18.750 años robados

18.750 años robados

Es el tiempo de vida hurtada a 2.169 estadounidenses encarcelados injustamente desde 1989 y que pudieron probar su inocencia. Se calcula que en las prisiones del país pueden quedar otros 110.000 en su misma situación

ISABEL IBÁÑEZ

Quiero comer algo casero -la rebanada de pan frito con café que su madre solía prepararle en un pasado remoto-. No puedo estar enojado. No hay suficiente tiempo para estar enojado». Esto es lo que dice una persona que acaba de dejar atrás 38 años en la cárcel. Suena fuerte aunque fuera culpable, 38 años de madurez, toda una vida, pero si encima se trata de un inocente... Ojalá fuera un caso aislado el de Malcolm Alexander, exonerado hace unos días gracias a la ONG Innocence Project, que celebra 25 años dedicados a demostrar con pruebas de ADN la inocencia de estos pobres condenados... Que salen de prisión sonriendo y mirando al cielo, aunque carguen con estrés postraumático el resto de sus días. «La mayoría dice que la ira se fue cuando estaban en la cárcel, porque, si no, eso mismo los hubiera matado», explica Justin Brooks, cara visible de esta organización de abogados que trabajan gratis para enmendar estos 'errores'.

Hay quien se dedica a contabilizarlos. En EE UU, existe el Registro Nacional de Exonerados, que desde 1989 lleva la cuenta de aquellas personas encarceladas injustamente que probaron su inocencia y salieron libres. Son 2.169, personas, una gran parte de raza negra, a los que el sistema ha robado en total 18.750 años de vida. No solo los pone en una lista, sino que aporta sus historias en detalle, con el objetivo de prevenir y dar pistas a los defensores de los desgraciados que siguen encerrados. Algunos estudios sospechan que existe entre un 4 y un 6% de encarcelados inocentes; si hay 2,2 millones de reclusos en EE UU, hablamos de 110.000 personas en esta horrenda situación. Tantos como la población de Jaén. Mucho trabajo por hacer. «No hay mejor sensación que sacar a un inocente de la cárcel y devolverle su vida», afirma el responsable de Innocence Project.

Así se pronuncian algunos de los 350 estadounidenses liberados gracias a esta ONG. «Fui al corredor de la muerte, podría haber sido ejecutado. No podemos deshacer la ejecución de alguien», dice Kirk Bloodsworth, ocho años en prisión, dos de ellos esperando su muerte por violar y matar a una niña de 9. Eso decían. «He estado en el infierno y regreso; sienta bien ser libre», afirma Andre Hatchett, excarcelado en 2016 después de 25 años entre rejas por asesinato. Por su parte, Ledura Watkins, el exonerado con el récord de estancia en prisión -41 años y tres meses durante los cuales estudió Derecho para ocuparse de su defensa-, dijo al salir que estaba deseoso de cenar con su familia en un restaurante chino: «Es surrealista... Increíble. Pero me siento genial. Esperaba que esto sucediera, pero no pensé que llevaría 41 años. No quiero tocar otro libro de leyes».

Michael Hanline se zampó ensimismado su primera hamburguesa en libertad en 36 años y el restaurante le obsequió con un año de comida gratis. «Se siente como si estuviera volando hacia el espacio. Se siente increíble. Se siente no real», decía en el viaje en coche hacia el local. La pidió con tocino: «Guau, ¿así sabe la carne?». Algunos estados del país contemplan compensaciones económicas de hasta un millón de euros, cantidad que reclama para sí Lawrence McKinney tras 31 años encerrado, al que en principio le han otorgado como pago por el error ¡75 dólares! (70 euros). Otros no reciben nada.

Pruebas destruidas

Malcolm Alexander es uno de los últimos beneficiados por Innocence Project y su cliente de mayor duración. Siempre mantuvo su inocencia. El 8 de noviembre de 1979, la propietaria de una tienda de antigüedades de Louisiana -que era blanca- fue agarrada por la espalda por un hombre negro que la llevó al baño y la violó desde atrás con un arma en la cabeza. En febrero de 1980, Alexander, que es negro, tuvo una cita consensuada con una mujer blanca que le pidió dinero y luego lo acusó de agresión sexual. Se demostró que era mentira, pero su foto fue utilizada por la Policía para mezclarla con otras que se mostraron a la anticuaria violada. Ella, que apenas había podido ver a su agresor, seleccionó sin mucho convencimiento, según los agentes, la imagen de Alexander, el único de aquellas fotos incluido en la ronda de reconocimiento. La víctima lo señaló.

Esto, unido a que su abogado no cumplió con su trabajo (fue inhabilitado tras ser denunciado por negligencia y abandono en docenas de casos), hizo que diera con sus huesos en la cárcel. «Alexander afrontó una sentencia de cadena perpetua sin libertad condicional y el defensor al que confió su vida no hizo casi nada para defenderle», explica Vanessa Potkin, su abogada de Innocence Project.

La ONG se encargó del caso de Alexander en 1996 solo para descubrir que el 'kit de violación' y una toalla manchada de semen habían sido destruidos cuatro años después de su condena. En 2013 encontraron tres cabellos púbicos recuperados del lugar donde ocurrió la violación que permanecían abandonados en un laboratorio, y el ADN evidenció que no eran de Alexander ni de la víctima. Aún tardó cinco años en salir.

Klara Stephens, del Registro Nacional de Exonerados, identifica seis factores que contribuyen a las condenas erróneas: «Confesiones falsas, identificación equivocada de testigos (que ocurre más a menudo entre víctimas y acusados de diferentes razas), evidencia forense falsa o engañosa, perjurio o acusación falsa, mala conducta oficial y defensa legal inadecuada. O una combinación de ellas».

Explica que el motivo por el que hay muchas más exoneraciones en su país que en Europa es porque allí los acusados suelen recibir sentencias «mucho más severas. Un condenado por violación en España probablemente será liberado en pocos años. Pero en EE UU recibirá una sentencia de 20 años y hasta cadena perpetua, lo que provoca la urgencia de liberarlos incluso décadas después». En España no hay datos sobre exonerados, pero, entre 2000 y 2010, el Ministerio de Justicia tramitó 201 expedientes de personas encarceladas siendo inocentes. En Barcelona se intentó montar una sede de Innocence Project que ha quedado aparcada.

Se han derramado muchas lágrimas en estas existencias truncadas, como las del deportista Brian Banks al saberse libre tras cinco años tratado como un violador. O las de los asistentes a una de las galas que organiza Innocence Project; no pudieron reprimirse al ver al maestro de escuela Dennis Fritz bailar con la madre de la mujer a la que supuestamente había asesinado y por la que le robaron 12 años de su vida.

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