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La de Papá Noel es una de las más famosas del mundo.
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Todo sobre tu barba

  • dermatología

  • Están más de moda que nunca, pero nunca dejaron de tener fama de antihigiénicas y fuente de problemas. La realidad científica desmiente esto y la define como un protector natural de la piel y, con ciertos cuidados, una aliada de la salud dermatológica del hombre

El uso de la barba se ha extendido entre los varones de un tiempo a esta parte y, si antes eran unos pocos modernos los que se atrevían a dejársela crecer, cada vez son más los chicos que apuestan por lucirla. Y no nos estamos refiriendo ni a las perillas ni a esas medias barbas de unos pocos días. Hablamos de barbas tupidas, frondosas y a veces bastante largas. Como suele ocurrir con casi todo lo que se pone de moda, no han faltado voces que recelan de esta tendencia, alegando que la barba es un foco de enfermedades, que es perjudicial para la piel de la cara y que favorece la falta de higiene.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. «El vello corporal es una barrera protectora natural. Se encarga de amortiguar golpes, empapar el sudor, rechazar la radiación solar… En realidad, la mayoría de las patologías relacionadas con el pelo se deben a su eliminación agresiva o a la que se realiza con procedimientos incorrectos y no por dejarlo crecer en el lugar donde normalmente está; en el caso de la barba es lo mismo», explica el dermatólogo Ramón Grimalt, coordinador del Grupo de Tricología de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). En este sentido, los expertos explican que dejarse barba sirve para ocultar cicatrices o un acné rebelde que puede complicarse con el rasurado. Incluso puede contribuir a mitigar uno de los problemas más molestos y dolorosos derivados del afeitado masculino: la pseudofoliculitis.

Aliada contra trastornos

Este trastorno se da con bastante frecuencia en los hombres con barbas densas de pelo grueso y rizado que se pasan la maquinilla de afeitar en dirección contraria a la del crecimiento del vello para conseguir un resultado más apurado. Efectivamente, en un primer momento la piel queda más suave y lisa. Sin embargo, cuando el pelo crece lo hace siguiendo su curvatura natural, clavándose de nuevo en la epidermis y enquistándose.

Esto hace que el folículo se inflame e, incluso, llegue a infectarse. «Normalmente la situación se resuelve por sí misma en pocos días sin más complicaciones, pero hay casos severos que dejan bastantes cicatrices. Otros requieren la aplicación de productos antisépticos y hasta de antibióticos», explica Josefina Royo, subdirectora del Instituto Médico Láser de Madrid, un centro acostumbrado a tratar estos casos extremos de foliculitis con depilación láser, igual que se hace en la zona inguinal, axilar o genital.

Esta especialista cuenta que muchos varones acuden a su consulta para eliminar el pelo de la banda inferior de la barba, más proclive a sufrir pseudofoliculitis, ya que coincide con la zona de roce y presión del cuello de las camisas y las corbatas. «No se trata de un problema grave, pero sí es antiestético, molesto y a veces muy doloroso», apostilla Royo quien destaca que la barba ha irrumpido con fuerza en el mundo de la dermocosmética.

Según parece, la demanda de la erradicación de la banda inferior de la misma ha crecido no solamente para evitar la foliculitis a golpe de láser. Esta práctica además sirve para perfilar de manera precisa la línea del barbudo presentable. En la parte superior del rostro se lleva a cabo con cada vez más frecuencia este proceso.

«Hay varones a los que la barba les nace muy cerca de los ojos y eso les da un aspecto demasiado rudo; de manera que si quieren llevarla más cuidada optan por someterse a una limpieza del arco cigomático para que el vello no les coma la cara», apunta Royo, que recuerda que en algunas culturas (árabes e hindúes, por ejemplo) la barba está aún muy arraigada entre los hombres; tanto, que se llevan a cabo implantes de pelo para poblar las calvas de las barbas no crecen de manera homogénea o no son suficientemente tupidas.

«Se toman folículos de la zona genital u occipital (la nuca) y se implantan en la cara. Es un proceso similar al que se lleva a cabo con los injertos que se hacen en la cabeza», resume la experta.

No obstante, cuando se trata de barba, no todo son comodidades y ventajas. También existen algunos inconvenientes que, si bien no suelen revestir gravedad, hay que tener en cuenta.

«La barba nos puede dificultar la inspección de la piel subyacente a la hora de evaluar lunares sospechosos o lesiones cutáneas de otra índole. Además, en algunas dermatosis comunes, como la dermatitis seborreica, la barba puede aumentar la frecuencia de los brotes», señala Vicent Alonso, dermatólogo del Hospital Nisa 9 de Octubre de Valencia. En este punto, coincide con Ramón Grimalt quien subraya: «los pacientes con eccema recurrente o psoriasis, por ejemplo, en realidad no ven agravada su condición, pero sí es cierto que la barba hace más difícil tanto la aplicación como la penetración del tratamiento que se le haya recomendado, tanto si se trata de productos tópicos como de radiación UVA».

Para asegurar la eficacia de las terapias prescritas por el dermatólogo es conveniente afeitar la zona según sus indicaciones: «Lo justo para permitirnos esa labor de vigilancia periódica y la aplicación eficaz de los productos», matiza Alonso.

Por lo demás, lo único que se debe observar es una serie de medidas higiénicas muy similares a las que rigen para el cuidado del pelo de la cabeza teniendo en cuenta que, en este sentido, la zona de la barba es más susceptible de ensuciarse por gestos tan habituales como el comer.

De hecho, ya existen champús, acondicionadores y fijadores para esta zona capilar. Así, ser un barbudo saludable, limpio y moderno es posible.