el aire sin ayuda de ningún artilugio. «Es más barato que el paracaidismo y, francamente, es lo más cercano que vas a estar de tener la sensación de volar», advierte este velocista del aire.

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