Semana Santa Murcia 2018

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La lluvia oscurece el terciopelo de la Esperanza

La procesión del Domingo de Ramos, este domingo, por las calles de Murcia. /Alfonso Durán / AGM
La procesión del Domingo de Ramos, este domingo, por las calles de Murcia. / Alfonso Durán / AGM

Miles de murcianos se protegieron con paraguas para contemplar la procesión de la tarde del Domingo de Ramos

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Miles de murcianos se protegieron con paraguas para contemplar la procesión de la tarde del Domingo de Ramosmurcia. Un verde oscuro, oscuro de tristeza y decepción, tiñó anoche el terciopelo de las túnicas de la Cofradía de la Esperanza. Contra dos pronósticos la lluvia se sumó al cortejo que cada Domingo de Ramos arranca de la parroquia de San Pedro. El primero, el meteorológico, pues las previsiones de nubes traicioneras se situaban en apenas un 5% de probabilidad según la Agencia Estatal de Meteorología. Y el segundo, más hondo, la ilusión de miles de cofrades que confiaban en que su estación de penitencia, tras los avisos más inquietantes del Sábado Santo, les permitirían disfrutar de un desfile al que habían dedicado sus esfuerzos e ilusión durante todo el año.

A la Esperanza comenzó a lloverle, aunque de forma un tanto tímida, en cuanto el cortejo avanzaba hacia la ciudad. Los nazarenos agilizaron su paso mientras los estantes tapaban con plásticos las sagradas tallas. En algunos puntos, como sucedió con el paso de San Juan en Belluga, fueron cubiertos cuando la lluvia arreció pero, apenas una parada más adelante, los volvían a destapar. Hasta en tres y cuatro ocasiones se repitió la operación a lo largo de la carrera. «La incertidumbre de qué pasaría ha sido lo peor», lamentaba un estante del paso de San Pedro.

Apenas había salido el titular de la cofradía, el Santísimo Cristo de la Esperanza, fue necesario taparlo también antes de alcanzar siquiera la céntrica plaza de Belluga. A la obligación de proteger las tallas se sumaba la de evitar que el agua empapara las tarimas de plata corlada. «El pan de oro, si recala, se levanta», señalaba uno de los mayordomos. Por ello, en cuanto alcanzaban la parroquia se procedía a secarlos para evitar cualquier deterioro.

El primero de los tronos alcanzó la iglesia con más de media hora de adelanto sobre su horario tradicional. Así que, en torno a las nueve y media, el trono llamado Dejad que los niños se acerquen a mí cruzaba el dintel de la estrecha puerta de San Pedro. Entretanto, este año no se había colocado la rampa de salida, por lo que fue necesario que los estantes subieran los tres escalones que separan la iglesia del asfalto. Escalones empapados como las esparteñas de los nazarenos que, de forma magistral, lograron poner a salvo cada una de las valiosas imágenes que componen el cortejo de la Esperanza.

La lluvia obligó, por otro lado, a ordenar que todos los estandartes de la institución, aquellos que anuncian la llegada de las diferentes hermandades, rompieran el desfile para dirigirse a toda prisa a la parroquia y evitar que el agua deteriorara los bordados y afectara al terciopelo en el que fueron realizados. Al verlos llegar al templo, algunos espectadores creyeron que la procesión se había suspendido, aunque no fue necesario adoptar esa decisión. En cualquier caso, la predicción adelantaba que la lluvia arreciaría a medida que avanzara la noche. Así que solo se realizaron las paradas necesarias para reponer fuerzas y seguir camino de San Pedro.

Todos los penitentes, pese al mal tiempo, aguantaron en sus filas hasta culminar la estación de penitencia. Y lo mismo hicieron los numerosos mayordomos que rigen el desfile, así como los estantes, quienes tuvieron que poner toda su atención para caminar sobre el suelo mojado. «Al peso de las tarimas se suma lo resbaladizo del piso», advertía uno de ellos, aunque señalaba de inmediato que, «por desgracia, los nazarenos murcianos tenemos experiencia de cómo se procesiona bajo la lluvia».

El público no abandonó a la cofradía durante su procesión. Provistos de paraguas en muchos casos, acompañaron a los hermanos de la Esperanza en un desfile que, tradicionalmente, abarrota de murcianos las calles y plazas de la ciudad. Además, un gran número de personas se dirigió hacia la parroquia, donde contemplaron la entrada de todos los tronos mientras las bandas, apenas alcanzaban la iglesia, se disolvían camino de sus lugares de procedencia.

Al agua de la lluvia se sumaron en muchos casos las lágrimas de los cofrades verdes. Las procesiones murcianas, imaginadas para lucir en las noches claras de la incipiente primavera, se deslucen apenas caen cuatro gotas. Y eso sucedió anoche. «Es triste aguardar todo el año para vestir la túnica y que, en un momento, tengamos que apresurarnos porque llueva», lamentaba José Martín, uno de los nazarenos de la Esperanza. Al menos, lograron completar la estación de penitencia y no fue necesario resguardar los pasos en otras parroquias o retroceder hasta su sede canónica.

Los dispositivos de seguridad marcados por la organización del desfile funcionaron a la perfección, sobre todo a la llegada de los tronos a San Pedro, lo que permitió que entraran sin demorarse. En la primera capilla de la derecha, según se entra, aguardaban los estandartes de las hermandades que, en principio, no se vieron muy afectados por la lluvia. «¡No ha sido una tormenta fuerte, a Dios gracias!», exclamaba uno de los penitentes.

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