Semana Santa Cartagena 2018

Semana Santa Cartagena 2018

En la trastienda de los morados

Un grupo de marrajos, ayer preparando la procesión del Encuentro en Santa María de Gracia. /P. S. / AGM
Un grupo de marrajos, ayer preparando la procesión del Encuentro en Santa María de Gracia. / P. S. / AGM

El equipo de vestuario, capilla y tronos cuida, en el interior de la iglesia, de que la procesión salga con precisión y detalle

MALOLES CONESACartagena

Cada noche del Viernes Santo es, para Aurora Ortiz, uno de los momentos más especiales de todo el año. Cuando la procesión ya marcha por completo por las calles de Cartagena, se cierran las puertas de Santa María y apenas quedan unos pocos en su interior. Es ahí cuando la joven se coloca en el centro de la iglesia y sonríe satisfecha.

Su hermano Diego, quien hasta minutos antes estaba limpiando sudarios y colocando banderines, también disfruta de ese momento. Llevan prácticamente toda la Semana Santa dedicados en cuerpo y alma a preparar las procesiones marrajas, como también hacía su padre, quien, como el propio muchacho relata orgulloso, estuvo en la Comisión de Iglesia de la Cofradía desde que se fundó en 1981. Es el equipo que cuida con mimo hasta el más mínimo detalle y que se divide, a su vez, en Vestuario, Capilla y Tronos.

Unas cuarenta personas integran ahora este colectivo, y se relevan los unos a los otros cuando les toca salir en procesión. La sede marraja es el segundo hogar en estas fechas para esta «gran familia», como la define José Luis Juan, comisario de Iglesia, mientras mira con complicidad a los suyos. Él se encarga de echar el último vistazo a las imágenes, de su traslado, su salida y entrada, y de, en definitiva, «darle el último apretón de tuerca a cada trono, hasta la corona de la Virgen».

Casi medio siglo lleva José Luis saliendo en el tercio del San Juan, y desde hace cinco años, es también el responsable de controlar el tiempo en la iglesia: «Los guiones son los que marcan el ritmo ya en la calle y yo, de rampa para dentro, soy el que se encarga de cuándo sale uno u otro, de si ahora van nazarenos o granaderos...».

Otro de los retos es sacar y meter las imágenes por la puerta de Santa María. Por ejemplo, tan solo quedan dos centímetros de margen entre el trono de la Virgen de la Piedad y la entrada principal, por la que sale. De esa labor, la de velar por las tallas en el cortejo, también se encarga Eva Hernández, primera mujer que comenzó a formar parte de la Comisión de Tronos. De eso hace ya dos años, aunque, como todos en este equipo, lleva desde su niñez saliendo en la Semana Santa.

De padres a hijos

Desde los 12 años forma parte María Carrillo de este grupo. «Comencé colaborando en la elaboración de los plásticos que servirían para proteger de la lluvia los tronos y los sudarios, entre otras cosas. Y recuerdo que ese año el tiempo no nos dio tregua», rememora la joven. Todo queda en familia, ya que sus otras dos hermanas y su cuñado también forman parte de este singular equipo. Una de ellas, Marga, se encarga principalmente del vestuario: «Tenemos poco más de dos minutos y medio para comprobar el tercio, arreglar sus capas, los fajines, el capuz, que no sobresalga ningún hilillo y, en resumen, que todo esté impecable». Y en la entrada al templo, toca recoger todo lo que lleve el penitente.

Dejar los tronos relucientes es una de las tareas asumidas por Germán Parrado, a quien es fácil ver estos días corriendo de un lado a otro con el plumero en la mano. Tampoco él tiene mucho margen. Nada más colocar la última flor, es el turno del cartagenero, quien también se ocupan de colocar el incienso. Aunque reconoce que «lo peor (y más triste) de mi trabajo es cuando toca tapar las imágenes porque está lloviendo y no puede salir la procesión. La gente empieza a quejarse y se enfurece. Pero no se puede hacer nada. Es uno de los peores momentos que vivimos».

El padre de Germán, como el de muchos de los que hoy forman parte de la comisión, también realizó estas tareas en sus primeros años.

Un orgullo íntimo

Aurora y Diego, con la misma ilusión que sus predecesores, continúan trabajando en esa trastienda de los desfiles pasionales, la que no se ve pero que sin la cual el público no podría disfrutar en la calle.

«No concibo la Semana Santa de Cartagena sin estar aquí, en el interior del templo. De hecho, nunca he visto la procesión del Viernes Santo fuera de la iglesia. Y que así sea siempre. Quiero seguir formando parte de esta tradición para continuar mejorando desde dentro», confiesa Aurora, quien disfruta del silencio que por un instante invade Santa María a la espera de que vuelva a entrar la procesión. Con ella, vuelve el bullicio y esa embriagadora sensación de querer repetir al año siguiente. Y al otro.

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