Semana Santa Cartagena 2018

Semana Santa Cartagena 2018

El pregonero reivindica un museo de Semana Santa «moderno» y «sin cuotas de cofradías»

El pregonero de la Semana Santa, Ángel Julio Huertas, durante su intervención/Antonio Gil
El pregonero de la Semana Santa, Ángel Julio Huertas, durante su intervención / Antonio Gil

Ángel Julio Huertas realiza un recorrido nostálgico por las procesiones, pone en valor su historia y trata de hallar su esencia

GREGORIO MÁRMOLCartagena

Una exaltación redonda, bordada sobre recuerdos, nostalgia, historia, realidad y alguna que otra reivindicación. Un elogio del procesionismo familiar y una declaración de amor filial a la Virgen del Primer Dolor. No se podía esperar otra cosa distinta en el pregón de Semana Santa que anoche pronunció el mayordomo californio Ángel Julio Huertas Amorós en un Auditorio El Batel, que se estrenó como escenario de tal acontecimiento después de que el año pasado se quedara pequeño el lugar elegido para celebrar el acto:el paraninfo de la Universidad Politécnica. El cambio fue acertado porque la platea estaba al completo de invitados.

Huertas compareció tras la bienvenida de la alcaldesa, Ana Belén Castejón, y la oportuna presentación del orador por parte del presidente de la Junta de Cofradías y hermano mayor del Cristo del Socorro, Manuel Martínez Guillén. Del pregonero recordó que es médico alergólogo de profesión en el complejo hospitalario de Cartagena, aunque su pasión por el arte en general y por el sacro en particular le llevó a licenciarse también en Historia del Arte. De esa parcela es el máximo responsable dentro de la directiva california que tiene a Juan Carlos de la Cerra como hermano mayor. Pertenece a las agrupaciones de la Virgen y de la Flagelación, de cuya junta directiva también es miembro.

Fotografías y vídeos de distintos momentos de procesiones contribuyeron a realzar la proclamación que durante una hora exacta realizó Huertas, que arrancó su intervención evocando recuerdos de niñez, de sus primeros Miércoles Santo como inocente espectador del misterio del Prendimiento;de por qué en Cartagena se es marrajo o californio, habiendo también del Socorro y resucitados; de la costumbre de buscar en los periódicos y en escaparates de la ciudad durante estas fechas las novedades que preparan las cofradías; y de la forma de vivir la Cuaresma, «momento adecuado para comenzar a adentrarnos en los intríngulis de la Semana Santa. Así, sin darnos cuenta, íbamos aprendiendo nuestra historia, la verdadera historia de nuestras procesiones», destacó.

Cofrades y procesionistas

Sin tradición cofrade en su casa, entendiendo cofrade como hermano activo de una cofradía –que procesionista es otra cosa, aclaró echando mano de la historia que bien conoce–, Amorós recordó cómo de niño le costó decantarse entre ‘calis’ y ‘marras’. «A mí nadie me impuso al nacer los colores de su cofradía ni de su agrupación», dijo quien se declaró con orgullo cofrade por «auténtica vocación». Contó cómo casi de manera inesperada un Miércoles Santo descubrió al Primer Dolor en Santa María de Gracia y, a los pocos minutos, era parte de la procesión. «Llevo los colores del Miércoles Santo prendidos en el alma;creo que siempre fui capaz de recitarlos de corrido», reconoció con emoción.

El pregonero repasó algunas procesiones de su infancia, compartió recuerdos familiares y reconoció la sensación de vacío que le queda al procesionista cuando la Virgen del Amor Hermoso ha cerrado la puerta de Santa María. En las «quimeras» e «ilusiones renovadas» de cada Domingo de Resurrección identificó el sosten de la llama cofrade hasta el próximo Miércoles Santo. Por cierto, que lamentó la demasiada «institucionalización» de los actos en torno a la Llamada, antes de repasar algunos momentos clave de la Semana Santa cartagenera y de recordar las principales celebraciones de este año, como el 75 aniversario de la Cofradía del Resucitado.

Como apasionado del arte y de la historia, cuestionó que el estudio de las cofradías se haya abordado de manera adecuada, puesto que suele hacerse desde el prisma de las agrupaciones, mucho más modernas. «Además –añadió–, el sujeto de análisis y estudio debería ser la procesión, porque a través de su evolución es como mejor podríamos conocer la religisodiad, los gustos o la sociedad de una época».

En su recorrido por cuestiones históricas, Huertas lamentó que no cuajara el proyecto para crear un museo de Semana Santa, cuya recuperación reivindicó. «Un museo sería el mejor homenaje a todos los que nos precediron y sería además una inversión de futuro para salvaguardar nuestro patrimonio». Solo perdura aquello que se valora, advirtió, y «no tengo muy claro que seamos conscientes del valor artístico e histórico» de muchos de los objetos que salen en procesión. Y a todo ello añadió que su idea de museo es la de un espacio expositivo, pero también de estudio y divulgación, apoyado en las nuevas tecnologías. Para conseguirlo pidió generosidad a todos, «olvidándonos de esas cuotas que tenemos establecidas entre cofradías y que pienso que no son buenas para nada. Ni siquiera para decidir cada año cual debe ser el motivo del cartel».

El pregón concluyó con un acercamiento a la esencia de las procesiones, aunque Huertas sigue sin encontrar el atributo que mejor las define. «Quizás el alma de nuestras procesiones esté contenida dentro de nosotros mismos, y no sea, posiblemente, más que esa capacidad de soñar y evocar a través de ellas que tenemos los procesionistas».

Sus palabras fueron correspondidas con una prolongada ovación y numerosas felicitaciones de amigos, cofrades, procesionitas e invitados. Al acto asistió el obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, y una amplia representación política. La consejera Noelia Arroyo representó al Gobierno regional y Domingo Segado, a la Asamblea, de la que es vicepresidente segundo.

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