Antonio Martín: «Hay que tener aguante y eso solo te lo da la experiencia»

Antonio, de 53 años, listo para servir en el Café de Oriente. / R. c.
Antonio, de 53 años, listo para servir en el Café de Oriente. / R. c.

«Hacía falta un chaval en un restaurante y ahí me fui sin tener ni idea con 25 años». Así eran las cosas antes, y en algunos casos también ahora. Pero le gustó tanto que supo aprender hasta formar parte de la plantilla del exigente y emblemático Café de Oriente, en Madrid, donde lleva 15 años. Llegó cuando aquel gorrión, Benito le llamaban, acostumbraba a pasar buena parte del día en el local, un tierno reclamo desaparecido hace una década. Entre medio, un puñado de establecimientos donde fue adquiriendo oficio, aprendizaje complementado con cursillos proporcionados por su actual empresa: «Me han formado en inglés y tengo certificados en cursos de 4, 5 o 6 horas sobre servicio de sala, coctelería, vinos, café... Antes hacías un café con leche y no sabías ni sacar espuma y ahora puedes hacer con ella un dibujo. La profesión está hoy mucho mejor, el hostelero se preocupa de formar a su gente; antes ibas a los cafés y veías a algunos que habían entrado hacía 40 años de pinches y seguían en lo mismo». Aunque cree que no es posible exigir un carné de camarero, si es que algún día llega a crearse. «Piensa en Ibiza, donde los jóvenes van a trabajar en la temporada de verano. ¿Qué haces, si no tiene carné no le empleas? Aunque reconozco que cualquiera no vale; tratar con el público es muy complicado, has de tener aguante y eso te lo da la experiencia. Si con 20 años me pasa lo que ahora, que voy a una mesa y me hacen ir y venir seis veces por agua, sacarina, lo que sea, pues le hubiera dicho que se vaya a su pueblo. Pero he aprendido a ser templado».

Como cliente, ha visto «de todo». «Y eso que no soy súper exigente a pesar de trabajar en este local, que es un número uno. Me la tienen que hacer muy gorda para enfadarme. Cuando voy de vacaciones hay sitios de ponerse a llorar. El problema es si ponen a un tasquero a flambear, filetear o servir. Lo que más rabia da es que me tarden una hora en atender habiendo cinco o seis camareros». En su trabajo le exigen ser «superrápido», porque el nivel es «muy alto, pero me encanta tratar con la gente y que me digan 'hola, Antonio'. Se hacen muchas fotos conmigo, estoy en medio mundo». 1.600 euros mensuales recibe por su dedicación, más las propinas, repartidas por categorías. El recuerdo más bonito se lo proporcionó la actriz y cantante Ángela Molina: «Me dijo: '¡Tienes el nombre más bonito del mundo!'. ¡Por su padre, claro!».

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