Semana Santa Lorca 2018

Semana Santa Lorca 2018

Austeridad en la bajada del Crucificado

Los Hermanos del Socorro portan a hombros la talla del Cristo de la Misericordia junto a las capillas del Calvario y con el castillo de la ciudad al fondo, anoche./Jaime Insa / AGM
Los Hermanos del Socorro portan a hombros la talla del Cristo de la Misericordia junto a las capillas del Calvario y con el castillo de la ciudad al fondo, anoche. / Jaime Insa / AGM

Los Hermanos del Socorro trasladaron anoche la imagen del Cristo de la Misericordia desde su ermita del Calvario hasta la iglesia del Carmen. Mecida al son del canto del coro de la Pasión y las saetas, la talla fue alumbrada durante su recorrido solo por velas y hachones

PILAR WALS y I. R.Lorca

Las puertas de la ermita central del Calvario se abrieron anoche para la conmovedora salida del Señor del Calvario, como les gusta llamar al Santísimo Cristo de la Misericordia en el Paso Morado. Los Hermanos del Socorro fueron los encargados de realizar la bajada penitencial que cada año congrega en las inmediaciones del monte Calvario a cientos de personas. A las once en punto de la noche ,33 miembros de la Hermandad, ataviados con sencillas túnicas granates, el rostro cubierto con una capucha del mismo color y cíngulo de cuerda rodeando la cintura, comenzaron el austero recorrido hasta la iglesia del Carmen. «Al abrirse las puertas del Calvario se abren nuestros corazones», dijo emocionado el presidente de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón, Fulgencio Martínez Pelegrín.

Al franquear la puerta el Cristo Crucificado, el respetuoso silencio de los que aguardaban su salida se rompió por el 'Canto de la Pasión', interpretado por un coro de 22 voces graves, una tradición musical de la Semana Santa desaparecida a mediados del siglo XIX recientemente recuperada. El sentido canto también se dejó escuchar frente al Santo Sepulcro, en la calle Alonso de Vargas y en la puerta de la iglesia del Carmen, al finalizar el recorrido. El director de orquesta, Antonio Manzanera, es el autor de la partitura inspirada en el rezo del Vía Crucis con letra adaptada de los textos de fray José Rafael Muñoz.

33
Hermanos del Socorro llevaron sobre sus hombros al Santísimo Cristo de la Misericordia.
22
voces graves interpretaron el 'Canto de Pasión', una tradición musical del siglo XV.
1944
es el año en que la imaginera Isabel Biscarret Cuyat esculpió la talla del Crucificado.

Otro de los alicientes del trayecto fueron las conmovedoras saetas que imprimieron mayor dramatismo a la escena, salidas de las voces de los cantaores lorquinos Antonio Coronel y Manu Pelegrín. Durante el itinerario, la figura del Crucificado, esculpida por la imaginera Isabel Biscarret Cuyat en 1944 y restaurada por Joaquín Bastida Gil, iba escoltada por sesenta cofrades del Paso Morado ataviados con la misma vestimenta, el hábito franciscano. Eran los encargados de alumbrar el camino portando velas y hachones de luz. «En este acto religioso no hay oro ni sedas, es austero, penitencial y pasional», remarcó el presidente de los morados. Se desarrolla con una tenue luz que invita al recogimiento, el silencio y la oración.

Formaron parte de la procesión decenas de penitentes descalzos en señal de promesa

Acompañaron a los nazarenos un numeroso grupo de penitentes, muchos de ellos descalzos. Cada año se van sumando más devotos, atraídos por esta sencilla procesión, con la intención de cumplir alguna promesa. Y como acompañamiento musical, sonaron las cornetas y los tambores de la banda del Paso Morado. «Somos la cofradía viacrucista más antigua que procesiona actualmente en el mundo, nos sentimos muy del Calvario, lo custodiamos durante todo el año», aseguró orgulloso Martínez Pelegrín.

Serenata al Nazareno

En la medianoche, el Cristo de la Misericordia entró en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen. A las puertas del templo aguardaban cientos de personas para presenciar también la serenata de Nuestro Señor Jesús Nazareno, titular de la cofradía, una tradición muy arraigada en el Paso Morado. La figura de Jesús, con la cruz a cuestas tallada por Roque López en 1787, se situó en la puerta central en su trono y entre vivas y aplausos dio comienzo el tradicional recital de saetas. En esta ocasión estuvieron interpretadas por los cantaores lorquinos Antonio Coronel, Manu Pelegrín, Ginés 'El Púo' y Marisol Padilla.

Los sentidos cantos a la talla de facciones alargadas y expresividad contenida, conmovieron a los presentes, contagiados por el sufrimiento que manifiesta su rostro.

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